CONTRATAPA

Homo Cholo

 Por Rodrigo Fresán

Desde Barcelona

UNO No es que a Rodríguez no le interese el fútbol: es que el fútbol no le importa en absoluto. Pero a Rodríguez le interesa cada vez más El Cholo: el argentino Diego Pablo Simeone. Alguna vez ya venerado jugador en el Atlético de Madrid entre 1994-97 y 2003-2005. Pero ahora, desde 2011, su Mister Místico y salvador del equipo. Y –mientras los orcos se pelean por cuáles banderitas pueden ondear o no en estadios– próximo rey de Westeros y futuro marido de Daenerys Targaryen a la que arrancará orgasmos que no dejarán dormir a los dragones y despertará la envidia del enano ese. Porque, sí, hay algo muy sword & sorcery en Simeone. Muy Conan; siempre rodeado por esas mujeres que parecen dibujadas por Frank Frazetta. O –con ese aire que lo asemeja a la versión Mr. Hyde de Tom Waits cruzado con el actor de Hellboy- muy comic: tanto DC (Choloman) como Marvel (CholoX) o Dark Horse (Cholo City y Cholocientos). O muy Bruce “El Cuello Que Canta” Springsteen (The Choloss) que otra vez ha pasado por España con sus conciertos interminables one-two-three-road-work-love. Pero, mejor, El Cholo como El Cholo mismo: fotografiado –famélico y con la boca llena de dientes– junto a asadores en llamas a los que ha arrojado toda la carne.

Y en esto días, una España hambrienta es más cholística que nunca por cuestiones que trascienden lo estrictamente deportivo. El Cholo (siempre vestido de luminoso noir; nunca se lo verá con algo como la versión macho de la invasora y viral chaqueta amarilla de Zara), acompañado por su escudero que es el Mono Burgos, va adquiriendo perfil filosófico y frente auto-ayudístico. En un torneo político donde ninguno sabe hacer nada, El Cholo (que sí acabó con el bipartidismo de décadas en la Liga Española) se limita a dar la cara con el ejemplo y a asegurar que se puede, y que si se puede no hay excusas para que no se pueda. Todo esto para decir que Rodríguez es lo más seguidor de un equipo de fútbol –el Atlético de Madrid– que jamás fue o jamás llegará a ser; mientras su hijo, con su camiseta de Barça-Messi, lo contempla sin entender qué fue lo que le ha pasado a su padre y confiando en que lo que le pasó se le pase pronto.

