EL PAíS › MIGUEL BONASSO, DIPUTADO NACIONAL

“En las listas hay unos cuantos escorpiones”

Kirchnerista y amigo del Presidente, no se calla sus críticas y desacuerdos. Como aquello de “construir con ladrillos de bosta” o la necesidad de avanzar más rápido sobre la desigual distribución del ingreso.

 Por Martín Piqué

Miguel Bonasso está sentado en un sofá y tiene a sus pies al personaje de uno de sus libros: su perro Moncho, que aparecía en el final de Don Alfredo, la biografía de Alfredo Yabrán. Rodeado de antigüedades y libros, el diputado, escritor y periodista en licencia, con todo el costo que eso implica (“extraño muchísimo”, confiesa), comienza la entrevista hablando del pasado. Resulta inevitable ante los retratos de sus padres que cuelgan detrás de él. Ambos lucharon en la guerra civil española: él, hijo de piamonteses y troskista; ella, vasca y miembro de las juventudes socialistas unificadas. En pocos segundos pasa de la tradición familiar al periodismo, y de allí a las biografías, y de ahí a Néstor Kirchner. “Que se porte bien, porque en cualquier momento le hago la biografía, yo tengo ese poder”, ironiza cuando Página/12 le pregunta si escribiría la biografía no autorizada del Presidente.
Acaba de volver de Venezuela (es miembro del Consejo Asesor de Telesur, la cadena creada por Hugo Chávez para competir con la CNN) y de México, donde se entrevistó con el candidato a presidente del Partido de la Revolución Democrática, Andrés López Obrador. Se enorgullece de su última creación, el Instituto de Estudios Latinoamericanos Manuel Ugarte, cuya misión será “formar cuadros”. En broma o no, dice que piensa competir con el Instituto Hannah Arendt creado por la titular del Ari, Elisa Carrió.
El discurso de Bonasso suena original en la boca de un kirchnerista. También algo extraño. Llama “Néstor” al Presidente, pero critica a miembros del Gobierno, como el flamante ministro de Justicia, Alberto Iribarne, y a sectores de la administración a los que llama “escorpiones”. También cuestiona al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, por la lista de legisladores porteños del Frente para la Victoria. Sobre el presente y el futuro del Ejecutivo combina elogios y críticas, como la renovación de las licencias por diez años a los multimedios. Elogia la ruptura con Eduardo Duhalde, en quien ve muchas características de “El Padrino”, pero es ambicioso y exigente para después de las elecciones. “Si a partir del 23 de octubre no achicamos la monstruosa diferencia de ingresos entre los más ricos y los más pobres, este país va a estar permanentemente al borde de una crisis violentísima”, advierte.
–¿Qué balance hace de estos dos años de Kirchner?
–Le voy a hacer un balance muy honesto de la gestión de Kirchner. Yo creo que, como dijo muy bien Hermes Binner, voy a citar a un no justicialista, Kirchner ha hecho mucho más bueno que malo. Entre lo bueno que habría para resaltar ya solamente en la gestión de un presidente, y honrosamente, estaría la quita de la deuda...
–La de los acreedores privados.
–Sí, la de los acreedores privados. Con los organismos de crédito, no. Y allí, sí, probablemente haya un error, porque no cabe duda de que si hay una corresponsabilidad en la quiebra de la Argentina de los bonistas, que esperaban beneficiarse con una alta tasa de interés, también hay una corresponsabilidad del Fondo y de los organismos internacionales de crédito en el proceso de endeudamiento. De todas maneras, y esto lo reconocen tanto en el mundo capitalista como en lo que queda del bloque socialista, o sea, Fidel por ejemplo, Kirchner ha sentado un precedente inquietante para el sector financiero con la quita. También es muy positiva la renovación de la Corte Suprema, es muy fuerte el cambio desde aquella corte de los milagros a ésta, que es independiente.
