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Viernes, 11 de julio de 2014

Muchachos muy aplicados

“Si los solos se juntaran, la soledad queda sola”, dice la profeta bagualera Susy Shock. Pero, ¿funcionan para todos estas aplicaciones?

Es vox populi: si lo que estás buscando es un chat, las apps son un embole. Para coger hay que ser directo, casi no decir hola. Preguntar “qué buscás” es aburrido. Y lo mejor es prender la app sólo cuando estás disponible y con verdaderas ganas de lo furtivo. El que la tiene todo el día prendida es dudoso: ¿tanto tiempo tiene para coger? Ahí empiezan las vueltas y el histeriqueo.

Soy activa la aplicación Grindr al lado del Obelisco. Cuarenta fotos de torsos a menos de 100 metros que dicen lo que quieren y también reclaman. “Sin foto no contesto”, “Nada de vueltas Act x Pas”, “Sólo masculinos”.

Los primeros días de uso es una tentación constante. ¿Cuántos gays habrá alrededor? Cada lugar nuevo es un deslizar la pantalla para actualizar el geolocalizador. ¿Dónde estaban todos estos hombres antes de la aplicación?

Scruff es muy parecida al Grindr, salvo algunos beneficios tecnológicos para los geeks. Es más rápida. Cuando elegís a alguien, le mandás un “woof” (como hacen los perros en inglés) y sigue empezar la conversación. Growlr es una app dedicada a osos y cazadores. Y Mister apunta a la tercera edad. Bender y PlanetaRomeo no son muy usadas en la Argentina, pero ya se mueven en otros países.

WeChat también tiene una esencia parecida, pero mixta en sexos. Y Tinder, para los que tienen paciencia, es un dar de corazones entre los amigos de amigos de Facebook hasta la coincidencia.

La red social Manhunt tiene su plataforma para celulares y es como un Facebook de chicos que buscan chicos. También hay apps lésbicas: Brenda, Qrushr, Gayvox, LesbianPersonals y Private Lesbians.

Muchas veces las caras se repiten: el que tiene una aplicación, quiere tenerlas todas. Y es un fenómeno de época mundial. En la película londinense In their Room, presentada en el Festival Aster*sco, historias de consumidores de apps se funden con sus relatos de vida. Pasa en las películas, pasa en la vida: algunos se sienten vacíos, otros disfrutan y otros que viven lejos de los circuitos gay aprovechan al máximo esta nueva forma de unir cuerpos. Porque si nos organizamos, cogemos todxs.

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