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La duración de los torneos es clave para mejorar el nivel del fútbol

José Yudica, campeón con tres equipos distintos como Américo Gallego, asegura que certámenes más largos potencian el estilo tradicional del fútbol argentino.

Por José Yudica

El fútbol argentino sigue siendo uno de los más competitivos del mundo. Podrá discutirse si el nivel de juego empeoró o mejoró con respecto a otros años, pero sigo creyendo que ganar un partido en el campeonato argentino es algo muy duro. En particular, esto se vio reflejado en el último torneo que ganó Newell’s.
Se habló mucho respecto de si fue un buen o mal campeonato, pero en mi opinión creo que el desarrollo parejo que tuvo el Apertura no se debió a la mediocridad general que parece haberse impuesto, como denuncian algunos de mis colegas, sino que estuvo relacionada con una razón más simple: el sistema de campeonatos que impera en la Argentina.
Estoy convencido de que los campeonatos cortos conspiran contra el nivel de juego de los equipos y el trabajo de los entrenadores. Además, predisponen mal a la gente que concurre a los estadios, que reclama resultados con demasiada urgencia, sin entender que la victoria es sólo la consecuencia lógica de todo un proceso de trabajo que debe respetarse.
La duración de los campeonatos acortó todos los tiempos en la tarea, y eso repercute obviamente en la actitud con la cual los entrenadores encaran su trabajo. La prioridad es, ante todo, no perder. Mantener el cero, jugar pensando en lo que puede pasar en el arco propio antes que tratar de generar juego con el propósito de desequilibrar al adversario.
Los técnicos quieren conservar el cargo, y dentro de toda esta locura terminan por hacer la más simple: defenderse. Y todo esto es tan elocuente que termina por imponerse en la línea de juego que tienen todos los equipos.
Siempre hubo distintas formas de entender el fútbol: eso es claro, respetable y hasta resulta deseable que existan diferentes maneras de apreciar el juego. Pero ahora todos hacen lo mismo; primero mantener el cero, y después vemos cómo hacemos para ganar.
Y en definitiva lo que sucede es que, con este sistema, los campeones no son los mejores equipos, sino los que supieron aprovechar momentos oportunos para sacar una buena diferencia de puntos en un etapa clave. Pero si, en cambio, los campeonatos duraran un año, no habría dudas con respecto a la calidad de un campeón.
El ganador de un certamen de 38 fechas tiene que ser el mejor de todos, en este punto no hay vueltas; con uno de 19 siempre existirán objeciones en relación al verdadero nivel del ganador.
Cuando los campeonatos duraban un año, los plazos de los técnicos eran mayormente respetados. Un técnico llegaba a un equipo con una idea de juego y, si encontraba los jugadores para ponerla en práctica, por lo general le iba bien. Esto incluso se vio en los equipos chicos, en los cuales se respetaron plazos como éstos. No es casual que en la Argentina, entre mediados de los ’60 y fines de los ’80, hayan salido campeones clubes chicos como Estudiantes, Chacarita, Ferro, Quilmes y Argentinos.
Tal vez no debiera hablar de mí, pero cuando digo todo esto hablo con la autoridad que me concede mi propia experiencia. Tuve la suerte de salir campeón con tres equipos distintos de Primera: con Quilmes en 1978, con Argentinos en 1985 y con Newell’s 1987-88. En los tres casos tuve todo un año para aplicar la idea de juego que pretendía, un fútbol ofensivo y con jugadores que tuvieran buen trato con la pelota.
Por eso creo que si volvemos a los campeonatos largos podemos potenciar ese estilo de fútbol, ya que tenemos lo más importante a nuestro favor: la calidad del jugador argentino.

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"Los campeonatos cortos conspiran contra el nivel de juego de los equipos y el trabajo de los entrenadores", opina Yudica.
 
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