EL MUNDO › POR SEXTO DíA CONSECUTIVO, ESTUDIANTES ENCAPUCHADOS ATACARON A LA POLICíA

Marcha y enfrentamientos en Grecia

Cientos de jóvenes lanzaron piedras y molotov a los uniformados. También quemaron autos y rompieron los vidrios de dos bancos. Los estudiantes y profesores critican el sistema educativo y dicen que están en un callejón sin salida.

 Por María Antonia Sánchez-Vallejo *

Desde Atenas

“No tenemos nada que perder, ¿qué importa qué queramos?”. Con las manos en los bolsillos –unos bolsillos repletos de piedras–, un joven encapuchado responde así, mientras aguarda el momento de atacar a los antidisturbios, a la pregunta sobre sus propósitos. Junto a él forma en orden de combate medio centenar de jóvenes, los mismos que revientan a diario las manifestaciones para expresar, a su modo, la rabia del presente y la falta de futuro. Muchos los comparan con los protagonistas de Mayo del ’68 o con los antisistema de Seattle o Génova, pero, tras ellos, en el escenario de una Grecia perpleja, parece no haber nada.

Ayer las protestas se volvieron a mezclar con los disturbios. Mientras la marcha programada por los estudiantes avanzaba hacia el Parlamento nacional, en la plaza Sintagma, frente al Palacio del Legislativo, el primer grupo se trenzó con la policía. Cientos de jóvenes lanzaron por sexto día consecutivo piedras y molotov a los uniformados, los autos y, esta vez, los bancos también se volvieron un objetivo. Los manifestantes apedrearon una sucursal del Citibank cercana e irrumpieron en la sede central del Banco Nacional de Grecia. No hubo incidentes mayores, pero los clientes y los trabajadores que estaban adentro salieron espantados.

Conforme pasan los días se impone la certidumbre de que, igual que en ocasiones anteriores, el eco de la calle va a extinguirse hasta enmudecer, aunque el calendario de protestas y ocupaciones de aulas se prolongue hasta Navidad. Cada uno de los manifestantes que estos días ocupan las calles se aferra a una razón, del nihilismo al entusiasmo de los quince años, del escepticismo de los bien informados a la necesidad inconsciente de actuar para vencer el impasse o minimizar el impacto de la crisis. Pero el trasfondo es de desesperanza, sobre todo entre los profesores. “Esto no va a conducir a ningún sitio. Se va a apagar y no quedará nada, como en Los Angeles”, apunta Vasilis Alexis, profesor de Teoría Literaria de la Universidad de Salónica. Desde hace años, la educación es un caballo de batalla en Grecia y un espejo que devuelve una imagen muy ajustada de la crisis social que fermenta en la esclerosis del sistema. “Cada tres o cuatro años hay un brote de descontento: una huelga general en 1987; otra en 1991, durante la que perdió la vida por disparos de unos desconocidos un profesor en Patras; manifestaciones contra la reforma del sistema de acceso a la función docente, en 1997, o hace dos años, al intentar reformar el gobierno el artículo 16 de la Constitución, que establece que la universidad griega debe ser pública”, añade Alexis.

Protestas reiteradas, en suma, contra la amenaza de ruina de un sistema deteriorado por cuyas rendijas asoma el sector privado; contra un sistema que obliga a los docentes al pluriempleo “para llegar a fin de mes, porque un maestro de primaria gana 1200 euros al mes”, denuncia Manolis Papas, que acude a diario a las concentraciones. Jóvenes y mayores protagonizan estos días en las calles un “verdadero cisma” en la sociedad griega, según Vasilis Alexis. Los estudiantes expresan “reacciones viscerales a un callejón sin salida, a un vacío vital que los alcanza antes de tiempo. Pero esto es como un carnaval y, tras los fuegos de artificio, no habrá nada. Falta una fuerza política que capitalice el descontento pero, pese a lo politizado que está el país, nadie es capaz de hacerlo. Eso sí, seguro que algunos partidos lo utilizan”.

En efecto, las revueltas son ya un dardo envenenado en la escena política, pero también pueden convertirse en bandera de conveniencia.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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Sexto día de choques entre estudiantes y policías.
Imagen: AFP
 
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