ECONOMíA › SE EXTIENDE LA FALTA DE GASOIL Y LAS PETROLERAS ASEGURAN QUE NO PUEDEN PRODUCIR MAS

Refinerías a full y barcos demasiado lentos

El ingreso de producto importado recién se concretaría hacia fin de mes, con lo cual quedan otras dos semanas de problemas. Las petroleras aseguran que no tienen capacidad para producir más, pero privilegian sus propias redes y las ventas directas.

 Por Raúl Dellatorre

A medida que pasan los días, las denuncias sobre faltante de gasoil parecen extenderse a más zonas del país. Las entidades agropecuarias amenazan con medidas de fuerza ante el riesgo de no poder hacer las tareas de cultivo por la escasez de combustible. Las estaciones de servicio que no pertenecen a la red de grandes petroleras ven peligrar su continuidad operativa, sobre todo porque en muchas zonas rurales trabajan fundamentalmente con gasoil y en mucho menor proporción con nafta. Según los especialistas, ninguna de ambas posturas resultaría exagerada, ya que advierten sobre un desequilibrio real en el mercado. El problema amenaza con agravarse entre esta semana y la próxima, ya que recién hacia fin de mes aparecería en la plaza local alguna oferta adicional de combustible importado, pero por un volumen no mayor al 4 por ciento del consumo medio por mes.

Jorge Lapeña, ex secretario de Energía y titular del Instituto de la Energía General Mosconi, subrayó que “el problema se repite, es crónico. El año pasado también ocurrió y tiene origen en la falta de capacidad de producción en refinerías”. Con un uso de la capacidad instalada que por momentos supera el 95 por ciento, según surge del relevamiento industrial del Indec, el sector muestra signos de saturación que donde más se siente es en el gasoil, “el producto más importante de los destilados”, según lo califica Lapeña.

La capacidad de refinación del país está distribuida principalmente en ocho destilerías, de las cuales las dos mayores pertenecen a Repsol YPF (La Plata y Luján de Cuyo), la tercera a Shell (Dock Sud) y la cuarta a Esso (Campana). Entre las tres empresas procesan más de 520 mil barriles diarios de petróleo. El resto, en conjunto, no supera los 100 mil barriles.

Salvo algunos cambios operativos que mejoraron la eficiencia de alguna de estas plantas, en los últimos años no hubo inversiones en ampliación de la capacidad de producción. Desde hace más de una década, cuando la demanda de gasoil empezó a subir con respecto a otros combustibles (una resolución de Domingo Cavallo eliminó el impuesto a la transferencia de combustibles al gasoil en 1992), las faltas estacionales del producto se compensaban con importaciones. Después de 2002, con la devaluación, esta operación comenzó a ser menos conveniente para las petroleras y, por lo tanto, más resistida. El problema del abastecimiento interno quedó en manos del Gobierno.

Como los niveles de consumo interno de gasoil previos a la crisis del 2001 recién se recuperaron a partir de 2005, hasta ese momento los inconvenientes aparecían sólo en unas pocas semanas al año. Pero entre 2006 y 2007 la situación se volvió crítica. El año pasado el cuadro de escasez se resolvió, no sin tropiezos, con un compromiso de importación arrancado a las petroleras, a pérdida (según el ex presidente de Esso Daniel Risso, de 150 dólares por metro cúbico). Este año, esta vía de solución se viene demorando. En cambio, se amenazó con la aplicación de la Ley de Abastecimiento, que sanciona con multas, clausuras y hasta arrestos a quienes desabastezcan el mercado. Pero con refinerías abasteciendo al mercado, en términos globales, en volúmenes iguales o superiores a los del año pasado, difícilmente se encuentre culpables.

Recién hacia fin de mes podría aparecer una solución coyuntural, cuando llegue la primera tanda de importaciones comprometidas por las petroleras. En este caso, dos embarques por 40 mil metros cúbicos de gasoil, en total, adquiridas por Repsol. Hasta entonces, el mercado quedará sometido a los tironeos que viene produciendo una oferta insuficiente más los desniveles que se dan en distintos puntos geográficos.

Y es que otra consecuencia de esta situación es que el abastecimiento no es parejo. Repsol YPF expandió su inyección de gasoil al mercado más que sus competidores, quizá por mayor flexibilidad técnica de sus plantas, o quizá por diferente actitud frente a la crisis, quedándose con casi un 60 por ciento del mercado. En mayo aumentó 7 por ciento sus ventas con respecto al año pasado, pero siguió reservando casi un 40 por ciento de ese volumen a las ventas directas a grandes consumidores (usinas, industrias, productores agrícolas, transportistas) y sólo el resto tuvo como destino las estaciones de servicio. Por otra parte, frente a una demanda creciente, tanto la petrolera hispano-argentina como su competencia (Petrobras, Esso y Shell) privilegiaron el abastecimiento a su propia red antes que las ventas a terceros. Las llamadas “estaciones blancas” quedaron prácticamente secas.

La oferta de gasoil no está creciendo con el mismo dinamismo que la demanda. El problema amenaza con explotarle al Gobierno, que será el que deba encontrar las respuestas. Con las petroleras o contra ellas.

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El campo hace sentir su protesta. No tiene combustible para hacer las tareas, pero movilizaría los tractores para manifestar.
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