DEPORTES › OPINION

El Negro que cambiaba títulos por rabonas

 Por Diego Bonadeo

¡Má’qué simpatizante! Hincha fanático de Racing era el Negrito Carlos Juvenal. Tanto era así que, según cuenta una leyenda para nada desmentida, durante un partido jugado en Avellaneda Juvenal recorría de ida y de vuelta el pasillo contiguo al alambrado achacándole a los gritos al referí Carlos Espósito el no cumplimiento de las reglas de juego, agitando el librito con el reglamento de la FIFA. Fanático y todo repetía hasta el cansancio desde su querible fundamentalismo: “Cambio un torneo por una rabona...”

Compartí un montón de cosas con el Negro. En el periodismo, en el deporte y hasta en la familia. Nos conocimos por allá por la década del ’60 en Deportes de La Nación. Desde entonces y hasta que se nos fue hace diez años, nos encontramos y desencontramos regularmente. Pero siempre fueron buenos encuentros y buenos desencuentros.

¡Qué personaje, Juvenal! En tiempos del viejo Sport 80 por Radio Mitre –por entonces sin V. H. Morales ni Paenzas ni Letos ni Pons– aportaba a la sección “Refranero de Mr. Ed” –disparates y barbarismos escritos o dichos en especial por personajes de época como Nimo, los Muñoz (José María y su heredero Carlos Alberto) o nosotros mismos– que engrosaban una pequeña libretita que casi siempre llevaba encima para no perderse ninguna perlita de aquéllas.

Tiempo después, por Canal 9, con Ezequiel Fernández Moores y algún olvidable personaje más, con la excusa del deporte, debatíamos por ejemplo, si era verdad que los ridículos moños de Dante Zavatarelli se confeccionaban con retazos de las cortinas y gobelinos de la casa de José María Muñoz.

Juvenal me invitó a compartir programas con él y a la recíproca, Los buenos y los malos en la recordada y entrañable Radio Belgrano de fines de 1983 hasta promediando 1985, trató de preservar el espíritu de Sport 80, pero con otros personajes. A este columnista se le sumaron, y cómo, Juvenal, Alejandro Fabbri, Ezequiel Fernández Moores y luego Marcelo Manuele. Más de una vez caía sobre la hora el Negro, con las manos engrasadas y puteando al distribuidor del auto. Tomaba los clasificados de Clarín y mientras los demás debatíamos sobre las limitaciones futbolísticas de Pasucci, Juvenal se sorprendía al aire analizando concienzudamente el raye del tipo que en el diario ofrecía canjear un perro por un televisor.

Pasó por La Razón de Timerman después de trabajar en Córdoba. Escribió algún libro –Los buenos muchachos si la memoria no falla–, alguna especie detectivesca para nada recordable por televisión y tantas cosas más. Dejó tambien marcada su impronta en el canal de cable VCC. Pero, encontrados o desencontrados, creo que lo que siempre nos mantuvo cerca fue el respeto por el legado del gran Dante Panzeri.

Con el Negro tuve el privilegio de compartir la primera época de Fútbol prohibido cuando él ya era columnista de Clarín y lo último que hicimos juntos fue celebrar en un club de Vicente López los 25 años de la palomita de Aldo Poy en aquella final contra Newell’s en la cancha de River el 19 de diciembre de 1971.

Allí estuvimos juntos con centenas de hinchas de Rosario Central y prácticamente todos los integrantes de la OCAL (Organización Canalla Antileprosa) hasta las primeras horas del 20 de diciembre de 1996.

Alrededor de las cuatro de la mañana me despertó el timbre del teléfono. Era Nora, la mujer del Negro. Creo que solamente dijo “Diego, se murió Carlos”. Creo que solamente dije “Nora, voy para allá”. Y allá fuimos con mi mujer.

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