DIALOGOS › ENTREVISTA POSTUMA AL LIDER SINDICAL SAUL UBALDINI

“No es cierto que hubo absoluta pasividad con Menem”

El dirigente cegetista muerto una semana atrás concedió en 1999 una entrevista al Instituto de Investigaciones de Historia Económica y Social de la UBA que nunca se publicó. Aquí, Página/12 la reproduce a modo de documento. Ubaldini responde sobre la división sindical en la dictadura, la era Alfonsín, los derechos humanos, el gobierno menemista.

 Por Mario Rapaport y Ricardo Vicente *

En julio de 1999, investigadores del Instituto de Investigaciones de Historia Económica y Social de la UBA le hicimos una entrevista vía mail a Saúl Ubaldini en el marco de un proyecto que teníamos y que nunca se publicó. La idea era realizar entrevistas a diferentes protagonistas de la historia reciente para la revista Ciclos. En esa iniciativa inconclusa, este reportaje quedó archivado, y hoy adquiere relevancia. En los últimos años, el líder gremial ocupó una banca de diputados en el Congreso de la Nación y casi no realizó declaraciones públicas. Pocas veces realizó un recorrido sobre acontecimientos que lo tuvieron como protagonista de fuerte impacto público. Este reportaje, entonces, adquiere suma importancia, y es un documento histórico destacado, porque Ubaldini expone su visión de la respuesta sindical durante los años de la dictadura, su participación como jefe de la CGT en los turbulentos años del alfonsinismo y el apoyo silencioso de la central obrera a las políticas de desestructuración del universo laboral.

–Durante la dictadura militar (1976-1983) el movimiento sindical experimentó una división. ¿Qué factores contribuyeron a esa división? ¿Cuáles fueron las dificultades que impidieron el logro de la unidad de acción?

–Siempre en el movimiento obrero, como en cualquier otro estamento de nuestra sociedad, existieron diferentes alineamientos. Durante la dictadura militar, donde muchas grandes organizaciones sindicales estuvieron intervenidas y sus dirigentes encarcelados, como en mi caso particular por aplicación de la ley 21.400 de seguridad nacional, y pese a los matices y a algunas pocas defecciones, el movimiento obrero estuvo unido. En ese sentido, tengo el orgullo de decir que el primer obstáculo serio que se opuso al devenir dictatorial tuvo como protagonistas a los trabajadores en una jornada, yo diría épica, como fue la huelga del 27 de abril de 1979. En razón de ello se puede afirmar que hubo unidad tanto en la organización como en la acción.

–Tradicionalmente, el protagonismo sindical estuvo en manos de dirigentes pertenecientes a grandes gremios industriales. ¿Cómo explica su propia proyección al frente de la CGT-Brasil siendo representante de un gremio de menor envergadura?

–El movimiento obrero tradicionalmente tuvo a los grandes gremios industriales como una de sus columnas más importantes. Las circunstancias históricas me dieron el honor de haber sido elegido por mis compañeros como secretario general de la Confederación General del Trabajo.

–Dado que la mayoría de los desaparecidos durante la dictadura militar pertenecía al movimiento obrero, ¿cómo puede explicar que dentro de la dirigencia gremial el reclamo por las víctimas de la represión no tuviera la intensidad que caracterizó a las demandas que en el mismo sentido formularon las organizaciones defensoras de los derechos humanos?

–Las organizaciones que específicamente nacieron para la defensa de los derechos humanos contaron siempre con todo nuestro apoyo. Asimismo, por primera vez en la historia sindical, la Confederación General del Trabajo, siendo yo su secretario general, contó con un Departamento de Derechos Humanos que estaba a cargo de un excelente compañero lamentablemente fallecido como fue mi querido y entrañable amigo el camionero Ricardo Pérez, a quien desde estas páginas rindo emocionado homenaje por su inclaudicable lucha en la defensa de los derechos humanos.

–En el primer tramo de la gestión del presidente Alfonsín se promovió una ley de “normalización sindical”. ¿Cuáles fueron los fundamentos de la oposición sindical al proyecto?

–El proyecto de normalización sindical promovido en la Presidencia del Dr. Alfonsín y conocido como proyecto de ley “Mucci” por el apellido de su ministro de Trabajo, tenía como antecedente el Decreto 969/66 dictado por el gobierno radical de entonces, que fue calificado como “decreto mordaza” por el movimiento obrero. Nuestra oposición, democrática por cierto, radicó en que se pretendía la fragmentación del movimiento obrero y que en su esencia responde de manera similar a la filosofía de la última ley de reforma laboral del gobierno actual (N. de la R.: el del segundo mandato de Carlos Menem).

