ECONOMíA › EL DERRUMBE DE LA BOLSA DE SHANGHAI ARRASTRO AL RESTO EN EL MUNDO

China se sacudió y hubo terremoto

La política de enfriamiento de la economíachina y las advertencias de recesión en EE.UU. provocaron un martes negro bursátil mundial.

 Por Claudio Zlotnik

Los mercados financieros tuvieron ayer su peor jornada en años. El terremoto bursátil empezó de madrugada en la Bolsa de China, que se anotó una caída del 8,8 por ciento, y se propagó durante el resto del día por los principales recintos de Asia, Europa, Estados Unidos y América latina. En Buenos Aires, el índice MerVal se hundió un 7,5 por ciento, el retroceso más profundo desde mayo de 2004, y se extinguió la ganancia acumulada desde que arrancó 2007. En Wall Street, el índice Dow Jones cedió 400 puntos, un 3,3 por ciento, la pérdida más importante desde el atentado a las Torres, en 2001. En Europa, las caídas fueron del 3 por ciento en promedio. La Bolsa de San Pablo bajó 6,6 por ciento y la de México, el 5,8. Con la excepción de Argentina, hubo devaluaciones de las monedas latinoamericanas.

El derrape de los mercados recordó a los peores momentos de la crisis financiera global, iniciada en 1997, también en Asia. Financistas consultados por Página/12 manifestaron que todavía no se puede advertir si las caídas de ayer se retroalimentarán a partir de esta madrugada, cuando reabran los recintos asiáticos. A diferencia de hace diez años, esta ola bajista se produjo en medio de un proceso de valorización financiera, con fuertes alzas en las principales bolsas del mundo durante los últimos meses. Tanto en Wall Street como en la city porteña enmarcaban lo sucedido en lo que los operadores denominan una “toma de ganancias”. Nadie sabe, no obstante, si este ajuste se traducirá en que inversores internacionales con posiciones en activos financieros se terminen asustando por el abrupto quebranto y ordenen desarmar sus carteras, dando lugar a un ciclo bajista.

El sacudón de ayer se disparó con lo ocurrido en China, pero se potenció con otras situaciones. El desplome en la Bolsa de Shanghai se produjo no bien el gobierno anunció mayores controles a las operaciones bursátiles. Hay serias sospechas de que los bancos están prestando dinero para que los pequeños inversores adquieran acciones, una operatoria prohibida en ese país. Ese circuito explica en parte que la Bolsa de Shanghai haya subido un exorbitante 130 por ciento durante 2006. La perspectiva de que el gobierno chino finalmente pinche la burbuja financiera impulsó la corrida. La otra iniciativa que se complementa con la anterior y que también provocó temor fue la suba de dos puntos en el encaje bancario. De esa manera, las entidades financieras tendrán menos dinero (y más caro) para prestar, lo que impactaría sobre el ciclo económico, que el año pasado mostró una expansión del 10,6 por ciento.

La repentina incertidumbre sobre la marcha de la principal economía emergente se sumó a un diagnóstico pesimista formulado por Alan Greenspan sobre la situación en Estados Unidos. El ex presidente de la Reserva Federal (banca central estadounidense), un gurú para los inversores, pronosticó que la economía de ese país podría entrar en recesión hacia fines de este año. “Es posible, no lo descarto”, mencionó durante una exposición realizada en Hong Kong. Para algunos bancos de inversión líderes de Wall Street, esta apreciación negativa de Greenspan tuvo mayor peso que la situación en China, al momento de decidir el destino de los fondos. Un informe oficial sobre una fuerte caída, del 7,8 por ciento interanual, en las ventas de bienes durables durante enero en los Estados Unidos, divulgado a media mañana, impulsó las órdenes de venta de papeles en Wall Street. El dato sorprendió a los corredores.

Una desaceleración del ciclo chino y una recesión en los Estados Unidos modificaría el actual escenario de la economía global. De la suerte de ambos depende el precio de los commodities, principal rubro exportador de la Argentina. El panorama se completó con el atentado sufrido por el vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, del que salió ileso, durante un viaje a Kabul, en Afganistán.

En Buenos Aires, la histeria de los operadores se trasladó al mercado de bonos. Los títulos públicos bajaron entre 3,0 y 4,1 por ciento, como fue el caso del Par en pesos. El cupón atado al PIB perdió 6 por ciento. Los inversores también tomaron en cuenta que la caída de los papeles empresarios se produjo con un volumen de operaciones de 126 millones de pesos, el doble del promedio de las últimas semanas.

En cambio, hubo tranquilidad en el mercado cambiario. El dólar se mantuvo en 3,12 pesos para la venta y el Banco Central tuvo que adquirir divisas para sostener el tipo de cambio. Las reservas ya se encuentran en 34.800 millones de dólares. Diferente fue lo ocurrido en otros mercados, como Brasil y México, donde las monedas se devaluaron frente al dólar. El real pasó de 2,08 a 2,13 unidades, mientras que el peso mexicano lo hizo de 11,07 a 11,19.

El clima de tensión tampoco se trasladó a la licitación semanal de Letras y Notas del Banco Central. El BC debía afrontar un vencimiento por 726 millones de pesos y las ofertas de los bancos duplicaron ese monto. La autoridad monetaria terminó aceptando 1438 millones y logró un abaratamiento en las tasas de interés para todos los tramos de los títulos emitidos.

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El índice de acciones líderes MerVal retrocedió 7,5 por ciento. San Pablo bajó 6,6 y México, 5,8 por ciento.
 
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