EL MUNDO › OBAMA ES EL PRIMER AFROAMERICANO EN LLEGAR A LA CASA BLANCA

El largo y sinuoso camino

En 1965, el secretario de prensa de Lyndon B. Johnson anticipaba que un negro sería presidente de Estados Unidos, en el contexto de los disturbios raciales. Tres años después, Martin Luther King anunciaba que los negros llegarían a la tierra prometida.

 Por Gerardo Albarrán de Alba

Desde México, D. F.

“Escuche con atención lo que voy a decirle”, acotó Joseph Leitin, secretario auxiliar de prensa de la Casa Blanca. El periodista mexicano Julio Scherer García entrevistaba al vocero del presidente Lyndon B. Johnson poco más de un mes después de los seis días de disturbios raciales en el barrio de Watts, en Los Angeles, que estallaron en agosto de 1965, luego de que policías blancos golpearan brutalmente a un automovilista negro. Leitin respondía a la pregunta sobre el problema de los negros: “Hoy nadie se atrevería a decir que en el futuro de los Estados Unidos habrá un presidente negro. Sin embargo, téngalo en cuenta desde ahora...”

Los disturbios de Watts darían otra dimensión al movimiento por los derechos civiles de la población de raza negra en Estados Unidos, encabezada por Martin Luther King. En su segundo mandato, Johnson impulsó las leyes que prohibieron la discriminación racial y dieron el derecho al voto a los negros.

Scherer, el periodista más importante de México desde la segunda mitad del siglo XX, viajó a Washington para cubrir la situación de los negros en una nación de claro corte racista. Reportero entonces del diario Excelsior, se convertiría en su director tres años después, sólo para ser expulsado del diario en 1976 en un golpe orquestado por el presidente Luis Echeverría, con el apoyo de la cúpula empresarial del país, por la línea editorial crítica del periódico. En respuesta, fundaría la revista Proceso, que mañana cumple 32 años de publicarse cada semana.

Scherer se cuestionaba a sí mismo sobre la complejidad del tema de la entrevista que realizaba al segundo magnavoz del pensamiento de Lyndon B. Johnson. “¿Puede abordarse así, en cinco minutos, un problema de siglos? El problema negro es enredado como una liana perdida en la selva; sin punto de arranque ni fin. Lo imaginamos como un pozo profundo en el que jamás se toca fondo. El blanco puede mirar al negro con cierta naturalidad, porque siempre lo ha observado por encima del hombro. Pero, ¿y el negro? ¿Cómo construir un sentimiento con material tan disímbolo, como el que proporcionan el rencor y la admiración, el miedo y la envidia, el odio y una pasión indefinible compuesta de amor y anhelo? A veces creemos que el problema del negro, por inasible, es material para un pintor abstracto, para un músico o para un literato, mas no para un pensador. El negro, por distante, nos es extraño como los ángeles y los demonios.”

Joseph Leitin despejó sus dudas, aquella tarde de 1965: “Escuche con atención lo que voy a decirle. Hace 50 años nadie se hubiese atrevido a decir que los Estados Unidos serían gobernados por un presidente católico. El tiempo, en medio siglo, superó lo que parecía imposible y John F. Kennedy escaló la máxima magistratura de un país de mayoría protestante. Hoy, nadie se atrevería a decir que en el futuro de los Estados Unidos habrá un presidente negro. Sin embargo, téngalo en cuenta desde ahora...”

Poco más de un cuarto de siglo después, los disturbios de 1992 en el barrio de South Central, de nuevo en Los Angeles, luego de que un jurado exonerara a los policías blancos que propinaron otra vez una brutal golpiza a un automovilista negro, Rodney King, un año antes, demostraron que la iniquidad económica, la discriminación y la marginación contra esta raza no habían desaparecido del todo.

Tuvieron que pasar 43 años de aquella premonitoria declaración de Leitin para que se hiciera realidad el martes pasado con la elección de Barack Obama como el primer presidente negro en la historia de Estados Unidos, pero no era el único que la anticipaba.

El 3 de abril de 1968, un día antes de ser asesinado, y poco antes de que transcurrieran tres años de los disturbios de Watts, el líder negro Martin Luther King había dicho a sus seguidores: “He visto la tierra prometida. Puede que no llegue allá con ustedes, pero quiero que sepan esta noche que, como pueblo, llegaremos a esa tierra”.

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