CONTRATAPA

Homo Septiembre

 Por Rodrigo Fresán

Desde Barcelona

UNO La cosa viene complicada ya desde el principio: porque septiembre se llama así porque era el séptimo mes en el calendario romano; pero ahora es el noveno mes en el calendario gregoriano. También están los irresponsables que insisten en escribirlo setiembre por el simple hecho de que se lo permiten. De ahí sus desajustes, su comportamiento psicótico. Sintomatología toda, diagnosticada dentro de esa otra abstracción psico-temporal que es el principio de un nuevo curso. Lo que equivale a renovada potencia gritona en Senado y Congreso; en tertulias televisivas (políticas, rosas, deportivas); en oficinas cada vez más despobladas y en bares cada vez más vacíos, a los que no salvará esa supuestamente emotiva campaña de Coca-Cola; en la soledad de quien hace cuentas y debe hacerse cargo de los cada vez menos excesivos excesos del verano y las vacaciones. Y en los hasta días atrás baldíos y abandonados patios de colegio hacia donde Rodríguez e hijo se dirigen, ahora, arrastrando los pies y una pesadísima mochila, con tan pocas ganas de volver a pasar al frente.

DOS Septiembre es, también, el mes en que caen o cayeron muchas cosas: Barcelona ante las tropas borbónicas en 1714; el Imperio Japonés en la cubierta del acorazado Missouri, en 1945; Salvador Allende en Santiago, Chile, en 1973; las torres del World Trade Center en Nueva York en 2001; las primeras hojas del otoño en todas partes del Hemisferio Norte. Y ahora –pensando en el inminente sin prisa ni pausa striptease de los árboles y mientras sube un nuevo elemento químico, el 115, a la tabla periódica, y “por el momento pueden llamarme Unumpentio y, aviso, pertenezco al grupo de los súper-pesados”– Rodríguez no puede olvidar esa postrera postal estival de la semana pasada. Mariano “Plasmado” Rajoy y los suyos haciendo camino al andar por pintorescos senderos gallegos ante la mirada y cámaras de periodistas a los que se les advertía de antemano que nadie diría nada. Como si verlos moverse bastara y sobrara para transmitir a la ciudadanía todo un mensaje de fortaleza y optimismo. Rodríguez se preguntó si los cronistas no deberían negarse a ir a esos convites absurdos. O ir y no grabar ni reportar en señal de descontento ante un gobierno que cuenta cada vez menos porque no cuenta nada amparándose en la idea de que ya se contó todo o que no hay nada que contar.

TRES Así, todo recomienza contando billetes frente a los pobres. Muchos billetes. Onerosas discusiones baratas sobre lo que gana Rubalcaba y lo que gana Rajoy. Sobre lo que va a costar el pase de un tal Gareth Bale a las filas del Real Madrid y lo que costó el spot publicitario de Qatar Airways donde su patrocinado Barça es toda una isla/país donde no hay desempleados porque el fútbol da para todo. Sobre los millones que se descubrieron en las nuevas cuentas extranjeras de Bárcenas (y los montos y cifras y repartos en sus dos ordenadores requisados, cuyos discos duros, parece, fueron destrozados por el PP “conforme al protocolo habitual de reciclaje” del partido y ole, mi niño). Sobre lo que dejaron los turistas de afuera que ya regresan a sus países. Sobre lo que va a ganar Carme “Renovación” Chacón aparcando su escaño en/del PSOE por doce meses para ir a dar clases en una universidad de Miami (y soñar con volver y ser millones). Sobre lo que les va a faltar a los estudiantes por la reducción de becas. Sobre lo que va a costar –y a costarles a los españoles– el autoexilio de la infanta Cristina y familia en Ginebra. Sobre lo que se gastaría (y haría ganar a la industria armamentística militar) en una “incursión relámpago” USA/Co. en Siria. Sobre lo que cada día se lava y se seca y se plancha en Gibraltar. Sobre lo que significaría económicamente para Madrid si –por favor, esta vez sí, ¿sí?– le dan permiso de sede olímpica para el 2020, porque el pobrecillo que dijo que lo más importante no era ganar sino competir no sabía de qué estaba hablando.

CUATRO (In)competente en esa lid, Rodríguez lee también que septiembre es el mes con mayor índice de divorcios y separaciones luego de la obligada convivencia full-time y sin cortes publicitarios de agosto. En cualquier caso, con el número creciente de familias en la que todos sus miembros están en el paro, tal vez esa estadística ya no valga. Y todos se quieran más que nunca en septiembre, enfrentándose a un mes donde muchos de los llamados “empleados estacionales” (antes, en el maravilloso mundo de Zapatero, primaverales “brotes verdes”) descubren que se cierra la temporada de los trabajos cada vez más esclavizadores, pero trabajos al fin. O tal vez el amor se acabe mes a mes. Porque –todo el tiempo en casa, sin nada que hacer, pero sin vacaciones, cuando el calendario de los sentimientos ya no reconoce fechas– cualquier día es bueno para irse, pero seguir juntos. Porque no hay billetes suficientes para otra casa, otro piso, otra química y otro elemento a clasificar. Elemental, querido Rodríguez.

CINCO Y ya estamos todos, de nuevo –mientras se acaba Breaking Bad, pero se estrenan nuevos e importados episodios de Mou versus Pep– esperando que el cielo verde-infrarrojo se ilumine y vuelvan a ponerse de moda términos como “explosión controlada” y “fuego amigo”. Jerga que de inmediato se ha aplicado a los cambios que Rajoy hará o no en su gabinete en el contexto de una “minicrisis” cuidadosamente preparada. Lo que equivale –en la elasticidad del tiempo rajoyano y en su idea de gobernar postergando lo impostergable todo lo que se pueda– a algo que ya debería haber hecho. Mientras tanto y hasta entonces, ahí van reapareciendo todos sus ministros, saludablemente bronceados, pero con la sonrisa temblorosa de quienes se saben personaje a bajar de cartel en esa obra de teatro de Agatha Christie que seguirá representándose por cucarachas cuando la humanidad toda se haya extinguido. “No habrá remodelaciones dramáticas”, dijo uno. “Nada será como antes”, susurró otro. ¿Quién se va? ¿Quién se queda? ¿A quién le van a enviar un drone para después de que haya dejado a su hijito en la puerta del colegio luego de decirle que no se porte mal porque si no va a terminar como ese señor sin nombre que fue tesorero nuestro, pero que después supimos que era muy muy muy malo y por eso ahora está preso?

SEIS En este contexto de candente guerra fría, Rodríguez, bajando la cuesta, estrena primer resfrío. Lleva a su hijo al colegio. Lo acompaña hasta la puerta. Lo mira entrar. Lo va a extrañar tanto. Por unas horas. Muchas. Demasiadas. Desde aquí, desde septiembre, hasta finales del próximo junio, año tras año. Hasta que –si las cosas alguna vez mejoran– su hijo pueda irse de su casa y de su vida para tener una casa y una vida y hasta un hijo propio. Y caminar juntos bajo esos árboles advirtiéndole –como él ahora– que tenga mucho cuidado con septiempre. Porque septiembres está suelto y es feroz y ladra y muerde. Porque septiembre es más que un mes. Septiembre es un mes que está de más. Septiembre, como mes, es más de lo menos.

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