ECONOMíA › TIPO DE CAMBIO Y RETENCIONES

¿Qué es más conveniente para el campo?

 Por Aldo Ferrer *

Los argumentos a favor de la apreciación del peso son insostenibles y refutados por la experiencia de países que están aplicando con éxito tipos de cambio competitivos. No es cierto que, con un tipo de cambio más bajo, el mismo superávit primario del presupuesto permite comprar más dólares y pagar más deuda. En realidad, la apreciación del peso volvería a deprimir la economía y a reducir la recaudación y el superávit primario. Por eso, entre otras razones, hay que crecer para pagar la deuda. Tampoco es cierto que la emisión de pesos para aumentar las reservas generaría inflación. El aumento de la demanda de dinero absorbe parte de la expansión de la liquidez y el Banco Central, si hace falta, puede realizar operaciones de mercado abierto, colocando letras. El consiguiente déficit cuasifiscal por los intereses de las mismas, sería compensado con creces con la recaudación generada por el crecimiento de la producción y el empleo. Por último, tampoco es verdad que si se hace un esfuerzo mayor para pagar la deuda y se complace a los mercados, volverán el crédito y el crecimiento. Esta es precisamente la política que provocó la crisis y el default.
El problema no radica en demostrar la insolvencia de la argumentación a favor de una moneda sobrevaluada. Lo difícil es resolver el problema de que el tipo de cambio efectivo no puede ser el mismo para los sectores que explotan los recursos naturales abundantes y para el resto de los sectores. Nunca hemos logrado alcanzar una solución estable y equitativa de esta cuestión.
La solución conveniente es establecer un tipo de cambio alto con un impuesto o retención, sobre las exportaciones derivadas de la explotación de los recursos naturales abundantes. ¿Qué es más conveniente para el sector exportador de productos agropecuarios: un tipo de cambio bajo sin retenciones o alto con retenciones? La única ventaja de la primera variante puede ser el acceso a insumos y equipos importados eventualmente más baratos. Pero tiene un costo indirecto por la contracción del mercado interno (que es más estable que el mundial), desempleo, pobreza y malestar social y, consecuentemente, mayor inseguridad. La experiencia revela también que cuando predominó la sobrevaluación del tipo de cambio, el sector agropecuario enfrentó graves dificultades, como lo revelaba su nivel de endeudamiento y la caída de los precios de los campos, indicativo de la baja rentabilidad del sector. Por lo contrario, en la experiencia reciente, una paridad competitiva con retenciones coincidió con un período de excelente rentabilidad, disminución del endeudamiento, aumento de inversiones y valorización de los campos.
La variabilidad de los precios internacionales de los commodities y, en menor medida de los costos de producción, inciden en el corto plazo de la rentabilidad de la producción de bienes transables del sector agropecuario. De este modo, la política cambiaria que pretenda asegurar la competitividad de la producción de transables industriales y primarios, debe acomodarse a la asimilación de los shocks externos y de otras variables para introducir criterios de equidad sobre los cuales fundar la solidaridad y convergencia de todos los intereses en juego.
Es imprescindible una política de estado para la administración del tipo de cambio. El compromiso básico debería ser el de un tipo de cambio real, administrado por un régimen impositivo sujeto a un acuerdo que debería abarcar el conjunto de la política referida a la producción primaria, consistente con la rentabilidad de toda la producción argentina de bienes y servicios transables. Sobre todo esto, posiblemente, existe hoy acuerdo. Pero es preciso transformarlo en un pacto operacional entre el campo y la industria que incluye una respuesta al dilema del tipo de cambio.
No hay restricciones técnicas que lo impidan. Particularmente en la situación vigente de fuerte superávit del balance comercial, el Banco Central está en condiciones de administrar el tipo de cambio y comprar todo el excedente existente para sostener la paridad. No debería haber compromisos con el FMI que impidan sostener el tipo de cambio. En todo caso, este tema, aun con más urgencia que otros, no es negociable. Se trata, en definitiva, de una medida política dentro de la esfera de decisión del país.

* Extracto del documento El encuadre macroeconómico de la rentabilidad y el empleo en el campo y la industria, trabajo que se presentará en las jornadas del Plan Fénix que se desarrollarán desde hoy hasta el viernes.

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