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Viernes, 23 de marzo de 2012

Las olvidadas de la democracia

 Por Jorgelina Belardo *

Eramos amigas, independientemente del activismo, muy amigas. Fuimos víctimas de la violencia judicial las dos; el haber estado detenidas juntas nos representó cosas muy profundas, muy valiosas. Teníamos diferencias ideológicas, pero su ética y su fuerza eran increíbles. Pía pasó por cosas inenarrables, que las dos pensábamos que no tenían vuelta atrás. Sin embargo, ella sobrevivió.

Estuve detenida en la Unidad 2 de Villa Devoto entre 2002 y fines de 2004, ella siguió allí un poco más de tiempo. Nosotras nos conocíamos de antes, pero ahí nos unimos, nos elegimos. Yo fui la primera que ingresó al CUD y la que movilizó a mis compañeras a intentar estudiar. Estuvimos presas por drogas, pero, ¡oh casualidad!, las dos salimos absueltas. En mi caso particular cayeron 16 personas conmigo, pero la única que quedó presa fui yo. El caso de Pía fue muy similar. Si hubiésemos sido dos personas que cumplieran con los roles heteronormativos, habríamos salido en libertad como el resto, eso lo tenemos y lo tuvimos siempre muy claro. Hablábamos de esto todos los días y sabíamos que esa situación tenía que ver con ser portadoras de una imagen que no corresponde con lo esperado, que te señala como culpable. Esto sigue pasando hoy en este país, eso es importante decirlo y por eso luchaba Pía. Nosotras seguimos siendo las olvidadas de la democracia, y ella se fue sin poder tener una placa con su nombre, lo cual es sumamente doloroso para ella y para todxs lxs que la quisimos.

Cuando salí de la cárcel me tomé mi tiempo para estar bien, para reencontrarme con mi familia, con mis afectos. Hace dos años yo estaba en una situación calamitosa y Pía tal vez estaba pasando por su mejor momento. Fue cuando me convocó para una actividad concreta y gracias a ella hoy tengo un trabajo en el Inadi, fue Pía la que me impulsó, la que me arengó para que termine la facultad, independientemente de un Estado que también abrió las puertas.

Voy a extrañar a mi amiga. Voy a extrañar sus locuras. Dos recuerdos sobre ella muy diversos: cuando estuvimos detenidas cada una tenía un novio (hoy él es mi pareja). Para poder tener intimidad tenías que armar una carpa con colchas y frazadas, ellos se trepaban y saltaban la reja, era el único espacio para estar juntos. Pía se quedaba horas metida ahí adentro, ¡no la podíamos sacar! Eso nos hacía reír siempre. Y cuando sufrió una infección en las mamas se repuso de una manera impresionante, yo no hubiese podido tolerar un golpe así: fue admirable cómo se recuperó de todos sus problemas de salud, que tuvo muchos y algunos muy graves, por eso me parece tan loco pensar que no esté más. Se repuso siempre con una convicción contundente.

A Pía no le importaba nada. Pero realmente no le importaba nada. Y eso no es muy común.

* Asesora jurídica del Inadi.

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