ECONOMíA › FUERTE ALZA MUNDIAL EN EL PRECIO DE LOS ALIMENTOS. LA REACCION DE LOS PAISES ARABES

La especulación alimenta la crisis

En enero se produjo una nueva suba en el precio de los alimentos, por séptimo mes consecutivo, en los mercados mundiales. Fuertes compras de los países árabes para formar stocks. Crece la ola especulativa sobre los mercados de commodities.

 Por Raúl Dellatorre

Un informe de la FAO difundido esta semana da cuenta de una nueva suba, la séptima mensual consecutiva, en el precio de los alimentos a nivel mundial. La actual convulsión en los países árabes aparece atada, en parte, a esta amenaza de encarecimiento de los alimentos, pero los temores son mayores aun para las naciones más pobres del mundo, por el riesgo de que esta alza de precios pueda transformarse en hambruna. Los países exportadores de cereales por ahora disfrutan del beneficio de las rentas extraordinarias, aunque buena parte de éstas se basa en las operaciones especulativas en los mercados de commodities demostrando, una vez más, que los mismos factores que llevaron a la debacle al sistema financiero mundial, hoy sobrevuelan sobre el sistema capitalista global de distribución de las materias primas.

Los datos recabados por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señalan una variación de precios para enero del 3,4 por ciento respecto de los vigentes en diciembre. El indicador toma como base la evolución de una canasta de alimentos formada por los rubros Cereales, Aceites y grasas, Productos lácteos, Azúcar y Carne. El valor índice registró en enero la séptima suba mensual consecutiva y refleja el nivel más alto desde que la FAO comenzó a utilizar esta metodología, en el año 1990, para medir el precio de los alimentos a nivel mundial.

Todos los rubros de productos básicos monitoreados registraron fuertes subas en enero, a excepción de la carne que se mantuvo en los mismos niveles de diciembre. Los cereales aumentaron un 3 por ciento con respecto a diciembre pasado, pero su número índice todavía se mantiene por debajo del máximo alcanzado en abril de 2008. También se incrementaron los precios del aceite en un 5,6 por ciento, los productos lácteos un 6,2 por ciento, y el azúcar un 5,4 por ciento.

El descenso de los precios de la carne en Europa, causado por la falta de confianza de los consumidores tras un escándalo por presunta contaminación por dioxinas en Alemania, fue compensado por un ligero aumento en los valores de las exportaciones de Brasil y Estados Unidos.

Tanto en Túnez, donde terminó con el derrocamiento del gobierno, como actualmente en Egipto, e incluso en los territorios vecinos de Argelia y Yemen, un eje común de los disturbios es la imposibilidad de una importante proporción de la población de acceder a los alimentos y servicios básicos, como vivienda, transporte y educación. Algunos de los países de la región árabe, poderosos en reservas de hidrocarburos pero dependientes de la importación hasta en un 60 por ciento de su alimentación, buscan apurar compras de cereales y otras materias primas para formar stocks.

Uno de ellos es Arabia Saudita, cuyas autoridades adelantaron que esperan duplicar sus reservas de trigo en los próximos tres años, elevando sus importaciones anuales a 2,6 millones de toneladas, 30 por ciento más que en 2010. La misma política seguirá el gobierno saudita con respecto a la cebada, el arroz y el azúcar. Argelia, por su parte, confirmó en enero que compró casi un millón de toneladas de trigo y ordenó seguir acelerando las importaciones de cereales.

El foco de los miembros de la OPEP –entre los países árabes son siete– está puesto en la acumulación de alimentos. Entienden que no hay garantías que en la carrera de precios, el del petróleo iguale el ritmo de encarecimiento de los alimentos, y el efecto demostración de lo ocurrido en Túnez y Egipto promueve la formación de altos stocks de prevención a la exacerbación de las demandas. También pesa la historia reciente, ya que el alza de los alimentos entre los años 2007 y 2008 provocó disturbios en varios países árabes del norte de Africa y Medio Oriente, aunque sin las consecuencias que están a la vista actualmente. En aquellos momentos, el petróleo había trepado hasta un record de 147 dólares, horizonte que ningún miembro de la OPEP se arriesgaría a prometer que se repetirá.

Pero esta tendencia a la acumulación de stocks, sumado a los movimientos especulativos en el mercado, hace prever nuevas alzas. Ante las perspectivas de encarecimiento y escasez de alimentos, muchos fondos especulativos de alto riesgo (los hedge funds) están apostando a los granos como promesa de altos rendimientos financieros. Los mercados de futuro vuelven a ser factor de desestabilización y no lo contrario, para lo que se suponía que fueron creados. A mayor tensión, más especulación. Los mismos fondos que ya no encuentran tanto atractivo en apostar al default de los países deudores latinoamericanos, ahora ven en una crisis en la seguridad alimentaria “una oportunidad”. Y con ello, aumentan la posibilidad de que suceda.

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La producción de trigo y maíz, con dificultades en varios continentes. Temores de escasez.
Imagen: efe
 
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