DOS Pero todavía no, todavía falta un poco. El próximo sábado –después de haber eliminado al Barça– es la final de la Champions League y la segunda oportunidad en dos años en que el terreno y humilde y trabajador clase media en caída libre Atlético de Madrid (aunque Felipe VI siempre haya defendido sus colores) podrá aniquilar al pijo y galáctico Real Madrid (al que siempre siguió Juan Carlos I, y tal vez ya desde ahí algunos problemitas en la familia real). “¿La diferencia con el Madrid? 400 millones de presupuesto”, chololea El Cholo. Y Rodríguez ya lleva varios días de cábala cholística haciendo los cuernitos para abajo y agarrándose los cojones. Y Rodríguez no es que daría cualquier cosa pero sí que recibiría una alegría si el sábado que viene, en Milán, ve caer a los reales y madrileños, incluyendo a ese Cristiano Ronaldo auto convencido de su divinidad y cada vez más parecido al persa andro-metrosexual rey Jerjes by Frank Miller. Ahora, todos en el Atlético son como espartanos con posible final muy pero muy feliz. Y si alguna vez Pep Guardiola armaba videos con escenas de Gladiator para inspirar a su tropa, a Rodríguez no le queda ninguna duda de que El Cholo –más práctico y con menos producción– se lleva a los suyos al zoológico y les señala el foso de los leones como sitio a donde irán a parar si no dan la talla y el ancho. Aunque no haga falta; porque los cholillos parecen más que poseídos por la mítica de su entrenador. Y mejor no hablar de los arrebatos de éxtasis en los que caen –no para levantarse sino para flotar hasta los cielos– los seguidores de un equipo alguna vez considerado una especie de armada Brancaleone y ahora combo mosqueteril donde son todos para uno y uno para todos y, si se va alguien tentado por el dinero, ya llegará otro a ocupar su sitio. Al único al que todos consideran inamovible es, por supuesto, a El Cholo. El que retratan en diarios deportivos fotomontajeado con el Che Guevara. El que ya se estudia en las universidades del mundo como reencarnación deportiva de Winston Churchill. Al que ya varios think-tanks corporativos han contratado como speaker por considerarlo ejemplo perfecto de “excelencia a corto plazo”. El ícono motivacional cuyos lemas-mantras-dictums-slogans-aforismos se repiten como palabra sagrada. “El corazón iguala al presupuesto”, “No siempre ganan los buenos. Ganan los que luchan”, “Partido a partido, final a final”, “Hay que ir despacio pero no lento”, “Si se cree, se puede”, “El esfuerzo no se negocia”, “Los partidos hay que jugarlos con el cuchillo entre los dientes en el terreno de juego” y ese “Estos chicos nacieron con unos huevos muy grandes, felicito a sus mamás”. Muchos más de diez mandamientos del llamado cholismo: término que la Fundéu –Fundación del Español Urgente– considera desde hace tiempo posible palabra del año y pronta a ser incluida en el diccionario de la Real Academia Española. Sentimiento que pronto obligará a Joaquín Sabina a reescribirle su sufrida letra al himno de su equipo rimada en tiempos cuando se perdía épicamente (“Para entender lo que pasa / Hay que haber llorado dentro del Calderón, que es mi casa / O del Metropolitano, / Donde lloraba mi abuelo/ con mi papá de la mano”, se oye allí). Y, ah, eran tan tristemente graciosos esos spots publicitarios (paradójicamente muy ganadores de premios internacionales) en los que se reía con amargura el descenso a los infiernos de la B o se celebraba el retorno desde las profundidades o se sufría con ese niño en el asiento de atrás del coche preguntándole desconsolado a su padre: “Papá… ¿por qué somos del Atlético?”

TRES Y ese spot tuvo la continuación, hace poco, con el mismo auto y el mismo padre y el mismo niño ahora limitándose a decir un “Papá… Muchas gracias” que a Rodríguez le hizo saltar las lágrimas. Y eso es más que suficiente para Rodríguez a quien, por supuesto, no le interesa si los métodos de El Cholo pasan por el jugar feo y duro al “anti-fútbol” o si ese repliegue mural-defensivo es el fin de “la belleza del tiki-taka”. Pero sí colecciona como cromos a las respuestas de El Cholo, a quien la FIFA le sigue escamoteando el Balón de Oro al D.T. del año: el práctico “Prefiero jugar bien que jugar lindo” y el casi sobrenatural “Sólo hago lo que me dice el campo”. Y lo mejor de todo: “Yo aspiro únicamente a ser un equipo molesto”. Aspiración que no siempre resulta porque, ugh, tardes atrás el Atlético fue arrojado desde lo más alto de la lucha por la liga española por un equipo ya descendido. Cosas atléticamente cholongas, sí. Pero ya pasó.

Ahora falta menos, falta poco, para que salga al campo de batalla la caballería rojiblanca (sí, sólo alguien a quien el fútbol no le importa pero cabalga junto a El Cholo hasta la muerte, se le ocurren estas gracietas literarias). Y ojalá que arrasen con todo y con todos aunque, dicho con sonrisa torcida de El Cholo, “En el fútbol, y en la vida, no hay venganza. Hay nuevas oportunidades”. Y, si se pierde esta oportunidad, hasta la próxima venganza.

Pero si El Cholo & Co. creen y pueden tal vez, quien sabe, ojalá, aunque ya sea más tarde que temprano, yo también; piensa Rodríguez. Un Rodríguez molesto y no-vengativo y nada atlético –a punto de jugar el partido de y por su vida– mirándose los huevos para ver cuán grandes los tiene o no los tiene y, así, dejando de pensar en cualquier cosa que tenga que ver con el fútbol.

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