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Caracas, la selva colombiana o el sur de Brasil, probables escenarios

Crecían las especulaciones acerca de dónde y cómo serían liberados Clara Rojas, su hijo Emanuel y Consuelo González por las FARC. La guerrilla colombiana dio a conocer un comunicado en el que informan que su gesto es un desagravio a Chávez y a los familiares de los rehenes.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

El presidente de la Asamblea de Francia, Berbard Accoyer, y el comité de apoyo a Ingrid Betancourt, en la Plaza del Trocadero en París.

Hugo Chávez “es un actor mayor en este proceso, le guste o no le guste a Uribe”, dice un observador francés citado anónimamente por el diario Liberation en su edición de ayer. Si Chávez es para París el hombre que se volvió a meter a través de la misma puerta por donde lo habían invitado y luego sacado, es decir, la mediación con vistas a la liberación de los rehenes retenidos por las FARC, queda por saber ahora por qué puerta saldrán libres los tres rehenes –Clara Rojas, su hijo Emmanuel y la parlamentaria Consuelo González– que las Fuerzas Armadas de Colombia entregarán a Chávez o a “quien él decida”. ¿Será la puerta de Caracas, en el Palacio Miraflores o tal vez en la región selvática fronteriza con Colombia y Brasil, en el sur del país?.

Por lo pronto, las FARC confirmaron el jueves el contenido del mensaje con el anuncio de la pronta liberación de los tres rehenes difundido el martes en La Habana por la agencia Prensa Latina. Bajo el título “Uribe, un cobarde”, las FARC hicieron público en su portal Internet (www.farcep.org) el comunicado de siete puntos en el cual afirman que la entrega de los secuestrados es un “un desagravio a los familiares de los retenidos, al presidente venezolano Hugo Chávez y a la senadora Piedad Córdoba”, cuya mediación en el canje humanitario fue abruptamente cancelada por el gobierno colombiano. Desde que las FARC entreabrieron las jaulas del secuestro dos preguntas quedaron en suspenso: ¿dónde y quiénes se encargarían de recuperar los rehenes? A la incógnita del lugar se le sumó la de la identidad de los posibles mediadores: el Comité Internacional de la Cruz Roja, enviados de Francia, Argentina y Brasil son los nombres que más sonaron. Por lo pronto, el CICR aclaró que ni el gobierno ni la guerrilla habían tomado contacto con la institución.

La senadora Piedad Córdoba adelantó desde Washington que la liberación podría intervenir “en Venezuela o Brasil”. El preciso resaltar que las fronteras entre ambos países están en la región selvática donde el ejército colombiano cree que está ese grupo de rehenes. A su vez, el diario El Tiempo reveló que, según fuentes de varios organismos de seguridad colombianos, los tres rehenes en instancias de liberación ya se encuentran camino a Venezuela. El Tiempo especula con la posibilidad de que la “liberación podría ocurrir en el estado Barinas, gobernado por el papá del presidente Chávez”. La misma fuente evoca la opción de que los secuestrados “hayan sido movidos entre Caquetá y Guaviare por el río Apaporis” y que de allí los hayan sacado “por el Vaupés o el Guainía, hasta la frontera con Venezuela”.

En el curso de una entrevista con la cadena radial colombiana RCN, el presidente colombiano Alvaro Uribe insistió el jueves en que no levantaría obstáculos: “Desde hace varias semanas lo hemos dicho, si quieren entregar los secuestrados al presidente Sarkozy o al presidente Chávez, por quien tienen tanta consideración, pues que se los entreguen, bienvenidos”. Uribe reveló también que había cursado a Francia “importantes informaciones” sobre los rehenes provenientes de los servicios de inteligencia. Una panoplia de combinaciones posibles parece abrirse sin que, hasta ahora, se precise cuál es la acertada. Francia, a través de su jefe de gobierno, François Fillon, ya señaló que, junto a otros países europeos y de América latina, “estaba disponible” para recibir a los guerrilleros de las FARC que están actualmente presos y que podrían recuperar la libertad dentro del canje humanitario. Todo el proceso de los rehenes se aceleró notablemente a partir de mayo pasado cuando Nicolas Sarkozy ganó las elecciones presidenciales. En un discurso pronunciado la noche misma de su elección –6 de mayo– Sarkozy dijo: “Francia no abandonará a Ingrid Betancourt”. Once días más tarde, el 17, Nicolas Sarkozy llamó a Uribe y allí evocó la eventualidad de una liberación masiva de los rehenes. 5 días después –22– el presidente recibió a uno de los consejeros de Uribe a cargo del tema de los rehenes. En junio y raíz de un pedido expreso de Sarkozy, Uribe liberó a uno de los jefes de las FARC, Rodrigo Granda, a quien París le destinó una suerte de misión de buenos oficios con el objetivo de facilitar la liberación de los rehenes, en especial la franco colombiana Ingrid Betancourt. En agosto pasado, y a pedido de Uribe, Hugo Chávez aceptó el papel de mediador entre las FARC y Bogotá. En noviembre Chávez vino a París con la promesa previa de que traería pruebas de vida de los rehenes. Llegó con las manos vacías pero con un compromiso asumido por el jefe de las FARC, Manuel Marulanda, de que las pruebas serían suministradas antes de finales de ano. El 22 de noviembre, Uribe puso término a la mediación de Chávez, a quien acusó de haber excedido los límites de su misión. El 30 de noviembre el gobierno colombiano hizo públicas las pruebas de vida que consiguió luego de capturar a miembros de las FARC que las transportaban. Nadie dudó sobre la evidencia: las pruebas estaban destinadas a Chávez y Uribe las interceptó.

El 5 de diciembre, París volvió a la ofensiva, esta vez con un hecho inusual: Sarkozy grabó dos mensajes, uno para la radio y otro para la televisión: el primero estaba destinado a los rehenes y el otro al jefe de las FARC, Manuel Marulanda, a quien se dirigió llamándolo “señor”. Sarkozy pidió allí que liberara a Ingrid Betancourt antes de la Navidad. Marulanda nunca respondió. Las FARC, sin embargo, reactivaron el proceso el martes pasado con el anuncio de la liberación de tres secuestrados. Chávez y Sarkozy han desempeñado un papel preponderante en esta historia de horror donde, hasta hace unos meses, todas las puertas estaban cerradas.

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