CIENCIA › DIáLOGO CON WALTER FARINA, BIóLOGO, ESPECIALIZADO EN LA ABEJA DOMéSTICA

Notables sociedades de insectos

Cerca del Pabellón I de la Facultad de Ciencias Exactas hay un mundo particular, donde uno cree volver a la naturaleza salvaje. Es allí donde el jinete hipotético casi se transforma en una abeja hipotética y deja que su espíritu vuele libre por el campus.

 Por Leonardo Moledo

–Bueno, usted es biólogo, investigador independiente del Conicet, profesor adjunto del Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental. En este lugar escondido en el misterioso universo de Ciudad Universitaria, usted estudia algo. Yo llegué hasta aquí, sorteando miles de peligros, para preguntarle qué es eso que estudia.

–Fundamentalmente, mi modelo de trabajo es la abeja doméstica. Siempre con una problemática relacionada con la sociobiología de la abeja.

–¿Por qué no me cuenta un poco cómo está organizada la sociedad de las abejas?

–Sí. Presenta una sociabilidad verdadera. La sociabilidad verdadera está basada en la existencia de castas reproductivas, en donde hay organismos dentro de la colonia con el aparato reproductor desarrollado. En el caso de la abeja doméstica, es un individuo (la reina) que pone los huevos; pero también una enorme cantidad de zánganos que dispersan el esperma hacia un montón de reinas de otras colonias. Y una gran casta no reproductiva de individuos hembras que se encargan de la supervivencia, el mantenimiento y el crecimiento de la colonia.

–¿Cuántas abejas hay en una colonia?

–Eso varía muchísimo. En esta especie, lo normal es alrededor de 50 mil, aunque puede llegar a haber de 5 mil también.

–A veces uno piensa que la colmena es como un solo organismo.

–Bueno, muchos plantean que, en efecto, es un superorganismo. De hecho hay determinadas propiedades emergentes o funciones que aparecen y que el individuo no las tiene. Por ejemplo, una colonia de abejas puede regular la temperatura del núcleo central manteniendo la temperatura constante como un homeotermo. Sin embargo, individualmente eso no funciona. En términos sociales, se asemejan más a un individuo homeotermo que a un heterotermo.

–¿Hay otros ejemplos?

–Bueno, por ejemplo la manera en que recolectan puede tener estructuras ameboidas: extienden tentáculos y los vuelven a contraer, para luego volver a extenderlos. De alguna manera, eso es lo que nos interesa: cómo la colonia recolecta de manera colectiva sin existir jerarquías tangibles. Es un sistema complejo descentralizado, donde no hay un capitán que da órdenes, sino que está basado en una propiedad de los insectos sociales que es el polietismo.

–Que quiere decir...

–Que la casta de obreras (no reproductiva) va cambiando sus funciones a lo largo de su vida. Lo primero que hace es realizar tareas de limpieza, de cuidados de la cría. A medida que va teniendo más días de vida, sus tareas son cada vez más periféricas: recibir el alimento de otras que vienen afuera, trabajar de guardiana. Después viene su tarea de recolectar alimentos en el exterior. Con eso solo, y teniendo muy diferentes canales de comunicación, se pueden organizar para acceder a las fuentes nutritivas más eficientes. No es que todas hacen lo mismo y se pelean por hacerlo, sino que, dependiendo de las edades, van a hacer diferentes tareas. Por ejemplo, con el néctar. Es casi como una cinta transportadora en una fábrica. La que llega con néctar se lo vomita en la boca a otra que lo recibe, ésa se la puede pasar a otra o se puede quedar concentrando el néctar y formando miel, y así el alimento circula por la colonia. Por un lado, entonces, está la división del trabajo y por el otro el reparto de una única tarea en varios individuos.

–¿Y cómo se organiza eso? Cómo sabe cada abeja qué es lo que tiene que hacer?

–Se organiza fundamentalmente porque tiene una característica de los sistemas complejos adaptados, que es la autoorganización, que funciona con información local: una abeja no necesita estar en contacto con todas las abejas de la colmena sino con las que estén más cerca. Un ejemplo es la recolección de néctar. La abeja llega y, por un lado, va a contarles a las demás que encontró algo muy bueno y, por otro lado, tiene que vomitar lo que juntó, que tiene que distribuirse entre las boquitas de todos los individuos. Ese néctar tiene una concentración de azúcar determinada, por lo cual cada uno de los individuos que recibe la gotita recibe información de ese néctar. Así se van formando memorias del olor del alimento, y así la colonia entera termina generando una memoria del olor, por ejemplo, de una flor de eucalipto. Y lentamente, a partir de información local, puede ser que toda la colonia tenga una memoria común.

–¿Y después con ese néctar qué hacen?

–Sirve como sustrato alimenticio de todos, inclusive mezclado con polen, que las obreras más jóvenes van a darle boca a boca a la cría. Ese alimento se transforma y se concentra en forma de miel. Lo más limitante es el polen, porque el contenido proteico es lo que se necesita para crecer como individuos: por eso la miel se va a mezclar con polen y va a ser la base de alimento de las más jóvenes.

