ECONOMíA › LA CORRUPCION DE GEORGE W., RETRATADA POR KRUGMAN

De cómo Bush hizo su fortuna

“El se volvió rico valiéndose de conexiones y prebendas. Pero más importante que eso es que esos manejos anticipaban muchos rasgos de su administración, tales como la obsesión por el secreto y su entrecruzamiento de la política pública con el interés privado.” Esta absoluta descalificación se refiere a George W. Bush, y encabeza el más reciente de los artículos que el célebre Paul Krugman viene dedicándole al presidente de los Estados Unidos, a quien sitúa como practicante de las corruptas maniobras contables con que grandes empresas –cuya lista crece a diario– estafaron a los compradores de sus acciones. Esto resta toda credibilidad a las iniciativas –por cierto tibias– con las que Bush dice querer restablecer el lastimado crédito de la Corporate America (la Estados Unidos de las grandes compañías).
Al conocido affaire Harken Energy –que el vocero de la Casa Blanca ridiculizó por involucrar apenas 10 millones de dólares, chirolas al lado de los 3800 millones de la estafa Enron– añade Krugman una detallada descripción de otro escándalo. Como detalle pintoresco, éste concierne a los Texas Rangers, un equipo de baseball en cuya adquisición participó Bush en 1989, poniendo 606.000 dólares, como parte de un grupo inversor. El dinero lo tomó prestado, devolviéndolo con el producido de la venta de sus acciones de Harken, con las que engatusó a muchos ahorristas. Lo cierto es que, en nueve años, aquellos dólares que puso en el team tejano se le multiplicaron por 25. Krugman cuenta cómo lo logró.
La ciudad de Arlington construyó para los Rangers un nuevo estadio, lo cual supuso finalmente un subsidio de más de 150 millones para Bush y sus socios, tomados de impuestos pagados por los mismos plomeros y carpinteros a los que invoca el actual secretario del Tesoro, Paul O’Neill. Poco después de concluido el estadio, Bush ganó la gobernación de Texas. Al cabo, el grupo inversor del que formaba parte les revendió los Rangers por el triple de su precio original a un negociante llamado Tom Hicks, que se volvería conocido de los argentinos por sus inversiones en medios de comunicación. A Hicks no le preocupaba el precio.
En otro orden, la Universidad de Texas, que es estadual, recibe una fuerte asignación anual. Pero Bush gobernador cambió las normas al respecto, eliminando la exigencia de informar en detalle sobre el empleo de los fondos, pese a provenir de impuestos. Luego “privatizó” activos de la universidad por 9000 millones de dólares, transfiriéndolos a una fundación llamada Utimco, que podía tomar decisiones de inversión a puerta cerrada. Y quien decidía sobre el dinero era el presidente de Utimco. A la sazón, Tom Hicks. Bajo su dirección, al menos U$S 450 millones fueron colocados en fondos manejados por socios de Hicks y por aportantes al Partido Republicano, que ganaron así altísimas comisiones. Un empleado de Utimco que denunció estos manejos fue fulminantemente despedido.
A Bush le hubieran correspondido 2,3 millones por la venta de los Rangers, pero recibió 14,9 millones. La diferencia de 12,6 millones fue entendida como un regalo de sus socios, hombres de negocios con apetito de ganancias facilitadas desde el poder.

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