Estoy siendo algo pesimista en mis notas, ya sea en las escritas como en las de algunos medios que tienen la gentileza de consultarme.
En 1942, en Yenán, punto final de la Larga Marcha, en medio de la guerra de resistencia contra la invasión del Japón, y lejos de las zonas dominadas por el Kuomintang (el inseguro alia
Homenaje a Haroldo Conti
Es infrecuente que la historia tome en cuenta las motivaciones psicológicas en las decisiones y acciones de sus protagonistas. Al no hacerlo, hay circunstancias que se vuelven incomprensibles.
Es muy posible que usted haya escuchado hablar o sepa quien es Edward Snowden (1), lo que hizo y por qué está refugiado en Rusia y no vive en su país de origen, Estados Unidos.
Como fruta abrillantada
Parto desde la cuatro veces milenaria ciudad de Shiraz --sudoeste de Irán-- con chofer y traductora hacia un pedregoso desierto en busca de una familia nómade, cerca de las ruinas de Persépolis,
Kwai Chang Caine visita la peluquería desde los cinco o seis años.
Desde Barcelona
Osvaldo Camparo no entendía cómo alguien podía llorar a mares viendo “El Planeta de los Simios”, eso lo comprobó en un cine de Devoto allá por el 69, donde una mujer sentada detrás suyo no paraba d
Estamos apoyados en la baranda del Monumento con mi amigo el Conejo de Hule. Le leo mis escritos sobre los incendios: “Se ven a lo lejos humaredas guerreras.
-¿Qué sintió con la vacuna?-Lo mismo que todos. Que apenas uno cuenta que se vacunó lo primero que te preguntan es: “¿Cuál te dieron?” O algo así.-¿Eso le molesta?
I.
La mayoría de las buenas personas intentan casi siempre, en los momentos importantes, decir lo que piensan o creen; buscan las palabras más aproximadas, las que más se acerquen a lo que quieren exp
El último cambio de la mensajería instantánea se mete con la voz del otro: los significantes de ese avasallamiento.
Supongo que desde la primera vez que lo vi acodado en la barra del Bar del Mar me habrá llamado la atención.
El Chinchón era una excusa. Un abanico de cartas españolas encarnadas en ajadas manos marcaban las horas de un tiempo de basto y espada.
—Necesita anteojos. —Ay, sí. ¡Se va a quedar ciego!