DEPORTES › LA PATRIA TRANSPIRADA (24 PULGADAS, EN REPOSO)

Un toque maestro y cinco cabezazos

Venía con suspicacia incluida la definición del grupo de los alemanes y los yanquis: no hubo nada de eso. Más allá del antiguo noviazgo entre ambos técnicos y de la “conveniencia de empatar” que los clasificaba a ambos, jugaron y compitieron bajo la lluvia en un partido que tuvo ratos largos de fútbol muy lindo de ver, sobre todo a cargo de Lahm, Podolsky & su ballet. Y ojito: sin apretar el acelerador ni los dientes. Lo que dijimos después de la goleada a Portugal: viéndolos tocar, buscarse y encontrarse con velocidad y sin apuro, jugar al fútbol parece fácil. Qué bárbaros/bávaros.

Los USA hicieron lo que pudieron, partenaires prolijos puestos a aguantar. Nos siguen gustando los dos del medio –el pelado Bradley y el grandote Jones–, pero la diferencia fue mucho más que el uno a cero. Lo que pasa es que el gol de Müller vale dos o tres: después de una larga jugada en que la tocó hasta el arquero suplente el flaco la puso, con los ojos abiertos, a colocar, desde lejos, “abriendo” el pie derecho pero con un toque fuerte, seco, no arrastrándola –buena explicación del gozoso Latorre– junto al palo izquierdo del ducho Howard. Si se iban después de ese gol estaba bien. Pero siguieron un rato mientras espiábamos el otro partido, que nos interesaba incluso más.

Ahí, en Ghana-Portugal, teníamos nuestro corazoncito africano. Pero como suele –por ahora– suceder, nuestros pollos son demasiado generosos y un par de errores –un gol en contra y un regalo del arquero a Cristiano– les costaron la justa derrota. Sin embargo, para el recuerdo quedaron dos cabezazos: uno, tras un centro increíble de Asamoa con tres dedos de zurda, a la carrera, para el gol de Gyan, y el segundo, creemos que de Wakis, un ratito después, que la tiró afuera, solo en el segundo palo. Era el salto a octavos, pasaban a los yanquis... Después –como suele– la historia siguió y Portugal les ganó ahí. Como a los marfileños, los seguimos esperando. Vamos, todavía.

En los otros cruces de la tarde, también hubo tres (3) cabezazos memorables. Mientras Bélgica sin Company ni Hazard ni algunos más le ganaba a Corea sobre el final jugando un tiempo con uno menos, Argelia y Rusia peleaban por el segundo. Empezaron horrible, tirándola para arriba, hasta que el lateral derecho ruso se mandó y cruzó un centro alto que el puteadísimo (en ruso) Kokorin –rubio, elegante, con el arco cerrado– saltó y lo interceptó limpito con el parietal: la metió arriba, en el primer ángulo, una volea de cabeza. Impresionante. Resentido, amargado, no lo gritó, aunque pasaban ellos con su gol. Ese fue el primer cabezazo. El segundo fue el empate argelino, el de la gloria: el arquero le había sacado dos, pero el iluminado Slimani fue una vez más y le ganó en el salto a las traidoras manos del pobre Akimfeev. Y el tercero –la última de los rusos cuando todo acababa– fue la oportunidad del lateral derecho de cuyo nombre no podemos acordarnos (de eso se ocuparán largamente ellos) que saltó entre varios, pudo cabecear, y se le fue así del palo, cuando todos sólo miraban.

Gloria entonces al sutil Thomas y al iluminado Slimani, pero también memoria agradecida a la zurda de Azamoa, al parietal de Kokorin y, sobre todo, a lo que no fue.

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