EL MUNDO › AL MENOS 132 MUERTOS Y MáS DE 500 HERIDOS EN UN DOBLE ATENTADO EN EL CENTRO DE BAGDAD

El ataque más sangriento en dos años

Entre las víctimas había mujeres y niños que se habían desplazado hasta el Ministerio de Justicia para cobrar una compensación estatal por haber sufrido pérdidas de familiares cercanos en atentados y tiroteos anteriores.

 Por Kim Sengupta *

Un doble atentado con dos coches bomba destrozó ayer el centro de Bagdad y provocó una carnicería, dejando un saldo de al menos 132 muertos y 520 heridos. El ataque fue el más sangriento en el país en los últimos dos años.

Los suicidas atacaron en la hora pico de la mañana. La primera bomba tuvo como objetivo el Ministerio de Justicia; la segunda, minutos después, el edificio vecino de un consejo provincial. Entre las víctimas fatales, heridos y mutilados, hay mujeres y niños que, justamente, se habían desplazado hasta allí para cobrar una compensación estatal por haber sufrido pérdidas de familiares cercanos en atentados y tiroteos anteriores. “Es terrible, estas personas volvieron a ser víctimas nuevamente”, señaló Ali Hassan, empleado gubernamental.

La explosión destrozó varios edificios cercanos e incendió docenas de autos que se encontraban atrapados en el tráfico. En sus interiores, conductores y acompañantes se calcinaron mientras una columna de humo se alzaba al lado del Tigris y los cuerpos mutilados comenzaban a apilarse en la calle.

El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, quien hace de la seguridad su principal apuesta poítica, culpó a Al Qaida y a los seguidores del ex presidente Saddam Hussein. “Fueron las mismas manos negras que están manchadas con la sangre del pueblo iraquí”, aseguró el premier.

El gobierno de Bagdad vinculó las explosiones de ayer con los atentados que el último 19 de agosto se llevaron a cabo contra los ministros de Relaciones Exteriores y de Finanzas y que, además, dejaron un saldo de 100 muertos. En ese momento, oficiales del ejército y de la policía fueron arrestados por negligencia.

Altas fuentes gubernamentales iraquíes habían señalado a Siria como la responsable por los ataques de agosto, acusación rotundamente desmentida por el gobierno de Damasco. Tras las explosiones de ayer, no obstante, el gobierno de Maliki volvió a acusar a “agentes extranjeros” de querer desestabilizar el país de cara a las elecciones parlamentarias previstas para el próximo mes de enero, en lo que sería el segundo test electoral desde la invasión estadounidense en marzo del 2003.

“Estos cobardes ataques terroristas no deben afectar la determinación del pueblo iraquí de continuar su lucha contra los vestigios del antiguo régimen y los terroristas de Al Qaida, que acaban de cometer un crimen brutal contra la población civil”, afirmó Maliki a través de un comunicado. “Su deseo es provocar el caos en el país, quebrar el proceso político en marcha e impedir las elecciones parlamentarias”, precisó el primer ministro.

Los atentados fueron, a su vez, un recordatorio para el presidente Barack Obama de que aún existen asuntos pendientes para resolver en Irak y que el costo de concentrar sus esfuerzos exclusivamente en Afganistán puede ser muy alto.

Los comandantes estadounidenses sobre el terreno ya advirtieron, por su parte, que acelerar un retiro en gran escala de las tropas desplegadas en el país asiático podría comprometer los niveles de seguridad alcanzados desde la llegada del general David Petraeus. “Los responsables de estos actos despreciables quieren acabar con el proceso político y destrozar todo lo que hemos logrado en estos últimos seis años”, aseguró, a su turno, Jalal Talabani, presidente de Irak.

Tras llamar por teléfono a las autoridades locales, Obama emitió un comunicado en el que aseguró que su país no se desentenderá de la situación local. “Estados Unidos permanecerá firme junto a los iraquíes. Lo único que demuestran estos atentados es la agenda llena de odio y destrucción de aquellos que quieren negarle al pueblo iraquí el futuro que éste se merece”, afirmó el mandatario norteamericano.

Los ataques de ayer ocurrieron a tan sólo algunos cientos de metros de la fuertemente vigilada Zona Verde, el área donde se encuentran las embajadas extranjeras y los ministerios iraquíes. La calle donde tuvo lugar la explosión había sido reinaugurada recientemente por las autoridades locales como una muestra de confianza de que, de a poco, la normalidad comenzaba a ganar las calles de la capital.

La escena a las afueras del edificio del Consejo local era espantosa: litros de petróleo y charcos de agua inmensos teñidos de rojo por piletas de sangre. Cuerpos mutilados y empapados recubiertos a medias con sábanas para luego ser envueltos en bolsas mortuorias y despachados en la parte de atrás de las ambulancias en dirección a la morgue.

“Los cuerpos volaron por los aires. Vi mujeres y chicos rebanados a la mitad desperdigados por la calle. ¿Por qué tiene que suceder esto? ¿Qué pecados cometieron estas personas? No puedo entenderlo”, se lamentó Mohammed Fadhil, de 19 años, testigo de la masacre. “¿Qué clase de mejoras hubo en materia de seguridad? Los ministros están sentados en sus oficinas y no hacen nada al respecto”, se quejó Riyadh Jumaa, que cayó al piso junto con su hijo de 3 años tras la segunda explosión.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Un guardia iraquí se agarra la cabeza al observar las consecuencia de las bombas.
Imagen: EFE
 
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