CIENCIA › UNA INVESTIGACION SOBRE PRESENTE Y FUTURO DE LAS CIENCIAS BASICAS

Lo básico es pura ciencia

Las academias nacionales concluyeron una investigación para describir el presente y proyectar el futuro de las ciencias básicas en Argentina. Un riguroso análisis global del que participaron más de 120 investigadores con el relevamiento de 950 encuestas.

 Por Pablo Esteban

El ámbito académico concebido como escenario de producción y circulación de ideas está plagado de clasificaciones esquemáticas que son útiles para reordenar el caos epistemológico de una manera eficiente (al menos en apariencia). En este sentido, una de las fronteras más famosas es aquella que divide –quizá de forma arbitraria e improductiva– las ciencias aplicadas de las básicas. Desde esta perspectiva, el sentido común indica que si el primer grupo se identifica con aquellas investigaciones que se realizan con el objetivo de resolver problemas concretos y prácticos que afectan la vida en sociedad; el segundo manojo de ciencias se caracteriza por un afán de curiosidad explícito que se plantea un propósito concreto: ensanchar los campos del saber sin la obtención obligada de resultados inmediatos.

Sobre el segundo grupo trata el libro Estado y Perspectivas de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en la Argentina, que releva y sistematiza datos presentes en instituciones educativas de todo el país con el objetivo de diagnosticar el estado de salud de las ciencias básicas a nivel nacional. Un megaproyecto que aborda transversalmente, pero también en forma particular, el trayecto de disciplinas tan diversas como la Astronomía, la Biología, las Ciencias de la Atmósfera y Océanos, la Física, la Matemática, entre otras. Además, incluye información respecto a la ubicación de los grupos de trabajo y sus principales temas de investigación; el número y la categoría de sus investigadores; la evolución de la producción científica del área; la formación de recursos humanos y la evolución del número de egresados.

Roberto Cignoli es el presidente de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (Ancefn). En esta edición analiza cuál es el estado de las ciencias básicas en el país, explica qué funciones cumplen las academias en el siglo XXI y revalida la publicación del libro, auspiciado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y corredactado con la Academia Nacional de Ciencias (Córdoba).

–¿Cuáles fueron sus estudios?

–En 1955 comencé a estudiar farmacia y bioquímica en la vieja Facultad de Medicina de Rosario. Incluso, fui ayudante de cátedra pero luego decidí cambiar de carrera porque veía que me faltaban algunas bases que eran determinantes para poder comprender la disciplina y suspendí la marcha. Luego, al comenzar el servicio militar tuve hepatitis y debí reposar en cama por unos 40 días. Afortunadamente, mi hermano me regaló un libro titulado ¿Qué es la matemática? y, paralelamente, se creó la Universidad Nacional del Sur.

–Y se trasladó a Bahía Blanca...

–Sí, me trasladé a Bahía Blanca para cursar matemática. Más tarde fui docente en aquella institución y gané una beca del Conicet que me permitió investigar en Estados Unidos. También fui profesor asistente en Princeton e Illinois. Regresé en 1975 y el 2 de abril de 1976 quedé fuera de la universidad por la dictadura y, en efecto, culminé la recorrida en la Universidad de Campinas (Brasil). Con el retorno a la democracia, volví al país pero como docente en la Universidad de Buenos Aires.

–¿Qué investigaba como matemático?

–Me interesaban las cuestiones relacionadas con la lógica-matemática, con énfasis especial en aspectos muy particulares vinculados con el álgebra.

–¿Silogismos aristotélicos?

–Sí, claro. Trabajaba a partir del desarrollo de los famosos silogismos de la antigüedad, aunque, para ser sincero, los razonamientos modernos son bastante más enredados. Las matemáticas, como cualquier otra área de estudio, ha tendido a complejizarse. A fines del siglo XIX, un brillante pensador llamado George Boole formalizó una serie de planteos y originó, de alguna forma, lo que hoy se conoce como el álgebra de la lógica. Además, es interesante porque tiene aplicaciones por fuera de la lógica en la matemática.

–¿Por ejemplo? ¿Cuáles son las aplicaciones de los razonamientos matemáticos?

–Se utilizan en muchos casos de forma inesperada. Una de las teorías más lindas que existen es la de la infinitud de los números primos, que fue desarrollada por Euclides en el siglo III a.C. En la actualidad el sistema de seguridad que se utiliza en los cajeros automáticos, por ejemplo, está basado en esos resultados a partir de la configuración de claves que encriptan la información y complejizan los sistemas informáticos.

–¿Qué piensa acerca de la clásica pregunta que le acabo de formular respecto de las aplicaciones que tienen las ciencias básicas? Desde aquí, ¿le resulta antipático el interrogante respecto de las funciones que deberían cumplir las matemáticas?

–Para nada, creo que la sociedad mantiene al sistema científico y tiene derecho a preguntarle qué beneficios le son devueltos. Lo que ocurre es que en general no existen beneficios inmediatos. Por ejemplo, la Teoría de la Relatividad, que en su momento no tenía ninguna aplicación ahora es fundamental para el funcionamiento de los GPS. Siempre me arranca sonrisas una frase que se vincula con esto que conversamos y dice así: “Me gusta lo que estudio porque no sirve para nada”.

–¿Qué piensa respecto de esa distinción que divide a las ciencias entre básicas y aplicadas?

