EL MUNDO › LA GUERRILLA COLOMBIANA COMPLETO LOS GESTOS HUMANITARIOS ANUNCIADOS UN AÑO ATRAS

Las FARC entregaron los restos de un rehén

Fue la última entrega a voluntad por parte de los rebeldes, quienes esperan que el gobierno de línea dura negocie un intercambio de prisioneros. El martes habían liberado al secuestrado más antiguo.

 Por Katalina Vásquez Guzmán

Desde Medellín

La familia de Guevara, acompañada por la Cruz Roja y Piedad Córdoba, recibió un ataúd con el cuerpo de Julián Guevara.
Imagen: AFP.

Para completar los gestos humanitarios que anunció hace un año, la guerrilla de las FARC entregó ayer los restos de un secuestrado muerto en cautiverio. En las selvas del suroriente del país se suspendieron las operaciones de las fuerzas militares para que el helicóptero brasileño con la misión recogiera el cuerpo del mayor del ejército Julián Ernesto Guevara, quien murió en 2006, según informaron los rebeldes, a causa de una extraña enfermedad. Esta será la última entrega a voluntad por parte de las FARC, que esperan en adelante conseguir la libertad de los secuestrados a cambio de los guerrilleros presos en un intercambio humanitario que aún el gobierno no acepta negociar.

En el aeropuerto de Villavicencio, al oriente del país, la familia de Guevara recibió un ataúd con el que sería el cuerpo del mayor de manos de la Cruz Roja Internacional, que a lo largo de la semana lideró las misiones para dejar en libertad al soldado Josué Daniel Calvo, el domingo, y al sargento Pablo Emilio Moncayo, el martes. Inicialmente, la guerrilla advirtió que no entregaría los restos por las operaciones militares oficiales, sin embargo, con el regreso de Moncayo llegó el anuncio de entrega de los restos.

Con la llegada del cuerpo sin vida se terminó para la familia del militar uno de los dramas más intensos de la guerra en Colombia. “Es un momento muy doloroso, pero al mismo tiempo sumamente crucial para la familia, en especial para Emperatriz de Guevara, la madre del policía fallecido”, dijo Christophe Beney, jefe de la delegación del CICR en Colombia, quien explicó que “el hecho de poder ofrecer una sepultura digna a un ser querido es muy importante y necesario, puede constituir un verdadero alivio. En el mejor de los casos, permite iniciar un proceso curativo y ayudar a aceptar la pérdida del ser amado”.

Emperatriz de Guevara, la madre, agradeció al gobierno colombiano, a la Cruz Roja y a la senadora Piedad Córdoba, quien consiguió las coordenadas del cuerpo sin vida. Al ver el ataúd asomarse, fue a ella a quien se abrazó doña Emperatriz. “Yo pensaría que no cerramos el ciclo, más bien lo abrimos, espero con la voluntad de Dios poder tener la fortaleza que necesito para en el menor tiempo posible dar por terminado esto, aunque un hijo nunca se olvida.” Las declaraciones las dio antes de la llegada de su hijo fallecido, pues tras “reencontrarse con él”, luego de doce años de secuestro, el dolor no le permitió hablar. Beney pidió a la prensa no interrogarla por su estado emocional, y la señora decidió ofrecer declaraciones tan sólo al llegar a Bogotá y reunirse con todos sus hijos.

El cura católico que acompañó todas las misiones humanitarias de esta semana, monseñor Leonardo Gómez Serna, ofició un breve acto religioso con los restos de Julián Guevara en el centro. A la abuela Emperatriz le regaló un rosario de plata.

Los restos serán entregados al Instituto de Ciencias Forenses para que compruebe si son los del oficial del ejército mediante una prueba de ADN. Entonces, podrán definitivamente entregarse a la familia para cumplir el rito sepultural.

La entrega ocurrió, según informó el Comité Internacional de la Cruz Roja, en una zona rural del departamento del Guaviare. Este hombre había sido secuestrado en noviembre de 1998, durante un asalto guerrillero a la ciudad de Mitú, la capital del selvático departamento del Vaupés. Al parecer, una enfermedad tropical fue la causa del fallecimiento. Ayer, al regresar sin vida a Villavicencio, fue recibido de rodillas, en silencio y con pañuelos blancos. El rostro de los presentes, algunos miembros del gobierno, oficiales militares y políticos, mostraba respeto y dolor a la llegada del féretro marrón con el secuestrado muerto, que los mismos guerrilleros desenterraron en presencia de la misión humanitaria.

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