–¿Qué le pareció la designación de Iribarne en el Ministerio de Justicia?
–No es de mis favoritos. Porque si vamos a renovar la política hay que renovarla con hombres nuevos, con hombres que tengan otra práctica. Es decir, yo creo que no se puede estar impunemente y siempre con razón en el menemismo, en el duhaldismo, en el kirchnerismo y en lo que venga.
–Eso les podría caber a otros funcionarios importantes del Gobierno.
–Eso les cabe a otros funcionarios importantes del Gobierno sin ningún lugar a dudas. Yo creo que este es un gobierno en disputa (el copyright no es mío sino que es de Luis D’Elía, pero lo tomo prestado un cachito), es un gobierno en disputa, es un gobierno donde ni están todos los que son ni son todos los que están. Y esa responsabilidad es de Kirchner: a esta edad no voy a reeditar la teoría del cerco de 1973.
–¿Y el jefe de Gabinete?
–Es obvio y lo he dicho en alguna oportunidad, que no estoy de acuerdo con la forma en que Alberto Fernández armó las listas de Capital Federal e hizo el acto de Obras Sanitarias, al que no fui. En eso no estoy de acuerdo. Si estuviera de acuerdo estaría en el PJ.
–¿A qué atribuye la decisión de Kirchner de renovar las licencias de los grupos multimedios por diez años?
–Es algo que sí realmente condeno y me parece muy grave. Voy a hacer un pedido de informes y además voy a estudiar la posibilidad de que se derogue el decreto por el cual se prorrogaron por diez años las licencias de los medios de comunicación. Es un hecho realmente grave. Y que compromete al próximo gobierno y no va a asegurar la buena voluntad de ningún medio. A los medios se les puede dar. Hay algunos que actúan directamente como extorsionadores.
–¿Quién?
–Bueno, tengo la ventaja de los fueros parlamentarios, pero no me la van a perdonar. Si precisa nombres propios el (canal) 9 por ejemplo.
–Cuando Kirchner le dijo a usted que no haga “bonasseadas”, ¿no se sintió desacreditado?
–No. Aludía a mi mal carácter. Eso me lo dijo una vez en la intimidad. Me lo dijo tête à tête: “Vos tenés un gran porvenir político. No lo jodas haciendo bonasseadas”. Quiso decir, cabreándome, o siendo excesivo.
–¿Qué piensa de la gestión de Ibarra?
–Creo que la mayor incompetencia probablemente es la división brutal entre un sur de la ciudad cuya mortalidad infantil es como la del Chaco frente a un norte cuya mortalidad infantil es como la de Amsterdam. No nos olvidemos de que el presupuesto de la ciudad de Buenos Aires es elevadísimo, es el tercero del país, con el que se podrían hacer muchísimas más cosas. Sigue siendo una porquería que haya habitantes pobres de la ciudad que vivan hacinados en un cuarto de pensión por el que se paga el equivalente del alquiler de un departamento. Ahí hay un foco de corrupción, como el de los inspectores de Cromañón y otros hechos que han ocurrido en la ciudad.
–Usted estuvo en un frente con organizaciones sociales. El discurso oficial ante los piqueteros, ¿no le resulta contradictorio? Por un lado dice que deberían tener un espacio en la política y por otro se contribuye a crear un clima de estigmatización.
–La derecha está también adentro del Gobierno. Hay que ponerle nombre. La derecha no está solamente afuera del Gobierno, también está adentro.
–¿Y ahora que se rompió con Duhalde?
–La derecha no es sólo Duhalde. Hay sectores de la derecha en el Gobierno. Kirchner va a un muy correcto enfrentamiento con un peronismo feudal, entonces pelea con el mayor de los señores feudales, que es el de la provincia de Buenos Aires. Pero esto lo obliga desgraciadamente a una alianza con otros señores feudales de otras provincias. Que son tan feudales como Duhalde y algunos más.
–¿Como cuáles?