–Creo que una división más productiva sería separar entre buena y mala ciencia. Hay muchos casos en que se realiza ciencia aplicada, pero es bastante mediocre. Además, no creo en la matemática aplicada, en todo caso sería matemática aplicable. Como todos sabemos, es un objeto bien abstracto. Un ingeniero cuando calcula distancia, por ejemplo, aplica matemática, pero no hace progresar el pensamiento. Es decir, no lo dota de nuevas herramientas teóricas o metodológicas; simplemente utiliza los instrumentos ya disponibles. Del mismo modo, no se puede exigir que todo conocimiento tenga aplicación. Por otra parte, más allá de lo que pueda promover el Estado, necesitamos de un sector privado que se anime a invertir en desarrollos tecnológicos. Ello no tiene nada que ver con privatizar el sistema científico, sino con incentivar a los empresarios a que también aporten y se animen a invertir. Hay ciencia de primera calidad en Argentina, y por ello, se debe profundizar lo alcanzado. Todavía falta. Necesitamos que cada vez más con mayor recurrencia nuestros investigadores trabajen en la industria para que el impacto de las instituciones científicas en el modelo productivo sea más poderoso.

–Usted es el presidente de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. ¿Qué actividades desarrolla una academia en el siglo XXI?

–En primer lugar, la Academia no funciona como instituto de investigación, sino más bien apunta a propulsar el crecimiento de las ciencias y su difusión. Está compuesta por un puñado de miembros (entre 20 y 40) que discuten modos de divulgar a partir de la publicación de libros y cafés científicos. Además, tenemos un programa para mejorar la enseñanza de la ciencia (tanto a nivel primario como secundario), organizamos eventos de premiación para reconocer la trayectoria de nuestros científicos y para valorar los desarrollos incipientes de los nuevos talentos.

–El libro Estado y Perspectivas de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en la Argentina se basa en un examen global de las ciencias básicas. ¿Por qué es importante un texto como éste?

–En la década de los setenta la Sociedad Científica Argentina cumplió 100 años y decidió publicar una serie de volúmenes que describían el estado de nuestras ciencias y desde allí, nunca más se había vuelto a realizar tal proyecto. En efecto, necesitábamos una actualización al respecto. De este modo, me comuniqué con representantes de la Academia Nacional de Ciencias en Córdoba y le trasladamos la inquietud al secretario de Articulación Científico Tecnológica del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, el doctor Alejandro Ceccatto, a quien le interesó la iniciativa y nos otorgó el financiamiento. Existían muchos relevamientos institucionales particulares, es decir proyectos de sistematización realizados por universidades en forma específica, pero se debía reunir de forma ordenada esa gran cantidad de datos con los que se contaba.

–Una visión transversal de cada ciencia en particular...

–Exacto. De modo que se conformaron los equipos por disciplina a partir de la convocatoria de referentes por área que a su vez, reunieron a colaboradores con los cuales trabajaron. Se analizó, en efecto, lo que ocurría en matemáticas, física, biología molecular, biología sistemática, química, geología, paleontología, astronomía y computación.

–¿Y qué obtuvieron como resultado tras el trabajo de investigación?

–En principio, resolvimos que no todas las ciencias se ubican en el mismo escalón de desarrollo. El área de biología molecular, por caso, se encuentra bastante bien asentada en el país. Nosotros incluimos breves desarrollos históricos de cada disciplina, pero el énfasis estaba en analizar lo que ocurre en la actualidad y cuáles serían las cuestiones que habría que mejorar a futuro. Por ejemplo, las áreas de vacancia que convendría fortalecer en algunos casos. Uno de los principales problemas fue el proceso de sistematización de datos, que muchas veces se contradecían entre sí.

–Bueno, pero me imagino que justamente ése será el gran aporte del libro...

–Sí, claro. También detectamos la necesidad de promover sistemas de becas que apunten a la formación de recursos humanos en sectores puntuales. Por caso, el número de matemáticos que se dedican a la investigación es escaso. En definitiva, se detecta la falta de investigadores en básicas, aunque se describen importantes grupos de investigación distribuidos en el país en todas las ramas.

–¿Qué piensa respecto del trabajo interdisciplinario? Sé que es un tema muy abordado en el texto...

–Pienso que, en la actualidad, representa el principal problema. Como en todos los casos siempre es posible identificar, por supuesto, abordajes complejos que combinan enfoques provenientes desde diversos ámbitos pero al momento las investigaciones se realizan de modo muy segmentado.

–Por último, ya que me contó sobre el Estado, ¿qué piensa respecto al futuro de las ciencias básicas en las próximas décadas?

–La idea rectora es continuar con la profundización del desarrollo de las ciencias básicas y conseguir que se generen condiciones públicas y privadas que permitan absorber a los nuevos profesionales capaces de aplicar sus conocimientos para el beneficio de la sociedad. Nosotros confiamos en que podemos aportar en gran medida. Esperamos que este material se transforme en una herramienta de consulta para planificar el desarrollo de la ciencia en nuestro país. Es mi deseo que estos trabajos se realicen con cierta periodicidad –tal vez cada diez años– y que no vuelva a transcurrir otro medio siglo para que la ciencia disponga de un análisis similar.

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Roberto Cignoli, presidente de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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