DEPORTES › HINCHAS ARGENTINOS PRESENTES EN EL ESTADIO

Pura fiesta en Leipzig

Página/12 en Alemania
Por Ariel Greco


“En el Este y el Oeste.” La histórica canción de la hinchada de Racing le calza a la perfección a la noche vivida por los simpatizantes argentinos en Leipzig, la única sede de la ex Alemania Oriental en el torneo: las banderas blanquicelestes, como lo habían hecho ya en Hamburgo, Gelsenkirchen y Francfort, brillaron y bailaron, esta vez, al compás de un triunfo sufrido pero festejadísimo. Otra vez, un gran número de argentinos acompañó al equipo de Pekerman, con la promesa de repetir el apoyo el viernes próximo en Berlín ante el dueño de casa. Claro, en el estadio Olímpico de la capital alemana, difícilmente se oiga de nuevo el “somos locales otra vez” que se escuchó por momentos ayer, pero esa esperanza, por lo menos, quedó expresada en los cantitos que inundaron el Zentralstadion, el coqueto y raro escenario del encuentro ante los mexicanos.

Abrazados desde la mitad de la cancha, camisetas en mano y al aire tipo poncho de Soledad, los jugadores argentinos recorrieron los sesenta metros hasta el ángulo del corner donde se ubicó el grueso de la parcialidad albiceleste, ofreciéndoles la clasificación. “Oh, Argentina/ es un sentimiento/ no puedo parar”, era la canción elegida, de uno y otro lado. Con aplausos que bajaban desde las tribunas y regresaban devueltos por los muchachos de Pekerman. Y pasaron los minutos, ya con los futbolistas en el vestuario, y la gente seguía con su fiesta: “Volveremos, volveremos/ volveremos otra vez/ volveremos a ser campeones/ como en el ’86”. Era el tiempo del desahogo tras una noche inolvidable, por la tensión previa y por el éxtasis tras el gol de Maxi. Otra vez, más de cinco mil argentinos le dieron su propio color a una noche mundialista.

Es verdad que los mexicanos eran más en número, tal vez en una proporción tres a uno. Y que durante muchos pasajes, sobre todo del primer tiempo, se hicieron notar con sus gritos, casi aullidos. Pero aburrieron con las manos en alto y el insulto cada vez que Abbondanzieri sacaba desde el arco. Y con el correr de los minutos, los hinchas argentinos terminaron de prevalecer con sus cantos. Eso sí, tan tenso era el encuentro, que se habían olvidado del rito de saludar a Maradona. Sin embargo, antes de que comenzara el alargue llegó el clásico “olé, olé, Diegó, Diegó”. Tampoco faltó la dedicatoria a los ingleses, en medio de los saltos, obvio.

A diferencia de lo que había ocurrido en los tres encuentros anteriores, los Borrachos del Tablón no estuvieron presentes, al menos como grupo identificado. Tanto en Hamburgo, como en Gelsenkirchen o en Francfort, la barra brava de River se había hecho notar con su bandera, sus camisetas y sus bombos. Ayer fue distinto, ya que la policía alemana no les permitió su ingreso por no haber permanecido en los lugares que tenían asignados en los juegos anteriores. Los que sí estuvieron fueron los barras de Independiente, que se identificaron con una bandera.

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