CONTRATAPA

Guerras, más guerras y justificaciones

 Por Jack Fuchs *

Agosto de 2006

No pretendo en estas líneas analizar el conflicto actual en Medio Oriente. Admito que me resulta difícil optar por la búsqueda de justificaciones a esta guerra y a otras. Pretendo simplemente, y es probable que de forma muy desordenada, plantear lo que provocan en mí los acontecimientos actuales. En los últimos sesenta años, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial –en la que perecieron 60 millones de personas–, se fueron sucediendo, sin tregua, centenares de conflictos entre naciones que generaron cerca de 100 millones de muertos alrededor de todo el planeta y 20 millones de refugiados viviendo en condiciones infrahumanas. Muchas de estas guerras no han preocupado demasiado al resto del mundo, que, en la mayor parte de las oportunidades, las vio pasar con indiferencia, a pesar de la destrucción y las crueldades que provocaron. Algunas sólo merecieron unas escasas líneas en los periódicos, y ni siquiera manifestaciones pacíficas en su contra. Basta sólo el ejemplo de los ocho años que duró la guerra entre Irán e Irak durante la década del ’80, que dejó un saldo de un millón de muertos, destrucción y las consecuencias que todo ello implica. En aquella oportunidad, no vimos manifestaciones frente a las respectivas embajadas repudiando la guerra. En este mismo sentido, podrían mencionarse decenas de conflictos.

Sé que me repito, que algunos temas me obsesionan. Tal vez se deba a mi propia historia, al hecho de haber sido testigo y víctima. Cada conflicto bélico, más allá de las responsabilidades que involucre, me vuelve a mi escepticismo.

Qué difícil nos resulta a los seres humanos aceptar que buscamos inexorablemente explicaciones y justificaciones a todos nuestros actos. Se elaboran todo tipo de teorías sobre las razones detrás de las guerras, los genocidios, la crueldad del hombre hacia el hombre. También están aquellas que profundizan sobre la manera en que se podrían haber evitado. La angustia que provoca la irracionalidad hace que muchos necesiten refugiarse detrás de ideologías y creencias (religiosas o no) que les permitan acostarse cada noche y dormir tranquilos, con la convicción (falsa) de que pueden explicar por qué suceden los hechos y encontrar culpables.

Antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, toda la propaganda nazi se centraba básicamente en el odio a los judíos y en cómo su desaparición ayudaría a salvar al mundo. Las expresiones “Segunda Guerra Mundial”, “nazismo” y “antisemitismo” quedaron asociadas de manera directa. Sólo después se tomó consciencia de que dicha guerra no era sólo contra los judíos sino una guerra de todos contra todos. La Segunda Guerra Mundial no fue sólo Auschwitz y las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Basta mencionar las atrocidades que sucedieron en el Lejano Oriente, con la invasión de Japón a China y Corea, donde las masacres fueron terribles, entre otros hechos que marcaron este trágico período de la historia de la Humanidad.

Me pregunto: ¿por qué ciertas guerras y barbaries tienen más prensa que otras? ¿Por qué los muertos no son todos iguales? ¿Qué lleva a la gran mayoría de los seres humanos a pensar que una guerra es más “justa” que otra, jerarquizarlas, y por ende justificar lo injustificable? Sólo me queda pensar que nosotros somos nuestros propios enemigos. Difícilmente haya salvación, probablemente, como lo fue hasta ahora en la historia de la humanidad, sólo existirán paliativos.

* Escritor y pedagogo sobreviviente de Auschwitz.

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