DEPORTES › LAS POLéMICAS DECLARACIONES DEL áRBITRO JAVIER COLLADO

La corrupción viene en CD

La entrevista que brindó el juez a un periodista cordobés abre las sospechas casi nunca comprobadas en el fútbol argentino. En la nota, el referí menciona un intento de soborno a un asistente suyo y a dos equipos que les hicieron la “cama” a sus entrenadores.

 Por Gustavo Veiga

A diferencia de los teléfonos celulares que se quedan sin crédito y nos impiden hablar, nuestro desacreditado fútbol fomenta las habladurías. Permite que cualquiera diga cualquier cosa, sin hacerse cargo, incluso cuando se mencionan conductas deshonrosas. No es este el caso que vamos a presentar. Las sospechas de intentos de soborno hacia los árbitros, a menudo carecen de sustento fáctico. Y menos cuando las procura un periodista, al que le resulta complicado penetrar en esa Omertá que se imponen los protagonistas. Tomás Dagna, un joven colega de la revista cordobesa Deporte Total, rompió ese molde de silencio con una entrevista que no tuvo la debida repercusión por la contundencia del testimonio que contiene. Logró que un árbitro de Primera División, el tucumano Javier Collado (quien todavía sostiene que el colega le hizo pisar el palito, aunque no lo desmintió), discurriera sobre un montón de temas en una larga entrevista de 44 minutos, pero que tiene un tramo conflictivo: cuando habla de un presunto caso de soborno a uno de sus asistentes y de jugadores que le habrían hecho una “cama” a dos técnicos.

Las palabras del referí contribuyeron a enrarecer un clima, de por sí enrarecido, que hay en la AFA y en el arbitraje en particular. Por algo, Julio Grondona movió de su silla presidencial en el Colegio de Arbitros a uno de sus incondicionales, Jorge Romo, después de diecinueve años. Había estado ahí desde el 9 de enero de 1991 hasta el último día del año pasado. Algo se rompió y fue peor, porque ocurrió en vísperas del Mundial de Sudáfrica. Cuando la pelota y sus mandamases más exposición tienen. El vicepresidente 1º de la FIFA y máxima autoridad de su estratégica Comisión de Finanzas no está para que lo arrinconen estos temas a cinco meses del campeonato más importante. Ya tiene bastante con el culebrón entre Diego Maradona y Carlos Bilardo. Por eso, desplazó a Romo y designó en su lugar a Roberto Lorenzo, un ex gerente de la AFA, jubilado ya, de esas personas que son respetadas como pocas en la casa del fútbol. Aunque Romo y Lorenzo tienen en común que jamás pitaron un silbato.

Además del affaire Collado, de quien dicen sus conocidos que está deprimido y se define a sí mismo como “un cadáver arbitral”, el 2009 que acaba de irse, colocó en el tapete otros casos testigo que complicaron la actividad. La reputación de Gabriel Brazenas se vio afectada después de aquel discutido partido final que dirigió entre Vélez y Huracán; la AFA investigó las cuentas de un número impreciso de jueces, entre quienes Pablo Lunati habría estado a la cabeza, y cerró con el despido de Aníbal Hay, un ex juez acusado por otro en actividad, Cristian Faraoni, de haberlo presionado para favorecer a San Lorenzo en el partido de la primera fecha del Apertura contra Atlético Tucumán.

El instinto de supervivencia de Grondona, que tan bien conservado tiene –por algo permanece en la AFA desde el 6 de abril de 1979–, lo dejó por ahora a salvo con el parche de Lorenzo por Romo y la apelación al bajo perfil que viene cultivando en éste, su octavo mandato ininterrumpido. De cualquier modo, nadie se dispuso a investigar el contenido de una entrevista que quema.

¿Cómo no me di cuenta?

El reportaje en que el periodista Dagna entrevistó a Collado y éste habla sobre presuntas irregularidades de colegas y futbolistas, le fue entregado a Página/12 en un CD. El tramo en el que se refiere a esos temas dura 4 minutos de los 44 que tiene la grabación. De fondo se escuchan voces, ruidos y hasta un golpe sobre lo que parece una superficie dura. También hay un par de frases que se escuchan con demasiada dificultad.

