EL PAíS › EL POLITOLOGO GUILLERMO O’DONNELL ANALIZA EL ESTILO PLEBISCITARIO

Las democracias latinoamericanas

En una conferencia organizada en el centro de estudios de Chacho Alvarez, O’Donnell analizó el Estado de derecho al estilo sudamericano. Entre sus falencias, la protección de las minorías y los límites al poder del líder que se elija.

 Por José Natanson

“En nuestros países prevalece una visión mayoritaria y plebiscitaria de la democracia, bajo la cual se le permite al líder hacer lo que considere mejor durante el tiempo que dure su mandato, sin rendir cuentas a ningún otro poder, organismo de control o sistema de fiscalización”, sostuvo el politólogo Guillermo O’Donnell durante una conferencia organizada por el Cepes, en la que definió el Estado de derecho y realizó un diagnóstico preciso sobre la compleja situación de los países de América latina.
Convocada por el centro de estudios que dirige Carlos “Chacho” Alvarez, la charla se llevó a cabo el jueves pasado en el Auditorio del Banco Ciudad. Comenzó con una breve introducción del ex vicepresidente, que presentó a O’Donnell como un “orgullo para el país” y como uno de los pocos argentinos que señalan el camino de la discusión académica internacional. Después, y durante 40 minutos, el profesor de la Universidad de Nôtre Dame definió el Estado de derecho, describió las diferentes corrientes que lo integran y trazó un cuadro de la situación en América latina.
O’Donnell comenzó criticando aquellas visiones conservadoras que entienden al Estado como un conjunto de burocracias y cuestionó también la mirada de moda en los organismos internacionales, el Fondo Monetario y el Banco Mundial, que tienden a fetichizar las reglas, las normas y las instituciones.
El Estado no es, entonces, algo que está encima y por fuera de la sociedad, sino una compleja condensación de fuerzas nacionales y trasnacionales, de luchas políticas, de prácticas, que “vuelve” a la sociedad en forma de leyes y decretos. Retomando una conceptualización elaborada junto al economista argentino Oscar Oszlak, O’Donnell definió al Estado como un conjunto de reglas y normas que “penetran y entrecruzan” la sociedad. “El Estado de derecho es, como se ve, un término en conflicto, sometido a las luchas políticas”, sostuvo el politólogo. Y agregó que, a grandes rasgos, pueden identificarse tres principios básicos del Estado de derecho.
El primero es el liberal, cuyo origen es posible rastrear en la Inglaterra del siglo XVII y las teorías de John Locke. “Lo fundamental, según esta corriente, es garantizar una esfera de libertad individual, a salvo del poder del Estado, y proteger la propiedad privada. Esto se logra a través de una serie de normas que le impiden al poder, más allá de la voluntad del monarca, penetrar ciertos ámbitos. Es la libertad negativa”, explicó O’Donnell.
El segundo principio es el democrático, que comienza con la Revolución Francesa. “El que produce la ley ya no es el monarca sino el pueblo, corporizado en el Parlamento. Los derechos se expanden y se politizan, porque ahora rige una regla de mayoría. Esto supone una libertad positiva, de acción: la libertad de votar, ser votado, de asociarse e intervenir en la esfera pública.”
El tercer principio es el republicano, cuyo origen se sitúa en la antigua Roma. “Aquí lo central es que nadie, ni siquiera el que gobierna, puede estar fuera de la ley. Esto implica un gobernante virtuoso y sometido a las normas, y trae como consecuencia una serie de controles y contrapesos que en los sistemas presidencialistas se traducen en la división de poderes.”
Estos tres principios –reconoció el politólogo– a menudo resultan contradictorios, o incluso incompatibles. El principio democrático tiene un énfasis mayoritario (lo que dice la mayoría es la ley), mientras que el principio liberal es anti-mayoritario, ya que su objetivo es proteger a los individuos de, justamente, el poder de las mayorías. “La plena vigencia del Estado de derecho es un ideal inalcanzable. Ningún país llegó jamás, aunque algunos se aproximan más que otros”, sostuvo O’Donnell, y a continuación aplicó estos conceptos a la realidad latinoamericana.
Para O’Donnell, en la mayoría de los países de la región es posible identificar plenamente una sola –la democrática– de las tres dimensionesdel Estado de derecho. En general, a partir del fin de las dictaduras se realizan elecciones razonablemente limpias y los individuos tienen buenas posibilidades de actuar políticamente. Los otros dos aspectos, en cambio, permanecen débiles en un contexto de mecanismos delegativos. “Prevalece una visión mayoritaria y plebiscitaria de la democracia”, aseguró el politólogo en respuesta a una pregunta sobre Hugo Chávez, al que definió como un líder “cesarista y plebiscitario”.
O’Donnell aclaró que, contra lo que hoy sostienen algunos, este énfasis en los mecanismos mayoritarios en desmedro de los principios liberales y republicanos no es patrimonio de la izquierda. “Estas tres corrientes se registran de manera diferente en cada país, y también en cada momento histórico”, explicó el politólogo, y dio como ejemplo el caso de Estados Unidos: Bill Clinton gobernó con un altísimo grado de control, mientras que George W. Bush ha logrado –por una serie de circunstancias que van de la atmósfera post 11 de septiembre a las políticas represivas de su administración– esquivar o neutralizar casi todos los mecanismos de control.
En general, la debilidad del Estado de derecho en Latinoamérica se comprueba en dos niveles complementarios. El primero es de clase, en el sentido de que las leyes se aplican sólo a los débiles, los pobres o los integrantes de una etnia en particular. El segundo es territorial, ya que muchas zonas quedan fuera de legalidad estatal. “Tenemos un Estado de derecho trunco”, explicó O’Donnell. Y cerró su conferencia, pronunciada frente a un auditorio desbordante y silencioso, con una metáfora: “Se puede pensar el Estado de derecho como un sistema nervioso que recorre un complejo cuerpo social. Cuando se extiende plenamente potencia y dinamiza el conjunto de ese cuerpo, proveyendo un bien público inmenso y esencial para la vida democrática”.

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El estilo plebiscitario es una marca de fábrica de las democracias del continente.
 
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