Desde Barcelona
¡Puf, tish! Si m7
Venezuela está ante el proceso ascendente de un insultante golpe de Estado. Los hilos rugientes de ese golpe tienen muchos rostros. Los procedimientos son los clásicos.
Las hojas estaban abiertas como techos a dos aguas. Resultaba extraño que el tiempo no pudiera con las tapas desdobladas.
Mike Pence es el vice de Donald Trump. Cristiano, conservador, republicano, se dice de este hombre que es más tosco, más rudo que Trump.
Todos hemos discutido con tontos. Y hemos perdido la batalla. Porque al tonto no hay forma de ganarle una discusión. No importa si usted lee a Heidegger en alemán. El tonto no cambia de opinión.
El hombre de barba anglosajona (candado) sostiene su perro con un brazo mientras señala con un dedo a alguien que pasa. “No, no es odio”, dice, agitado.
I. Hago tod/o para ver a Júpite/r girar en su órbita desde el instante en que pronuncia el primer chillido. Caos que en elipse desciend/e, asciend/e, y crece mi única y querida rue
Ambos habían nacido en Austria: uno en Viena, en 1881, el otro en Braunau am Inn, en 1889. Es posible que veinte años más tarde los dos se hayan cruzado por alguna calle de Viena.
"Un huracán que la tormenta abrió
En la que sea tal vez la página más perfecta de todas las que produjo el antifascismo literario de Borges durante los años treinta y cuarenta, me refiero a la “Anotación al 23 de agosto de 1944” (q
Existen dramas que con el paso del tiempo se cuentan como comedias en fiestas familiares.
La baja de la edad de la imputabilidad penal, la creación de fuerzas de reservistas, la compra de pistolas taser, las muestras de ADN, las listas de extranjeros a punto de ser deportados sirvieron
Si es que ya no lo saben, todos los argentinos tienen que saber que hasta los años ochentas en todos los barrios había uno o varios profesores de música.
Remando suave, palito, palito, venía… Traía despacio en su alma inmensa de pez la gran felicidad de haberse deslizado raudamente por los brazos abiertos de ese Paraná generoso y fluvial que sabía r
Estamos llegando al final de la segunda década del siglo veintiuno.
Abran las puertas, no hay demasiado tiempo. Las palabras se pudren si no salen y yo estoy hasta el cuello de basura.
–¡Por fin aparece! –grita con ironía Osvaldo, cuando me ve entrar al bar.
En mi muro colgué una tarde la foto de mis 18 años, torso desnudo, 30 kilos menos y sin asomo de barba o bigote, eléctrica al hombro."¿Quién es?", algunos me preguntaron.