ECONOMíA › WALL STREET ARRANCO CON FUERTES CAIDAS Y TERMINO CON IMPORTANTES AUMENTOS

Una cátedra de histeria financiera

Nuevos datos sobre la marcha de la economía de Estados Unidos hubieran dado motivos de sobra para otra caída record de las acciones, pero en medio de la especulación los índices cerraron en alza. La recesión es cada vez más evidente.

 Por Cristian Carrillo

El mercado dio nuevamente cátedra en materia de histeria financiera. Ni los datos de la economía mundial ni los anuncios de las autoridades de Estados Unidos fueron ayer en dirección a mejorar el ánimo de los inversores. Sin embargo, la Bolsa de Nueva York se disparó como en las mejores épocas. Wall Street cerró con su índice estrella, el industrial Dow Jones, con un alza de 4,6 por ciento. En el medio se retrajo, subió y volvió a caer. Los analistas ensayaron algunas explicaciones poco satisfactorias en torno de los precios del petróleo y una mayor confianza en que se reactive el consumo gracias a una inflación que se ubicó en “cero”. En cambio, el anuncio de que la producción industrial en Estados Unidos se desplomó en septiembre 2,8 por ciento, el incremento en el endeudamiento externo y los malos resultados operativos de algunos gigantes bancarios deberían haber provocado otra caída histórica. En Europa, por su parte, siguió un “más entendible” pesismismo que afligió a las Bolsas de los distintos países. Las plazas europeas cerraron con caídas en torno del 5 por ciento, mientras que en Asia, el Nikkei de Tokio se precipitó 11,5 por ciento. En la región, Brasil perdió 1,1 por ciento y la Argentina terminó casi sin cambios (ver aparte).

La rueda de ayer fue un claro ejemplo de que el mercado está movido por los “animal spirits” y no por la razón, como describió John Maynard Keynes. Los inversores se propusieron tener un buen día y, pese a todo, lo tuvieron. Desde temprano, las noticias y las cifras provenientes de departamentos de estadísticas norteamericanos daban otra vez cuenta de la frágil situación de la principal economía del planeta. La Reserva Federal estadounidense informó que la producción industrial cayó el mes pasado 2,8 por ciento, el mayor retroceso de la actividad desde diciembre de 1974. El derrape fabril superó incluso el pronóstico privado más pesimista, que lo ubicaba 0,8 por ciento abajo. El Tesoro informó además un excedente en la cuenta de capitales de 14.000 millones de dólares en agosto, por encima de los 8600 millones registrados en julio.

La actividad en el sector industrial de la región de Filadelfia (noreste estadounidense) se contrajo fuerte en octubre. El índice que mide las condiciones del ramo cayeron 37,5 puntos, la mayor baja mensual de toda su historia. Los analistas preveían un número negativo de 5 puntos. En septiembre, la actividad había registrado un salto inesperado a terreno positivo, de 3,8, luego de nueve meses en rojo, según informó la Reserva Federal del estado de Filadelfia. Conocido este dato, el Dow Jones se ubicó 0,3 por ciento abajo de la víspera, luego de haber avanzado un 1,7 y retrocedido un 4,4 por ciento, tan sólo en las primeras horas de operación. Finalmente cerró con un alza de 4,6 por ciento. Mientras que el índice de empresas tecnológicas Nasdaq avanzó 5,5 por ciento. Este indicador se vio impulsado por Google, que elevó un 26 por ciento su beneficio neto en el tercer trimestre de 2008 hasta los 1346 millones de dólares, lo que demuestra que pese al sacudón financiero mundial, las empresas tecnológicas logran escapar a la debacle.

Todo lo contrario ocurre con empresas productoras de bienes: General Motors informó sobre una nueva ronda de despidos. La compañía prevé desafectar a partir del primer trimestre de 2009 a alrededor de 1600 trabajadores en tres plantas de montaje en Estados Unidos. La causa: la caída de la demanda. Esa cifra se suma a los 2700 puestos que la empresa automotriz eliminará con el cierre de dos plantas en ese país, una de producción de “todoterreno” y otra de estampado de metales.

Los bancos siguen con sus malas cuentas. Los estadounidenses Citigroup y Merrill Lynch cerraron el tercer trimestre con fuertes pérdidas. El Citi anunció un rojo de 2800 millones de dólares y Merrill Lynch, de 5150 millones. Estos dos, junto al Wells Fargo, JP Morgan, Bank of America, Morgan Stanley, Goldman Sachs, Bank of New York Mellon y State Street encabezan la lista de entidades que serán parcialmente estatizadas por el gobierno, gracias a una inyección de 250.000 millones de dólares. El secretario del Tesoro, Henry Paulson, anunció que otros bancos están interesados en que la administración Bush entre como accionista. Paulson dijo además que “por ahora” las adquisiciones se limitarán a instituciones financieras “reguladas”.

“No hubo una noticia concreta y el mercado siguió volátil”, reconoció la analista de Puente Hnos, Mariana Diehl. Una explicación que se ensayó en los mercados fue la baja del petróleo. El crudo cerró ayer por debajo de los 70 dólares, debido a que las reservas de petróleo en Estados Unidos se incrementaron más de lo previsto. El stock petrolero norteamericano aumentó en 5,6 millones de barriles la semana pasada para situarse en 308,2 millones. Si bien es un indicador de la debilidad del consumo en ese país, para los operadores fue un signo de que podrían estabilizarse los precios. “Para algunos analistas la recesión podría verse compensada en parte por una menor inflación”, explicó Diehl. El departamento de Trabajo informó que el índice de precios minorista se mantuvo sin cambios durante septiembre.

La cifra sirvió también para especular con otro posible recorte de tasas de la Fed, nuevamente en coordinación con el resto de los principales bancos centrales del globo, ya que sin inflación es más fácil llevar a cabo esa política expansiva. Hasta el momento son todas especulaciones. De hecho, el presidente de la Reserva Federal de Minneapolis, Gary Stern, solicitó un mayor esfuerzo de los reguladores estadounidenses para detectar burbujas en el precio de los activos. Pueden empezar analizando la jornada de ayer.

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La rueda de ayer fue un ejemplo de que el mercado está movido por los “animal spirits” y no por la razón, como describió Keynes.
Imagen: AFP
 
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