CONTRATAPA

Manual de cinismo

 Por Sonia Catela

A usted le espetan: "El que apuesta al dólar, pierde" (Lorenzo Sigaut, 1981). O: "La gente nunca tuvo más plata que ahora" (Martínez de Hoz, 1980). O: "En este país, nadie hace la plata trabajando" (Luis Barrionuevo, 1990), y lo acomete la metafísica:

¿Es el cinismo un ingrediente imprescindible del fantasmagórico ser nacional, la sal de la vida del argentino, la propia capital de Vulgaria, como llama a nuestro país (y sus vulgares habitantes), un periodista porteño con el toque cínico del caso? Cuando los jefes de Estado hablaban mediante comunicados militares, nuestros Zaratustras repartieron profusas muestras gratis del producto: "Los desaparecidos no están, no son", envasó y selló Jorge Rafael Videla en 1981. El mismo año, Leopoldo Galtieri avisó: "las urnas están bien guardadas", por si no nos habíamos enterado.

Entre el cablerío de las picanas, (1978) aquel Estado sangriento guisó un clásico imbatible: "los argentinos somos derechos y humanos". Sebastián Hacher atribuye su autoría a la consultora internacional Burson Marsteller, de las más grandes del mundo, la que lo ajustó como traje a la medida de nuestro cuerpo.

En diciembre de 1977 se tuvo el menos recordado pero no menos importante anuncio publicitario: "Para que usted y su familia puedan celebrar en paz, en el Ejército hay argentinos que están haciendo guardia. Proteger es querer. Felices fiestas". Un pañuelo con que enjugar las lágrimas de emoción.

Eso en dictadura pero ¿y al momento en que los cuartos oscuros funcionan y se recuentan votos mientras se cruzan acusaciones mutuas de fraude?

Retomemos a los grandes maestros. Cuando Guido Di Tella, canciller de la argentina se despachó en 1991 perfilando la política exterior de la Nación: "Con Estados Unidos mantenemos relaciones carnales", pudo adjudicarse el trofeo histórico de un campeonato nacional de cinismo. Pero le disputa ese galardón el ministro de economía Bernardo Grispun: "Si querés que me baje los pantalones, me los bajo", (ante el emisario del FMI, Joaquín Ferrán, en 1984).

El cinismo rasca sus escamas en la desvergüenza del emisor pero desparrama la picazón de su sarna en cuanta conciencia se le cruza por el camino. Si Jauretche dice: "la plata tiene olor a bosta en la Argentina", es tapándose la nariz con cierta repugnancia. Contrario sensu, un cínico se jactaría de ese aroma escatológico; al fin y al cabo, el cinismo monta de una manera u otra una celebración de la vileza propia.

Sigamos rebuscando en las pesadas alforjas las frutas de ese árbol que florece en nuestro jardín y hallaremos con creces.

Cómo olvidar el: "Si hubiera dicho lo que iba a hacer, no me votaba nadie", teorema con el que resumió Menem su filosofía, su ética y sus temibles planes para nuestro futuro. Manzano, ministro de Interior del riojano, completó la escena: "Yo robo para la corona". Y aunque no se trata sólo sobre ladrones, tampoco los excluye; en 1996, el gremialista Luis Barrionuevo brindó también una receta integral a la cuestión económica argentina: "En este país tenemos que dejar de robar por dos años".

"La casa está en orden. Felices Pascuas", fueron las palabras con que Alfonsín epilogó la rebelión carapintada de 1987, mientras ésta nos legaba las leyes de Obediencia debida y Punto Final e instalaba a Rico abriéndole el micrófono: "Yo no dudo, los soldados no dudan. La duda es una jactancia de los intelectuales" (Aldo Rico, 1988).

Son tops. Difíciles de igualar. Pero no se queda atrás el dibujo del mapa que elucubró Julio Roca, vicepresidente de la nación, en 1933: "La Argentina, es desde el punto de vista económico, una parte integrante del imperio británico", tras la firma del pacto Roca-Ruciman sobre comercio de carnes.

"Ni vencedores ni vencidos", sentenció Eduardo Lonardi en setiembre de 1955, con breve antelación a los fusilamientos por decreto de la Libertadora.

Durante la década menemista, el ciclo argentino de vacas gordas alcanzó en este rubro su pico más alto con ejemplares de pura raza. Un catálogo de muestras para elegir:

"Estamos mal, pero vamos bien", (Menem, 1990).

"No sé si voy a sacar el país del problema económico. Pero seguro que voy a hacer un país más divertido", (Menem, 1990).

"La Ferrari es mía, mía, mía. ¿Por qué voy a donarla?" (Menem, 1991).

"No importa de dónde vengan los capitales. Lo que importa es que vengan", (Alberto Kohan, 1991).

"En mil días, vamos a poder tomar agua del Riachuelo", (María Julia Alsogaray, Secretaria de Medio Ambiente, 1993)

Algunas de las profecías de este ciclo se derrumbaron como Sodoma y Gomorra y hubo que salir de debajo de los escombros con que nos sepultaron:

"La convertibilidad se mantendrá por los siglos de los siglos", (Menem, 1996).

"Con la convertibilidad, habrá más de seis décadas de crecimiento y prosperidad en la Argentina", (Domingo Cavallo, 1991).

Casi todos los postulados desnudaban la axiología, la escala de valores imperante en aquellos filósofos nuestros: "Que se vayan a lavar los platos", respondió Cavallo a los reclamos de los científicos del área de Ciencia y Técnica, siempre en la década del '90.

¿Y ahora? Podrían llegar a incorporarse al Manual de Cinismo ciertas piezas pulidas durante las últimas curvas en las que nos vamos salvando del choque:

"Este es un negocio millonario y los cartoneros tienen una actitud delictiva porque se roban la basura". "Al ciruja me lo llevo preso". "Es tan delito robar la basura como robarle a un señor en la esquina", Mauricio Macri, época K.

También de Macri: "Vengo de una familia machista? En una familia machista, una mujer no tiene otro destino que el de estar educando a sus hijos", en referencia a las posibilidades de que su hermana Sandra se incorporara a su gabinete como ministra de acción social.

Hugo Biolcati, presidente de la Sociedad Rural, agosto 2009, rubrica algún aporte: "Me pregunto por qué el 27 por ciento de los argentinos padece hambre si el campo es una enorme fábrica de alimentos", "El campo tiene un plan para terminar con la pobreza", Y: "Pienso en Manuel Belgrano, José de San Martín, Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi. Hombres que murieron en la dignidad de su pobreza, sin tener que presentar declaraciones juradas". Presentar la declaración jurada o no, ese dilema ontológico...

En cuanto a si hay o no cinismo en Cobos, cada cual juzgará y tomará posición:

"No puedo acompañar y eso no significa que esté traicionando". "La historia me juzgará", "Mi voto no es positivo", Julio Cobos, (vicepresidente argentino integrante del gobierno y votando en el Senado contra el proyecto oficial y junto a la oposición, julio 2008).

Posiblemente el tiempo clave los dientes, despedace y degluta los speechs de los personajes de reparto, los bocadillos de quienes son extras ocasionales de la historia. Pero acaso ¿no es la intención lo que vale?

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