DEPORTES › CóMO VIVEN LOS SUDAFRICANOS LA PREVIA DEL MUNDIAL

La fiesta y la bronca

Las autoridades instan a la población a que “conviertan cada día en un Día Mandela”, es decir pacífico, alegre y como unión de la nación. Pero además de entusiasmo, hay ira y agitación.

Unos se preparan para la mayor fiesta en la historia de Sudáfrica y otros planean aprovecharse del Mundial de Fútbol para realizar violentas protestas. A diez días del comienzo del primer Mundial de Fútbol en suelo africano, el país fluctúa entre el entusiasmo, la ira y la agitación.

Los sudafricanos aluden con orgullo a sus hermosos estadios, los nuevos aeropuertos y al ambiente jubiloso que se aprecia por todas partes. “Conviertan cada día en un Día Mandela”, apremian los patrióticos spots publicitarios de la radio y televisión. Los sudafricanos quieren celebrar el espectáculo con el espíritu del héroe nacional Nelson Mandela: de modo pacífico, alegre y como unión de la nación del arcoiris.

Pero no todos están de acuerdo con eso. En muchos lugares, los sin hogar protestaron con vehemencia las semanas pasadas por haber sido expulsados de los centros urbanos. Los alojamientos sociales están a rebosar. “El Mundial es una pesadilla, no reporta nada bueno para los pobres”, se quejó Noxolo Nongono en el diario The Daily Times. “Nadie cuenta con electricidad y a nadie le preocupa eso”, se lamentó otro homeless en el barrio problemático de Khayelitsha. “Para los estadios tienen dinero, para nosotros no”, comentó un vecino. “Nos tratan como animales.”

Los manifestantes han anunciado ya que durante el Mundial van a protestar contra la precaria situación social con el bloqueo de calles. También la asociación sindical Cosatu sopesa la idea de utilizar el escenario mundialista para medidas de lucha.

En el alojamiento de la selección francesa en Knysna, los sindicalistas amenazan con acciones violentas contra el hotel de lujo Pezula. En Ciudad del Cabo es donde se aprecia más la desunión de los anfitriones del Mundial. En la ciudad limpia y decorada con banderas se ultiman febrilmente los preparativos para “la mayor fiesta en la historia de Sudáfrica”, tal como proclamó entusiastamente el alcalde, Dan Plato.

La víspera del Mundial se esperan más de 60.000 asistentes al desfile a través del casco urbano de la ciudad con participación de bandas de música y grupos teatrales. Fuegos artificiales y juegos de luces abordarán el tema fútbol.

Al mismo tiempo, el vecino barrio pobre de Khayelitsha vive diariamente la “guerra de los retretes”, tal como escribe en grandes titulares el diario The Cape Times. Desde hace meses, los vecinos y las autoridades están enzarzados en disputas sobre la instalación de servicios.

Dan Plato puso luego de manifiesto el dilema de Sudáfrica con el tema de la violencia. Con semblante serio exhortó a los ciudadanos a defenderse “con neumáticos en llamas” contra los “violentos hooligans”. Demasiado tarde quiso rectificar su deliz verbal. “Nuestra sociedad sufre violencia sin fin. Es imperdonable que los políticos exhorten a la violencia”, dijo Dick Corner en una carta del lector al Times.

Incluso el presidente, Jacob Zuma, se queja de la “decadencia de la cultura cívica”. “Algo nos ha cambiado y hace que nos comportemos como animales. ¿Cómo hemos podido fracasar de tal manera?”, dijo en un acto contra el abuso infantil. El gobierno y las iglesias temen que el revuelo y las fiestas en las semanas del Mundial favorezcan el tráfico humano, los secuestros de niños y el abuso de menores.

Puestos de información y millares de voluntarios ayudarán a proteger a mujeres y niños. Por lo menos una preocupación parece esfumarse: el temor de que el equipo nacional haga el ridículo en el Mundial. Tras 11 partidos consecutivos sin derrotas y un convincente 5-0 sobre Guatemala, florecen de nuevo las esperanzas.

De todos modos, no hay que olvidar que los “Bafana Bafana” hasta ahora sólo tuvieron rivales fáciles. Muchos aficionados apuestan por la fuerza de las trompetas vuvuzela en los partidos contra México, el 11 de junio, y luego contra Francia y Uruguay. Pero no cesan los rumores de que la FIFA va a proceder contra los ensordecedores instrumentos, lo cual intranquiliza a los aficionados.

A diez días del Mundial, los sudafricanos parecen embargados de una misma sensación: gran nerviosismo, algo normal para los anfitriones antes de un gran acontecimiento.

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El estadio de Johannesburgo repleto de sudafricanos.
 
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