ECONOMIA › STIGLITZ PIDIO FIJAR REGLAS PARA LA REESTRUCTURACION DE DEUDAS

Una nueva arquitectura global

El Premio Nobel de Economía criticó a los fondos buitre y al juez Thomas Griesa y remarcó la necesidad de crear un esquema legal para proteger a los países soberanos del accionar de los fondos especulativas.

 Por Sebastián Premici

“Es necesario un sistema global para la reestructuración de deudas.” Con este título, el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz publicó ayer un artículo de opinión en The New York Times en el que cuestionó el accionar de los fondos buitre y las distintas resoluciones de la Justicia norteamericana que beneficiaron a los especuladores de NML Capital y Aurelius, entre otros. “Los fondos buitre –un pequeño número de acreedores que quedaron afuera de la reestructuración de la deuda argentina– no tenían ningún interés en el país o su gente. Recogieron sus bonos en una barata, con la esperanza de que al gastar lo suficiente en litigios legales, finalmente encontrarían un juez comprensivo, que no entendiera qué es lo que se estaba debatiendo y fallase a su favor.” Así de contundente fue la reflexión del ex jefe de economistas del Banco Mundial y actual profesor en la Universidad de Columbia. Más allá de las distintas apreciaciones sobre el accionar de los fondos buitre, la clave de este complejo proceso radica en la necesidad de crear una arquitectura legal para proteger a los países soberanos del accionar de los buitres.

“La creciente complejidad del mercado financiero hace que sea más difícil para las naciones en desarrollo liberarse del peso de su deuda externa, lo que produce un incremento de la desigualdad a escala global. Los buitres han invocado el imperio de la ley, pero debemos ser claros: se trata de la codicia. Al argumentar que todos los inversores deben ser tratados de la misma manera han socavado el imperio de la ley y lograron que las reestructuraciones de deuda sean casi imposibles”, explicó Stiglitz.

El economista de la Universidad de Columbia fue una de las voces que se pronunció en contra de los fallos de primera y segunda instancia de la Corte de Nueva York al constituirse como amicus curiae ante la Corte Suprema de Estados Unidos. Anteayer, más de cien economistas de distintas universidades y centros de investigación del mundo enviaron una carta al Congreso norteamericano para reclamar la redacción de una legislación específica sobre reestructuraciones de deuda. Estos pronunciamientos están en sintonía con las declaraciones diplomáticas de los países de la Unasur, los Brics, el G-77 y la OEA.

“El Fondo Monetario Internacional propuso la existencia de un sistema mundial de reestructuración de deuda, en el momento del default de la Argentina en 2001, y la Comisión de las Naciones Unidas de Expertos, de la cual yo era el presidente, reiteró el pedido para crear un sistema de este tipo en 2009. El gobierno de EE.UU. vetó la iniciativa. Y ahora, los tribunales de Estados Unidos han hecho de este problema algo mucho peor”, recordó Stiglitz.

Las reformas dentro del FMI habían sido propuestas por Anne Krueger. Para que este organismo pueda aprobar las modificaciones de sus reglamentos o un esquema de reestructuración de deuda se necesita el 85 por ciento del poder de voto de los países que lo integran. Como Estados Unidos concentra el 17 por ciento del total de votos, lo que significa poder de veto, la reforma nunca prosperó. Por eso para modificar el statu quo del sistema financiero internacional es necesario el consenso impulsado a través de las distintas organizaciones internacionales.

“Los buitres ni siquiera deben tener un interés económico al pretender un resultado exitoso en sus litigios. Podrían haberse asegurado contra un default, incluso pueden ganar más dinero con una cesación de pagos que sin ella. Evitar el default mediante la transferencia de dinero desde Argentina hacia algunos multimillonarios creará más desigualdad. Pero esto no es sólo una cuestión de justicia. Los buitres han impuesto enormes daños en los mercados globales de deuda soberana y en aquellos países cuyo bienestar depende de ellos, especialmente en los mercados emergentes y los países en desarrollo”, remarcó el Nobel de Economía.

El “caso argentino” ya tuvo sus repercusiones a nivel internacional. Por ejemplo, las plazas financieras de Inglaterra y Luxemburgo establecieron una regulación para resguardarse ante los reclamos minoritarios de los fondos buitre. El propio jefe de Gabinete de Argentina, Jorge Capitanich, sostuvo que el país podría recurrir a la Organización de las Naciones Unidas para impulsar una convención sobre reestructuraciones de deuda.

“Estas reestructuraciones son necesarias para que la economía de mercado funcione. Pero, por desgracia, mientras que nosotros (por Estados Unidos) tenemos un sistema para hacer frente a la bancarrota privada, no tenemos ningún sistema para las reestructuraciones de deuda soberana. Esto no es un juego de suma cero; es un juego de suma negativa, donde las pérdidas para el resto del mundo serán, en todo caso, muy superiores, incluso más superiores a las ganancias que acumulan los buitres”, concluyó Stiglitz.

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“Los buitres han invocado el imperio de la ley, pero debemos ser claros: se trata de codicia”, sostuvo.
 
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