ECONOMíA › COMPORTAMIENTO DE LAS EXPORTACIONES LUEGO DE UNA FUERTE DEVALUACION

El sueño es que se transforme en boom

 Por Cledis Candelaresi

Quien defendió la devaluación del peso con el argumento de que permitiría reanimar la economía argentina gracias a un boom exportador, por ahora se equivocó. Quien supuso que ese ajuste cambiario serviría para inundar el mundo de productos argentinos, todavía no pudo concretar ese deseo. Según revelan los propios registros oficiales, no sólo no se produjo ese milagro sino que los ingresos por ventas al exterior caen y no hay nada que permita pronosticar una cambio de tendencia en el corto plazo. No se trata de una conjura astral en contra de Eduardo Duhalde sino, simplemente, de una verdad que se ha repetido en otros momentos similares: cada vez que hay un tipo de cambio real muy alto, en primera instancia las ventas al exterior bajan en lugar de subir.
El principal freno al milagro exportador parece ser la inestabilidad política y macroeconómica. Cuando no está claro cuál será el tipo de cambio en un par de meses, no hay crédito ni se sabe cuándo ni en qué condiciones éste puede resucitar es difícil que quienes no están en el métier exportador se sumen sólo para aprovechar la ventaja tal vez circunstancial de una mayor competitividad, o que quienes exporten se embarquen en ambiciosos planes para vender más.
Gracias a la devaluación, la Argentina es dramáticamente más barata en dólares que los países limítrofes y que muchos otros competidores en el mercado internacional. Sin embargo, en lo que va del año, los ingresos por exportaciones disminuyeron un 9 por ciento y, salvo algunos negocios aislados, no hay una gran cantidad de operaciones en ciernes.
Cuando los empresarios de IDEA presentaron su última encuesta de expectativas, el tema surgió nítido: más del 80 por ciento de los ejecutivos consultados consideraban que la devaluación los había perjudicado –fundamentalmente porque, en muchos casos, los aumentos en los insumos no pudieron ser compensados con una suba en el precio final de los bienes– y apenas unos privilegiados podían compensar la depresión interna con más ventas al exterior.
Hasta el oficial Centro de Economía Internacional, dependiente de la Cancillería, admitió en un reciente documento que “la salida de la Convertibilidad se produjo en un contexto de innumerables restricciones reales, financieras y fiscales, que se transformaron en obstáculos a la colocación de productos en los mercados internos”. Arcor ofrece una de las tantas pruebas posibles de esta inhibición: desalentada por la incertidumbre cambiaria, la multinacional de la familia Pagani desistió de firmar un contrato por tres años para provisión de golosinas a un mercado externo que siempre soñó conquistar.
El dólar recontraalto de hoy, alrededor de 3,60 pesos, puede ser un recuerdo dentro de poco tiempo. El Ieral, brazo académico de la Fundación Mediterránea, está estimando un tipo de cambio efectivo menor a 2 pesos para el año próximo, y muchos hombres de empresa toman este tipo de referencias para planificar su negocio.
La inestabilidad política y económica es el principal pero no único dato que explica la pobre performance exportadora actual. A la Argentina le sobrevienen otras desgracias, como el hecho de que los países destino de sus bienes están creciendo mucho menos. Según datos del citado CEI, el PIB promedio de los demandantes el año pasado apenas subió un 0,1 por ciento, contra el 4,1 que registraron en el 2000. La caída de actividad en Brasil, destino de un tercio de nuestras exportaciones, es un ejemplo próximo.
La Argentina no es formadora de precios en un mercado donde el comercio global tiende a retraerse. Y tampoco la revaluación del euro es una muy buena noticia. Si bien los bienes argentinos son un poco más competitivos frente a los europeos, deberán enfrentar la posible competencia de otros proveedores del área dólar, incluyendo a Estados Unidos.
Finalmente, el tipo de cambio alto aprisiona a la economía en una terrible paradoja: el aparato productivo depende mucho de los insumos importados, terriblemente encarecidos tras la liberación del dólar.

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