DEPORTES › LOS INCONVENIENTES QUE SE VIENEN PARA EL CONJUNTO DE ALFIO BASILE

El negocio no juega en la Selección

El partido ante España y la lesión de Maxi Rodríguez reabrieron el debate entre la necesidad del entrenador, los intereses de los clubes y el contrato que firmó la AFA con la empresa rusa.

 Por Gustavo Veiga

Como viene la mano, las dos derrotas de la Selección ante Brasil y España semejan daños colaterales. Los que aún no aparecen ante nuestros ojos son los problemas mayúsculos que se aproximan. “El mundo es una pelota y nosotros hacemos los partidos”, dice el slogan de World Eleven, la compañía que acercó a la AFA el contrato de 24 amistosos que paga la corporación rusa Renova. No aclara cuándo, dónde y en qué condiciones se jugarán. Como tampoco se sabe hoy qué consecuencias podría tener para ese negocio la grave lesión sufrida por Maximiliano Rodríguez en el arenal de Murcia. La primera pregunta que surge con nitidez es cómo hará Alfio Basile en el futuro para juntar once futbolistas. Y no sólo porque los clubes del exterior se pongan más duros o exijan indemnizaciones para cederlos si vuelven maltrechos; en la Argentina, con la Copa Libertadores 2007 por delante, no resultará sencillo sacarles los jugadores a Boca y River, por ejemplo. Por eso, desde ahora, el Coco debería comenzar a rezar.

José Luis Meiszner, el secretario general de la AFA, sostiene que “no se puede programar nada serio sin acuerdo dirigencial. Ojalá las necesidades de Basile se compadezcan con las necesidades de los clubes”. El técnico ya adelantó las suyas cuando difundió que en febrero próximo convocaría a jugadores del medio local para empezar a trabajar con una selección alternativa a la que utilizó hasta ahora. Y aunque no lo precisó del todo, eso significaría un plan de entrenamientos de dos días por semana, como mínimo.

La Copa América que se disputará en Venezuela a fines de junio y las Eliminatorias del Mundial 2010 que empezarán en noviembre son los compromisos oficiales que marca el calendario del seleccionado para 2007. Asimismo, Guillermo Tofoni y su empresa tienen que organizar la cuota anual de amistosos, de los que aún restan disputarse 22 hasta mediados del 2011. Si a estos partidos ineludibles se agrega que el entrenador pretende disponer de los jugadores de aquí un par de veces a la semana, será muy complicado compatibilizar los diferentes intereses.

La AFA, según determina el plan de pagos acordado con World Eleven y Renova, ya debería haber cobrado 10.500.000 dólares. Unos 9 millones por adelantado y dos veces 750 mil dólares por los encuentros con Brasil y España. Los rusos y Tofoni, el extraño agente FIFA que organiza partidos para la ONU y era un columnista frecuente de la CNN en español entre 2004 y 2005, están en condiciones legales de exigir lo que firmaron: “Nosotros pagamos para organizar partidos con una selección argentina competitiva”. Asimismo, Renova, que se dedica a la explotación del petróleo y el gas en diferentes lugares del mundo, tendría en sus manos la elección de los escenarios y el alojamiento cuando se disputan los encuentros.

Quedó en evidencia que la utilización del estadio Nueva Condomina de Murcia, al que la Unión Europea de Fútbol le dio la categoría de cinco estrellas antes de su inauguración, resultó un fiasco. La Selección no sólo perdió con España jugando muy mal; también expuso a sus integrantes a serias lesiones, como la que sufrió el volante del Atlético Madrid. Cuando se cristalizó el acuerdo entre la AFA y sus socios hubo quienes bromearon con la posibilidad de que el seleccionado nacional jugara en ex repúblicas de la desaparecida Unión Soviética o en escenarios sin tradición futbolística. Hoy, nadie podría descartar que eso ocurra.

Cuando Tofoni apenas organizaba uno que otro amistoso aislado con la Argentina, la revista Noticias le preguntó en un reportaje de 2003 qué pasaría si Marcelo Bielsa –por entonces el técnico de la Selección– se negaba a jugar determinado partido: “Tendría que justificar ampliamente su negativa”. Resulta difícil pensar que el empresario haya cambiado de opinión, movido como está por la lógica de hacer dinero. “El fútbol es mucho más de lo que nos podemos imaginar. Por eso nació World Eleven”, sostiene la compañía en su página web, donde se lo ve a Tofoni sonriente en más de una fotografía con personajes como Joseph Blatter y el propio Grondona.

Entre otros servicios, ofrece a través de su área de marketing “la organización y auspicio de partidos y torneos” para firmas que “podrán convertirse en Main Sponsors y participar de la organización de torneos o amistosos, con clubes o seleccionados nacionales. Esto les permite llevar a cabo una acción publicitaria de alto impacto comunicacional”.

Resulta evidente que la Selección es funcional a esta estrategia para canalizar las necesidades de empresas que generarán las ganancias de World Eleven. Y las fechas FIFA permiten organizar los amistosos donde confluirán un producto que se venderá por televisión (el declamado prestigio del equipo nacional) con los eventuales auspiciantes. Así cierra el paquete comercial, aunque no el deportivo. Y es que la dinámica de lo impensado a la que aludía Dante Panzeri puede ponerle palos en la rueda a cualquier negocio.

Allí está la grave lesión que sufrió sRodríguez, una cancha símil playa en la que nuestros jugadores y los españoles dejaban estelas de arena cuando corrían detrás de la pelota y las demandas que, más temprano que tarde, harán los clubes que se queden sin sus profesionales (por convocatorias o las frecuentes roturas del ligamento cruzado). Basile, que en Boca no se cansaba de ganar títulos en serie, acaba de empezar en la Selección como un jugador de truco con las peores barajas. Y el ancho de espadas ya se sabe quién lo tiene.

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Milito ante España. Además de un mal partido, la Selección sufrió la lesión de Maxi Rodríguez.
Imagen: EFE
 
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