Tomás Dagna: –¿Cuántas veces te quisieron sobornar?

Javier Collado: –Me quisieron sobornar, lamentablemente... Te diría que me tocó. Yo decía: ¿cómo sería esto?, porque es un tema hasta tabú entre los árbitros. Hablarlo. Yo era muy amigo de Claudio Martín, y le decía: Claudio, voy a empezar por primera vez en Devoto. O sea, yo no puedo estar exento de quién es o cómo es. Y me decía: no pasa nada, porque esto es tan chico, que nadie se va a animar. Y me terminé enterando. No es que me quisieron sobornar. Me terminé enterando después de un partido que había sido arreglado. Independientemente de cómo se dio el resultado. Lo más lamentable es que fue uno del entorno. Yo tenía un asistente... Pero a mí nadie nunca vino y me dijo (se escuchan golpes): “Collado, hay tanto para que ganemos”. Nunca nadie vino a decirme eso.

T. D.: –¿Lamentablemente?

J. C.: –Claro. Yo te digo... lamentablemente, yo creí que no pasaba. Y me pasó. Y me golpeó. Me enteré que fue en Racing-Colón. Y me enteré en la pretemporada. Cuando ya había pasado y había terminado el torneo. Me enteré por el otro asistente. Le dije: “¿Cómo andás?”. “Para la mierda, porque esta mierda...” Le pregunté: “¿Qué te pasa?” Y de eso no te enterás. Yo me vengo acá a Córdoba, no ves los medios de Buenos Aires, no escuchás los medios de Buenos Aires. Acá estamos en otro mundo. “No, no sabés lo que pasó”, me dijo. Y después me puse a ver el partido y digo: ¿cómo puede ser que de este muchacho no me di cuenta? O sea, hay, y hay que estar preparado para eso, y no hay que dormir, porque en cualquier momento, seguramente alguno te acuesta.

T. D.: –¿Alguna vez presenciaste un partido del que se hablaba que estaba arreglado y vos te diste cuenta de que la actitud de los jugadores no era la misma de siempre?

J. C.: –Dirigiendo en cancha. Me sorprendieron en algunos partidos, me sorprendieron más que nada, no por ahí por un resultado arreglado. Me sorprendieron actitudes de jugadores. Yo digo que fueron para con su técnico. Viste, esa muletilla típica de que, fueron para atrás con un técnico para que se vaya. Y me pasó un par de veces. Esa falta de actitud para con... En un partido estábamos en la mitad de la cancha y yo les decía a los muchachos: “Loco, ¿con este tipo cómo están?”. Generalmente vos vas perdiendo un partido y entrás para darlo vuelta. Y entraste antes, y te movés, y lo peloteás al arquero. Y estaban todos como los jugadores del metegol, todos paraditos, esperando que el otro viniera. La actitud era realmente sorprendente. Después, en un partido también, de un equipo (no se entiende). Si vos hacés el análisis, quieren que se vaya el técnico, pero van a quedar pegados ellos. La gente se da cuenta. El domingo el técnico no está. El domingo estás vos, con esta actitud que demostraste hoy. Y realmente me sorprendió. Yo dije ¡la pucha!

T. D.: –¿Te acordás qué equipo?

J. C.: –Fue en un Colón-Chicago, Colón con Falcioni, y un Independiente-Gimnasia de Jujuy y el técnico era... ya no me sale el nombre, el pobre arquero que siempre hace de bombero, Pepe Santoro (el final es indescifrable).

La tesis de que Collado pisó el palito no se compadece con la naturalidad que habló durante tres cuartos de hora con el periodista. El resto de la entrevista transita por relatos sobre su origen arbitral –su padre y abuelos fueron referís–, su pasión por el fútbol, su declamado perfil de juez conciliador y una asignación que quedará pendiente: ser árbitro internacional. Tal vez no se haya dado cuenta de una cosa cuando hablaba: su discutida contribución a instalar un tema tabú, ya removió algunas manchas. Quizá, sin proponérselo, hizo mucho más en esos cuatro minutos de reportaje que en toda su trayectoria.

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Javier Collado se define a sí mismo como “un cadáver arbitral”, según dicen sus conocidos.
Imagen: Télam
 
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