ECONOMíA › OPINION

Absurdos gasoleros

 Por Marcelo Zlotogwiazda

Falta gasoil porque la demanda es mucha y la oferta, poca. Y no se trata de una tautología o de dos caras de la misma moneda. En este caso, el combustible escasea porque el consumo es mayor al que razonablemente debiera ser, y al mismo tiempo porque la producción está muy por debajo de los niveles acorde con la evolución del conjunto de la economía. Resulta absurdo que la producción se resienta mientras en el país aproximadamente una quinta parte del gasoil es usado por autos particulares. Para colmo, buena parte de ellos son unidades de alta cilindrada, como camionetas 4x4 (de uso urbano) o modelos caros y nuevos. No sólo es aberrante por la inconveniente asignación de recursos, sino porque además están usando un combustible subsidiado, ya que producirlo cuesta igual que la nafta, pero por la menor carga impositiva en el surtidor se paga un 25 por ciento menos. Nadie puede objetar que un país decida subsidiar al transporte público. Pero nadie puede defender que en un país tan desigual los dueños de autos lujosos se beneficien con subsidios. ¿Y el Gobierno? Bien, gracias. El cuello de botella con el gasoil no es ninguna sorpresa. Se lo venía sufriendo de manera creciente, y se siguió permitiendo el patentamiento de gasoleros particulares. No fue distracción oficial. Fue inoperancia o ausencia de voluntad y audacia política para enfrentar intereses de los usuarios VIP, de las petroleras y de las automotrices. La poca oferta no se explica por ningún boicot o confabulación de las petroleras. Sencillamente es consecuencia de que la capacidad de refinación está al tope. Lo que a su vez tiene como causa principal que en el país hace muchísimos años que no se invierte nada en nuevas destilerías, y sólo un poco en ampliaciones. Dentro de un estrecho límite, la situación podría emparcharse si el Gobierno forzara a las petroleras a producir algo menos de nafta que se exporta con alta rentabilidad y en su lugar refinar gasoil. Las petroleras responden que los precios congelados no alientan la inversión. Tienen algo de razón. No menos que la razón de los que señalan una vez más que todo esto no es ajeno a la privatización de un sector estratégico que no debería guiarse por cuestiones de mercado. Y si la privatización petrolera fue un grosero error de los ’90, la destrucción ferroviaria no lo fue menos; y algo tiene que ver con la falta de gasoil. Como bien aporta el especialista Gustavo Calleja, en un país pensado, mucha de la producción agropecuaria debería trasportarse en tren. En trenes de carga cerealera y en trenes que trasladan camiones. Como en Canadá. Un país tan distante en kilómetros como en desarrollo.

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