ECONOMíA › LA EVOCACION DEL GRITO DE ALCORTA Y EL FUTURO DE LA RELACION GOBIERNO-FEDERACION AGRARIA

Cien años después, un paso adelante

El anuncio de la construcción de un monumento al Grito de Alcorta reunió ayer a los ministros de Agricultura, de Economía y al titular de la Federación Agraria. Gestos políticos y expectativas por una nueva relación entre Gobierno y productores.

 Por Raúl Dellatorre

Eduardo Buzzi fue anfitrión ayer de Julián Domínguez y Amado Boudou, en un acto muy significativo.
Imagen: Télam.

Por su significado histórico, pero además por las circunstancias políticas, el acto en el que ayer se firmó el compromiso para la construcción de un monumento al Grito de Alcorta en Santa Fe presentó más de un atractivo. El evento reunió al ministro de Agricultura y hombre clave seguramente en la futura composición de la Cámara de Diputados, al ministro de Economía con alta probabilidad de ser el futuro vicepresidente de la Nación, y al dirigente más cercano a los intereses de la pequeña y mediana burguesía agraria y más alejado, hoy, de los sectores de la Mesa de Enlace que pretendieron ser bandera y vanguardia de la oposición al gobierno nacional. Julián Domínguez, Amado Boudou y Eduardo Buzzi compartieron el estrado y la foto, quizá con expectativas distintas, pero conscientes de que estaban produciendo un hecho novedoso en el escenario político actual.

El próximo año, el 25 de junio, se cumplirán cien años del Grito de Alcorta, la rebelión agraria que se inició al sur de Santa Fe, se extendió luego a todo el territorio pampeano y dio origen a la organización de los chacareros en la Federación Agraria. Fue la respuesta de los pequeños productores al modelo agroexportador de la Generación del ’80, un modelo excluyente y a favor de la concentración de la tierra y el comercio exterior. De allí la actualidad de la recordación, porque pone de manifiesto un conflicto de intereses no resuelto en la economía argentina y, además, divide aguas entre los intereses que defienden las entidades que conformaron la Mesa de Enlace. Se podría decir que el Grito de Alcorta es la rebelión de los chacareros de la Federación Agraria contra los dueños de estancias de la Sociedad Rural.

La presencia y los discursos de ayer en Alcorta, Santa Fe, no estuvieron lejos ni ignoraron esta caracterización. “Un gobierno peronista tiene que estar necesariamente al lado del pequeño y mediano productor”, señaló en tono doctrinario Julián Domínguez. “Uno de mis anhelos como ministro era colaborar en un pedido histórico de Federación Agraria, que es el monumento del Grito de Alcorta, una gesta histórica que marcó para siempre la historia agraria argentina”, afirmó, añadiendo luego que “mi propia vida y la de mi familia están ligadas a la historia de la Federación Agraria, por eso esta iniciativa toca mis propias tradiciones y costumbres, ya que me siento socialmente federado y filosóficamente cooperativista”.

El ministro de Agricultura pasó luego, en el mismo discurso, de lo simbólico a los gestos más explícitos, al hacer un reconocimiento a la dirigencia de Federación Agraria “por entender que hay que transitar por el mismo camino, más allá de las diferencias circunstanciales”.

Para Buzzi y la Federación Agraria, sin embargo, no todos los gestos de acercamiento y abrazos amables desde el Gobierno le llegan como un beneficio en sus cuentas. Todavía hay una franja importante –si bien no tan mayoritaria como años atrás– que conserva la imagen de que “al Gobierno no le importa el campo”, acuñada en tiempos de la confusa pelea por las retenciones móviles a la soja de la resolución 125 (año 2008). Son los que no felicitarán a Buzzi por su foto de ayer. Hay otra franja de productores que reconoce que las políticas de Julián Domínguez les han llevado alivio a muchos emprendimientos cooperativos, facilitando la recuperación de unidades productivas, pero todavía esperan que haya políticas de fondo que cambien la distribución de la renta agraria, todavía muy favorable a los grandes productores, pooles de siembra y multinacionales cerealeras. Estos son los que ven con expectativa gestos como los de ayer, pero le reclaman continuidad en propuestas políticas consensuadas con el sector.

Los dirigentes agropecuarios, en particular los ligados al movimiento cooperativo y a los chacareros, le reconocen a Domínguez que caminó el campo como ningún funcionario nacional antes, y que “le dio institucionalidad al sector, construyendo un ministerio de lo que antes era una devaluada secretaría periférica”. Pero también reclaman para el titular de Agricultura “mayor capacidad de maniobra” para ejecutar políticas que se necesitan para una transformación estructural del sector. En este último sentido, las palabras de Amado Boudou en el mismo acto merecieron una particular atención. El ministro de Economía se comprometió a impulsar “una nueva ruralidad, que nos permita seguir avanzando en la inclusión social, generar nuevos puestos de trabajo y darle mayor valor agregado a nuestra producción (...). En la Argentina que estamos construyendo hay lugar para todos”, concluyó.

El propio Eduardo Buzzi les dio la significación a las palabras de los ministros. “El hecho de que quien puede ser el futuro vicepresidente del país venga a alentar un país productivo, que aliente el valor agregado, el de-sarrollo rural, en definitiva una agricultura con agricultores, es para nosotros un hecho auspicioso”, señaló a Página/12 tras el acto en Alcorta. “Que se haya elegido el Grito de Alcorta y la Federación Agraria para este homenaje significa que algo pasó en todo este tiempo”, agregó. “Pero es auspicioso en la medida en que la invitación que nos formulan para participar en la unidad nacional y construir un país para todos se traduzca en proyectos que permitan alcanzar esos objetivos. Si es un amague más sin cambios de política, nos volverán a encontrar en la trinchera”, advirtió el dirigente que ayer ofició de dueño de casa, pero no pudo evitar el protagonismo de la visita.

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