–A mediados de 1984, el gobierno del presidente Alfonsín abrió una etapa donde hubo varios intentos de concertación con empresarios y gremialistas. ¿Qué factores llevaron al fracaso de esas tentativas?

–Lamentablemente, el gobierno del doctor Alfonsín no logró, pese a nuestra aspiración en ese sentido, articular mecanismos de concertación social, tal vez por influjo de algunos sectores económicos dominantes.

–Se ha argumentado que las numerosas huelgas generales dispuestas por la conducción cegetista durante la presidencia de Alfonsín contribuyeron a la erosión del gobierno. ¿Qué evaluación le merece este argumento? ¿Cómo puede explicar la pendularidad sindical entre esta actividad huelguística y los diversos acercamientos con el gobierno en búsqueda de una concertación?

–Probablemente, las medidas de acción directa resueltas por la C.G.T. durante la gestión del doctor Alfonsín hayan influido en el deterioro de su gobierno, pero todos y cada uno de esos movimientos respondieron a la necesidad de tutelar las conquistas y los derechos de los trabajadores, ya que ése es el rol específico de la conducción sindical. Nosotros cumplimos con el mandato de los trabajadores. También paramos en defensa de la democracia en la asonada golpista de Semana Santa. En cuanto a la pendularidad a la que usted se refiere, considero que no debe tener una carga peyorativa. El movimiento obrero argentino siempre busca el diálogo y la concertación. Cuando no dan resultados confronta. Creo por otra parte que ésta es la metodología correcta. Ni solo confrontar, ni solo dialogar cuando se advierte que es un diálogo de sordos o para la vidriera.

–En los primeros años de la gestión del presidente Menem la política laboral fue claramente ofensiva hacia el movimiento sindical. Sin embargo, en contraste con lo sucedido durante el gobierno de Alfonsín, hubo una absoluta pasividad en materia de huelgas generales. ¿A qué factores atribuye esa pasividad en momentos en que aquella ofensiva era más intensa?

–A nadie se le escapa que la CGT–Azopardo cuestionó siempre las medidas del gobierno del doctor Menem en cuanto lesionaban derechos de los trabajadores. No es cierto que hubo absoluta pasividad. Le recuerdo que el 21 de marzo de 1990 realizamos el primer acto masivo en repudio a la política de privatizaciones. El día 9 de noviembre de 1992 se hizo el primer paro general y de ahí en más el movimiento obrero protagonizó muchas jornadas de lucha de toda índole, incluyendo por supuesto paros generales como fueron los de setiembre de 1995, el mismo mes de 1996, diciembre de ese año, etc.

–Desde 1955, la CGT experimentó varias divisiones. Antes del gobierno de Menem se producían cuando el peronismo se encontraba en la oposición y confrontaba con gobiernos adversos. ¿Cómo puede explicar la división gestada en 1989 durante un gobierno que poco antes había ganado las elecciones con el apoyo del sindicalismo peronista? ¿Qué factores contribuyeron a la desintegración de la CGT bajo su conducción, durante el gobierno de Menem?

–Como le decía al principio, en el movimiento obrero históricamente coexistieron quienes tienen mayor inclinación hacia el diálogo y quienes lo tienen hacia la presión. Si las medidas de acción directa no fueron más, o no incluyeron a todos, creo que debe haber sido por cuanto algunos compañeros todavía confiaban o tenían esperanzas en el origen peronista de ese gobierno. En cuanto a su último interrogante sobre la CGT-Azopardo, le quiero contar que siempre anidó en mi espíritu la idea de la necesidad de unidad del movimiento obrero y más específicamente de la conducción ya que las bases lo están. La experiencia indica que cuando los dirigentes sindicales se unen es cuando se defiende con mayor eficacia los intereses de la clase trabajadora. Fue precisamente por esta filosofía que en 1992 se desintegran los dos sectores, Azopardo y San Martín, y se reunifica en una sola CGT. Observe cuánta verdad hay en esta afirmación que a partir de la unidad se opera la primera huelga general, el 9 de noviembre de ese año.

* Instituto de Investigaciones de Historia Económica y Social. Facultad de Ciencias Económicas (Universidad de Buenos Aires).

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