ECONOMíA › CRECEN LOS CONFLICTOS SECTORIALES AL RITMO DE LA INFLACION

Los empresarios se suben al ring

Con la tensión por el aumento de precios, se desataron peleas generalizadas. El fin es la rentabilidad. Cómo actúa el Gobierno.

 Por David Cufré

La guerra entre supermercados chinos y las grandes cadenas no es la única que convulsiona al mundo empresario por estos días. Con el Gobierno lanzado a buscar culpables por los aumentos de precios, los conflictos entre sectores se potenciaron. Por un lado, nadie quiere aparecer como responsable por el alza del costo de vida. Por el otro, la competencia es por negocios y por márgenes de rentabilidad. Los consumidores son espectadores y, muchas veces, víctimas de las peleas.
Confrontan los tamberos con la industria láctea, los exportadores con las empresas orientadas al mercado interno y éstas con los proveedores de envases tetrabrik. Discuten los frigoríficos con los curtidores. Están furiosos en la industria plástica por lo que le cobran los petroquímicos. Los fabricantes de indumentaria acusan a los productores de hilados de aumentos desmedidos. Las compañías alimenticias se quejan del costo del vidrio para envases. Automotrices y firmas de electrodomésticos no dejan de recordar el salto del precio de la chapa que aplicó Techint desde la devaluación.
Los enfrentamientos se dividen en tres grupos: fabricantes de bienes de consumo final contra proveedores de insumos básicos (acero, aluminio, vidrio, petroquímicos, hilados, cemento, todos muy concentrados, entre los principales), productores de alimentos para el mercado interno contra exportadores e industriales en general contra supermercados y shoppings (formadores de precios de la cadena de comercialización). El Ministerio de Economía mira y escucha todos los reclamos. En algunos casos interviene, para neutralizar las expectativas inflacionarias, y en otros –como el de insumos básicos– deja que arbitre el mercado con la ley del más fuerte.
Hasta ahora, Roberto Lavagna cargó contra exportadores alimenticios y el ala política, con Néstor Kirchner a la cabeza, puso en la mira a las grandes cadenas de supermercados. Ambos tienen un discurso muy armado para referirse a otro nudo de tensión empresaria en el que el Gobierno decidió participar: la defensa de sectores industriales como calzados, juguetes, textiles o línea blanca amenazados por la importación china o brasileña.
Una característica común a todos los conflictos es que las partes recurren al Gobierno para dirimirlos a su favor. Además de la visita de Lavagna a la Unión Industrial, las últimas dos semanas hubo un desfile de empresarios por el Palacio de Hacienda. “El Estado tiene una capacidad regulatoria que puede inclinar la balanza para un lado u otro”, explica Andrés López, del Cenit. Los importadores, los productores rurales, de lácteos y carnes afectados por las retenciones y los hipermercados que temen nuevas regulaciones son quienes más protestan por la política oficial.
El partido entre fabricantes de bienes de consumo y sus proveedores principales lo vienen ganando estos últimos por goleada. Lo muestra la comparación entre el índice de precios mayoristas y minoristas. El primero subió 148 por ciento desde diciembre de 2001 a junio de 2005 y el segundo, 64 puntos en el mismo período.
El último relevamiento de precios mayoristas del Indec incluye un informe sobre lo que ocurrió en este tiempo entre algunos productores de insumos básicos y sus clientes. La conclusión es que “se puede observar claramente que los índices de insumos básicos presentan niveles superiores a los productos que los utilizan como consumo intermedio”. Da los ejemplos de la chapa de acero inoxidable y la mesada, el de cueros curtidos y artículos de marroquinería y el de fibras de algodón y los pantalones, con subas en los primeros que llegan a duplicar a la de los segundos. Más de un industrial se queja de que Lavagna no mueve un dedo contra los monopolios formadores de precios y, encima, les entrega dinero a través de la obra pública y subsidios para la inversión.
En el ámbito de los productores alimenticios, los cruces más violentos se dieron en el sector lácteo. La Serenísima, dedicada casi con exclusividada atender la demanda local, presionó por una suba de las retenciones a la leche en polvo que exportan compañías como La Sibila, Dreyfus, Milkaut y Williner. Las compras crecientes de estas firmas tiraba para arriba el precio de la leche que entregan los tamberos. A pesar del aumento de retenciones, que afecta a tamberos y exportadores, La Serenísima y SanCor encarecieron sus productos hasta un 8 por ciento.
La disputa entre grandes cadenas de supermercados y los gerenciados por chinos se explica por el crecimiento de estos últimos. En la Capital Federal ya están empatados en la venta de bienes alimenticios y en el Gran Buenos Aires ganan los asiáticos. Los industriales les apuntan a los grandes y a los shoppings por el encarecimiento de los alquileres. “Si el Gobierno quiere parar la inflación, tiene que controlar a los formadores de precios”, se obsesionan los industriales, en medio de la pelea.

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Comparar precios y elegir bien se convirtió en una tarea para verdaderos especialistas.
 
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