–Ahora... ¿cuánto vive una abeja?

–Depende. Una reina vive tres o cuatro años; una obrera, si es primavera o verano, 20 días o 30, pero si es invierno, cuatro o cinco meses.

–Me da la sensación de que es una organización mucho más compleja que la de la manada de mamíferos y que se hace con menos recursos (porque me imagino que los recursos de una abeja deben ser más limitados). Ahora, si eso es un superorganismo, entonces habría 5000 cerebros. ¿Hay gente que piensa eso?

–Sí, pero no es mi caso. Yo creo que es un sistema complejo altamente organizado y adaptado (lo que significa que aprende de cada situación y se adapta a cada situación), que busca continuamente alimento para sobrevivir; existe continuamente dentro de la colmena la oferta y la demanda. A la vez, hay algunas que transmiten mejor la información que otras, por lo cual la información se puede propagar más rápido, y con esa información local se puede armar un sistema muy sólido.

–¿Hay otros sistemas así entre los insectos o los animales?

–Sí, hay algunos roedores subterráneos que tienen organizaciones verdaderamente sociales y castas reproductivas (tipo topo). Hay algunas ratas que presentan una reina (que libera feromona, la cual inhibe el aparato reproductor de otras hembras), existen machos reproductores, obreras. Pero todo eso es mucho más común entre los invertebrados: hay bastantes insectos sociales, varios: hormigas, termitas, abejas, algunas avispas.

–¿Cómo es que de repente una colmena enjambra? Se va una reina...

–Una de las características fundamentales de las colmenas es la cohesión social, que está dada más que nada por una señalización química producida por la reina que genera una “feromona real” que atrae a la colmena. Cuando la cantidad de abejas es demasiado elevada, la señal se empieza a disipar, por lo tanto la reina pierde el control y la cohesión del grupo. Se empiezan a mandar señales entre las obreras y eso desencadena que la misma reina madre provoque una escapada de su nido junto con un séquito numeroso. Ella se va, pero antes de irse ya se empezaron a formar celdas reales para que se suplante a la reina madre. Entonces, la reina madre enjambra con un séquito de obreras y una reserva de alimentos en cada uno de sus buchecitos para poder sobrevivir en el exterior. Esta colmena queda huérfana; la primera reina que emerja va a matar a las otras y esa reina virgen tiene un nuevo desafío: copular en el exterior con zánganos de otras colonias, volver a la colonia y poner crías para mantenerla.

–¿Y si no le sale bien?

–La colonia puede llegar a un punto en que, al no tener una reina madre, las obreras rompen la inhibición y empiezan a producir huevos. Estos huevos se ponen de manera muy caótica, y la colmena empieza a perder la cohesión social que tenía antes. La vida como colonia desaparecerá en unos meses.

–Deja de haber organización social. ¿Y si ustedes van a una colmena y le sacan a la reina?

–Los primeros días va a haber una inercia por la cual todas las obreras hacen lo mismo que antes, pero poco a poco, cuando las crías empiecen a escasear, la población se desorganizará (obreras cada vez más viejas), no habrá cohesión por medio de las señales químicas liberadas...

–¿Hay algo parecido a rebeliones en el sentido en que las pensamos en las sociedades humanas?

–Hay algo parecido entre colonias. Yo le decía que cuando las colonias quedan huérfanas, algunas obreras pueden poner huevos. En general lo que termina ocurriendo es que se pierde la cohesión. Pero hay algunos casos especiales en los cuales algunas obreras entran a otra colmena (para sacar alimento, por ejemplo) sin ser descubiertas y llegan a poner huevos allí. Esos huevos, por supuesto, tienen otra línea genética que no responde a la de la reina madre de esa colonia en la que se infiltraron. Es un cáncer social: un problema muy grave de la apicultura en Sudáfrica. Es una suerte de invasión que introduce el caos social.

–¿Puede haber guerra entre dos colmenas?

–No sé si llamarle guerra, pero puede haber casos de pillaje muy extremos en períodos de sequía y falta de alimentos.

–¿Se llegó a comprender a fondo por qué las cosas funcionan así? ¿En qué punto está la investigación de estas sociedades?

–Creo que ahora se empezaron a ver las cosas con elementos más simples pero que permiten explicar la complejidad perfectamente.

–¿Se puede explicar la complejidad?

–Estamos hablando de un sistema complejo, con lo cual no podemos considerar sólo las sumas de las partes sino las relaciones. Se entiende que la autoorganización es fundamental. Se entiende que existen propiedades emergentes provenientes de la cantidad de individuos presentes. Las abejas, por lo pronto, tienen canales de comunicación muy complicados como la danza o las señales vibratorias. Pero más allá de eso, el simple contacto permanente con otros individuos genera información social. La teoría de grafos, ahora, permite iniciar un abordaje no tan complicado de lo que es una red social de información. Los insectos sociales funcionan más o menos con esos principios.

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