ECONOMíA › ESTABLECERAN MEDIDAS DE AHORRO EN EL CONSUMO ELECTRICO PUBLICO Y EN HOGARES

Cambio de hora, de bombitas y de hábitos

Esta vez, la defensa contra el riesgo de cortes energéticos vendrá desde otro lado. Tras resistirse en años anteriores, el ministro De Vido aceptó la aplicación de medidas de ahorro de electricidad. Nuevas obras para ampliar el parque, pero después del verano.

 Por Cledis Candelaresi

Para satisfacción de los técnicos y empresas de distinto rubro que vienen clamando por ello, el Gobierno anunciará hoy un plan para propiciar el ahorro de electricidad en todo el territorio nacional y fuera del área industrial. Este programa incluiría desde nuevas conductas en el área de la administración nacional y el alumbrado público, a un impulso oficial para que en los hogares se utilicen electrodomésticos más eficientes y lámparas de bajo consumo. Julio De Vido acompañaría esta información sobre nuevas pautas para limitar la demanda con un listado de obras que se están ejecutando con recursos estatales para aumentar la oferta de energía. El esfuerzo en doble sentido se orienta a evitar situaciones que, en ciertos momentos, ponen al país al borde del colapso.

Con un diciembre menos riguroso que en el pasado, el verano no apunta como un gran problema y las distribuidoras de Capital Federal y el conurbano suponen que no habrá cortes estivales por el exceso de demanda que suele provocar el encendido masivo de aparatos de aire acondicionado. Pero el grave problema estructural de una demanda que crece por encima de la oferta sigue subsistiendo y traslada el peligro nuevamente al invierno.

Argentina tiene una oferta integral disponible de electricidad de poco más de 19 mil megawatts, casi igual al pico de demanda que se produjo en julio pasado, con 18.345 Mw. “A veces pareciera que no se estuvieran construyendo las usinas San Martín y Belgrano, porque no se las menciona”, recriminó ayer el ministro de Planificación al confirmar la existencia del plan oficial de ahorro, y con ánimo de reorientar la atención hacia el esfuerzo oficial, sacándola del problema de la escasez.

Pero sucede que las dos centrales térmicas que el Estado está construyendo, con un esfuerzo fiscal de aproximadamente 900 millones de dólares, aportarán al sistema unos 1600 megawatts adicionales, apenas un poco por encima de los 1300 que creció la demanda en 2007. Una carrera difícil de ganar en el corto plazo si sólo se trabaja en el imprescindible aumento de la oferta. Por ello, Planificación finalmente decidió atacar la cuestión achicando la demanda.

Desde el mismo puesto, pero durante la gestión de Néstor Kirchner, el secretario de Energía impulsó en más de una ocasión medidas para recortar el consumo que fueron desechadas por impolíticas. Finalmente, algunas de estas medidas verían la luz ahora, bajo el gobierno de Cristina y asignándole al Estado un rol protagónico y ejemplificador.

El programa incluirá nuevas pautas para la administración pública. Entre ellas, se podría modificar el horario de trabajo para centrarlo en las horas de luz natural y se obligará al apagado estricto de luces y artefactos al final de la jornada laboral. Esta acción estatal estaría alentada por el cuidado del alumbrado callejero, para evitar fugas por el uso de artefactos deficientes.

Para los domicilios particulares se retomó la idea ya discutida hace un tiempo con Daniel Cameron y el ex subsecretario de Energía Eléctrica Bautista Marcheschi, de propiciar un recambio masivo de lámparas por las de bajo consumo. “Con diez millones de lamparitas se soluciona el problema energético”, pregonaba el ex subsecretario. Las distribuidoras eléctricas aportarían la logística para distribuir las bombitas que compraría el Estado.

Otro de los puntos podría ser el cambio de hora oficial, para adelantar la hora en el verano y retrasarla en el invierno con el propósito de aprovechar mejor la luz natural. Esta modificación debería hacerse por ley, lo que daría espacio para discutir sobre una cuestión que parece polémica. Algunos especialistas del área sostienen que un cambio en ese sentido impactaría de modo negativo en algunas áreas del país como Mendoza, donde se extendería la jornada diurna en horarios que ya no son laborables.

El anterior intento de promover el ahorro eléctrico en los domicilios fue un fracaso rotundo, quizá porque los estímulos para hacerlo no eran muy poderosos. El Programa del Uso Racional de la Energía Eléctrica penaliza con un cargo a los usuarios que demanden más que en el 2005 y beneficia con un descuento a los que consuman menos. Pero sistemáticamente los castigos superan a las bonificaciones.

“Nosotros recibimos un sistema energético de rodillas ante las empresas concesionarias, porque se habían desdolarizado las tarifas y la concepción de la renta de las concesionarias estaba basada en su dolarización, lo que las ubicaba incluso por arriba de la de los países centrales”, sentenció ayer De Vido, en un intento de defender la estrategia oficial y el congelamiento hasta aquí de las tarifas residenciales. En virtud de la renegociación en cierne de los contratos con las concesionarias de Capital Federal y Gran Buenos Aires, estos precios comenzarán a subir gradualmente a partir de 2008.

En el pico de demanda energética invernal, los cortes fueron para las industrias. Para ellas, la anterior gestión K diseñó el Plan Energía Plus, que transforma en interrumpible toda la nueva electricidad demandada desde 2005 y obliga a las empresas que requieran más consumo a procurar ese excedente por sus propias vías y al precio que puedan. La nueva búsqueda de ahorro de energía, en cambio, tiene otros destinatarios.

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La lucha contra el exceso de consumo empieza en el alumbrado público y llega a los hogares.
 
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