UNIVERSIDAD

“Hay que cambiar el paradigma personalista que rige en la UBA”

Decano de Derecho y candidato a rector, Atilio Alterini propone gobernar la universidad con un acuerdo político amplio.

 Por Javier Lorca

Atilio Alterini, una de las voces más críticas para con la actual conducción de la Universidad de Buenos Aires, propone construir “un paradigma de gestión” para abandonar el “síganme que no los voy a defraudar”, un modelo personalista que –dice en esta entrevista con Página/12– gobierna “la UBA desde la restauración de la democracia”: “A esta universidad hay que gobernarla entre todos, dejando de lado las contradicciones que traemos desde el ’55”. Después de ser reelegido como decano de la Facultad de Derecho, tras la reciente aparición de su libro La universidad pública en un proyecto de Nación, este reconocido civilista compite en la carrera por el rectorado de la UBA, apoyado en parte del bloque radical y aliados (ver aparte).

–¿Se va a postular como rector?

–Antes de hablar de candidaturas, hay que hablar de proyectos y equipos. Si las circunstancias hacen que pueda ser candidato, estoy dispuesto. Pero lo fundamental es que hay que cambiar el paradigma personalista que rige en la UBA desde la restauración de la democracia. Necesitamos un paradigma de gestión, abandonar el “síganme que no los voy a defraudar”, que tanto daño ha hecho. A esta universidad hay que gobernarla entre todos, dejando de lado las contradicciones que traemos desde el ’55. Sostener lo partidario en la universidad es un mamarracho, hay que expulsar los prejuicios ideológicos y sumar a los que tengan las mejores ideas. La UBA es uno de los pocos referentes fuertes que le quedan a la sociedad, porque la universidad pública todavía sostiene la esperanza, la posibilidad de perfeccionarse y ascender socialmente.

–¿Cuáles son las prioridades de su proyecto?

–Afirmar la tarea de docencia y de investigación, roles centrales de la universidad, y afirmar la especificidad de la universidad pública: su compromiso con la sociedad, articular a la universidad con un proyecto de país. A veces se confunde autonomía con soberanía y no es así. Por ejemplo, si entre las prioridades del país está la necesidad de más ingenieros, debemos fomentar esas carreras con becas. Esa es una tarea de gobierno que está faltando en la UBA.

–¿Qué propuestas tiene para la docencia?

–Hay que afianzar el sistema de acceso por concurso, que asegura la excelencia y el control. La prioridad es incrementar las dedicaciones docentes. Además, los salarios deben recuperar los niveles históricos: en algún momento, los salarios docentes de Argentina sólo eran superados en Estados Unidos. En ese sentido, la Ley de Financiamiento Educativo es un buen ensayo. También hay que buscar una solución para los docentes interinos: transgrede todas las normas que haya docentes sin remuneración.

–¿Hay que reformar las carreras, los planes de estudios?

–Depende de las facultades. Sí, debiéramos estar muy atentos a los cambios culturales, sociales, tecnológicos que se están produciendo, y dar respuestas teniendo en cuenta que la universidad no es un enseñadero, sino también un espacio de capacitación laboral, aunque tampoco hay que someterse acríticamente a los dictámenes del mercado.

–¿El Ciclo Básico Común necesita cambios?

–Prefiero no hablar del CBC, sino del ingreso como concepto, ese duro tránsito entre la enseñanza media y la universitaria, un paso que incrementa exigencias y responsabilidades. Hay que discutir algún mecanismo de tránsito que incluya una fuerte presencia de la orientación vocacional, porque es muy dañoso para un alumno desertar por cuestiones vocacionales. Habrá que decidir si el CBC tiene que ser un college, al estilo norteamericano, o el primer año de las carreras. Pero esto no puede decidirlo un grupo de consejeros, tiene que debatirlo en profundidad toda la comunidad universitaria. Lo fundamental es contener y ayudar a los alumnos, porque libre acceso debe significar dar a todos la posibilidad de llegar al egreso. El discurso que se limita a decir que los chicos vienen mal formados y luego los abandona a su suerte es intolerable.

–¿Cómo analiza la situación presupuestaria de la UBA?

–Tenemos que pedir los fondos que precisa la universidad, pero en las circunstancias reales. No podemos pedir un presupuesto para la universidad ideal en un país con grandes necesidades. No podemos pedir más dinero sólo porque somos la UBA. Debemos ofrecer prestaciones que interesen al país, no sólo continuar con la enseñanza y la investigación de excelencia. Si vamos al Congreso y al Gobierno con proyectos concretos de acción, estoy seguro de que vamos a lograr una sensible mejora. Y después tendremos que gastar bien, bajo una permanente auditoría, porque debemos rendirle cuentas a toda la sociedad. Para ordenar y transparentar el gasto, voy a proponer el financiamiento por programas.

–¿Cree que hay que reformar el estatuto de la UBA?

–Hay algunas cuestiones para debatir. Por ejemplo, la jubilación obligatoria de los profesores a los 65 años: no se debería perder un capital humano potenciado por la experiencia, hoy se ha prolongado la vida útil. Pero, correlativamente, no debe taponarse el ascenso de los jóvenes. Propongo que conservemos a los mayores de 65 concursando sus cargos, para permitir la renovación y no frustrar expectativas. También habría que discutir la incorporación de los no docentes a los órganos directivos. No hay que tenerle miedo al debate, al borbollón de ideas. Hay que escuchar a todos.

–En el último año su voz ha sido una de las más críticas con la gestión del rector Guillermo Jaim Etcheverry.

–Las discrepancias con el rector han surgido en cuestiones puntuales. Una muy dura, cuando se cesanteó a una empleada que había cumplido una pena de prisión por cuestiones que no hacían a su desempeño en la UBA. La disputa era ideológica: una persona que yerra el camino y cumple su castigo debe poder reinsertarse en la sociedad. Por suerte, después triunfó nuestra postura. La segunda discrepancia fue por Ingeniería (nota: se refiere a la destitución del decano de esa facultad), un conflicto mal manejado, en el que el Consejo Superior de la universidad invadió al de la facultad. También me ha indignado, como a todos los consejeros, que millones de pesos fueran usados sin notificar al Consejo Superior, una transgresión enorme. Pero todo esto no ha sido una campaña de contrariedad contra el rector, por quien tengo un enorme respeto como persona. Pero acá estamos evaluando la capacidad de gestión.

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“Para ordenar el gasto” sugiere el “financiamiento por programas”.
Imagen: Arnaldo Pampillón
 
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