–Juan Carlos Romero, de Salta, por ejemplo. Pongámosle nombre propio. Además me tiene querellado y mucha simpatía no me tiene. Romero es la expresión más nefasta del menemismo. Esto se paga. Esto tiene costos. Acá hubo por un lado una incapacidad de los dirigentes sociales y políticos de armar un gran frente, y por el otro el Gobierno, que tiene que gobernartodos los días, dice pragmáticamente que tiene que gobernar y por eso presenta en tal provincia a fulano, en tal otra a mengano. Esto tiene sorpresas después y cruces. Porque a lo mejor obliga al Gobierno a recostarse con Reutemann en Santa Fe, cuando sin ningún lugar a dudas lo que más genuinamente el propio Néstor Kirchner quiere es a Binner.
–¿Coincide con el argumento que usa el Gobierno últimamente de que lo nuevo se construye con lo viejo?
–Lo hemos discutido muchas veces ese tema con el Presidente. El Presidente sostiene la frase de Perón de que muchas veces “hay que construir los ranchos con ladrillos de bosta”. Y yo le contesto que cuando hay que habitarlos esos ranchos huelen. Ahí hay discrepancias. Hay que ir hacia una profunda renovación de cuadros en la Argentina. Los remanentes de lo viejo van a seguir actuando como han actuado siempre: si pueden afanar, van a afanar; si pueden convertir la política en un negocio vil, la van a convertir en un negocio vil, porque está en su naturaleza. Es como la famosa fábula del escorpión que pica a la rana y se hunde. ¿Por qué la picó? Porque estaba en su naturaleza. Hay que hacer una política renovando el tema de los escorpiones, sacando a los escorpiones de lado.
–¿Cuántos escorpiones hay en la lista de diputados nacionales de la provincia, de la Capital, y en la de legisladores porteños?
–(Risas.) Unos cuantos. Aunque la lista de diputados por la provincia me parece muy buena. Es la mejor que tuvo el peronismo desde el retorno de la democracia.
–¿Y la lista de legisladores porteños? Ya generó un debate muy fuerte por su composición casi exclusiva de hombres del PJ.
–Y tal vez hay que hacer otra, ¿no? Hay que constituir las listas sobre la base de la mayor representatividad y al mismo tiempo sobre la mayor eficiencia posible.
–¿Para usted Duhalde es el Padrino?
–Yo creo que sí, tiene bastante del personaje.
–El día de las elecciones, usted contó en una nota en Página que Kirchner definía su ideario como un frente nacional, popular, progresista y racional. Teniendo en cuenta esta última palabra, que sugiere moderación, ¿piensa que el Gobierno puede avanzar en la distribución de la riqueza?
–Lo racional es que todo el mundo coma, que todo el mundo tenga techo y que todo el mundo tenga acceso a los bienes de la vida, incluidos los del entretenimiento. Porque si esto no pasa vamos a vivir la mayor de las irracionalidades, que es el conflicto social. Y que puede alcanzar niveles de violencia crecientes. Los hemos visto en nuestro propio país. Está muy cerca, en el 2001. Y lo vemos en Bolivia. Porque la ecuación de medios de comunicación, que te muestran todo lo que te puede ofrecer la sociedad de consumo, y el infraconsumo y una marginalidad absoluta, genera en la conciencia humana una verdadera bomba de tiempo. Nadie sabe cuándo estalla pero en algún momento estalla. No puede ser que estos tipos morfan bárbaro, tienen unas minas sensacionales, qué sé yo, y yo vivo en el barro y en la mierda. Eso genera un odio y un resentimiento feroz. De la misma forma, el miedo de los que tienen se expresa diciendo “piqueteros hijos de puta, negros de mierda, cortan las calles, no dejan ir a laburar”. Yo no estoy planteando que hagamos granjas colectivas, sólo volver a la Argentina que tuvimos, a los índices de consumo que tuvimos en los ’60 y ’70.

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