EL MUNDO › INCERTIDUMBRE EN TORNO DEL NAVíO IRLANDéS CON AYUDA HUMANITARIA PARA EL TERRITORIO PALESTINO OCUPADO

Otro barco desafía el bloqueo israelí de Gaza

Anoche había quienes decían que el ejército israelí había tomado la embarcación; otros, que se preparaba para hacerlo a la noche. El gobierno de Benjamin Netanyahu negó todo y habría pedido que no se cometan “excesos”.

Un segundo barco con ayuda humanitaria debía llegar esta mañana a las costas de la Franja de Gaza. Ayer el gobierno israelí repitió, como lo había hecho en la víspera de la llegada de la embarcación turca Mavi Marmara, que bajo ninguna circunstancia permitirán que los activistas pro-palestinos violen el bloqueo que mantienen sobre Gaza desde hace tres años. Pero los once tripulantes del Rachel Corrie decidieron seguir su curso igual. Al cierre de esta edición, las ONG que organizaron la llamada Flotilla de la Libertad denunciaron que habían perdido la comunicación con el barco de bandera irlandesa, justo cuando se encontraba a 200 kilómetros de la costa del territorio palestino. El silencio y la oscuridad de la noche no hicieron más que alimentar el clima de tensión y rumores que ya existía. Anoche había quienes decían que el Ejército israelí había tomado la embarcación; otros, que se preparaba para hacerlo a la noche. El gobierno de Benjamin Netanyahu negó todo y habría pedido, según los medios locales, que no se cometan excesos al detener al séptimo y último miembro de la flotilla internacional.

“Vamos a detener el buque, así como cualquier otro barco que intente violar la soberanía israelí. No hay posibilidad de que el Rachel Corrie llegue a la costa de Gaza”, sentenció, sin vacilar, el canciller israelí Avigdor Lieberman ante la televisión local. Según el líder ultraconservador, intentaron negociar con el gobierno irlandés que el barco atracara en el puerto israelí de Ashdod. Lieberman dijo haberles ofrecido que, luego de ser revisada toda la mercadería, podrían llevarla –escoltados, por supuesto– a la Franja de Gaza por tierra. El miedo, explicó, es que se utilicen supuestos cargamentos humanitarios para contrabandear cohetes y misiles, que luego son disparados por la organización islámica Hamas hacia territorio israelí.

Según el diario israelí Haaretz, Tel Aviv y Dublín habían llegado a un acuerdo durante la mañana. El buque atracaría en Ashdod y la carga sería inspeccionada bajo supervisión de la ONU y de diplomáticos irlandeses. Luego se transportaría la ayuda humanitaria a través del paso fronterizo de Erez, bajo la vigilancia de dos tripulantes del Rachel Corrie. El gobierno irlandés había aceptado el trato, pero los activistas pro-palestinos a bordo del buque le bajaron el pulgar.

“No tenemos intención alguna de ir a Ashdod, que se encuentra en Israel. Hemos salido para entregar esa carga a la población de Gaza y es lo que deseamos hacer, romper el bloqueo a Gaza. No tenemos miedo”, aseguró la Premio Nobel de la Paz irlandesa, Mairead Maguire, la figura estelar de la tripulación del Rachel Corrie, el buque bautizado en honor a la activista estadounidense que murió aplastada por una bulldozer israelí, cuando protestaba contra la demolición de casas en la Franja en 2003.

Algunos de los pasajeros del Rachel Corrie lograron hablar con medios internacionales antes de quedar incomunicados. “Estamos preparados para lo peor, pero esperando que quizás haya una excepción y que Israel nos autorizará a llevar esa carga a Gaza”, se animó a imaginar por un segundo Denis Halliday, ex subsecretario general de la ONU. A su lado, Jenny Graham, una militante irlandesa del movimiento Free Gaza, se mostraba menos optimista. “Queremos llegar de día porque estamos preocupados por lo que puede pasar”, le explicó por teléfono al diario español El País.

Según informaron las organizaciones que armaron la Flotilla de la Libertad, la turca IHH y el movimiento Free Gaza con sede en Chipre, el buque de bandera irlandesa lleva unas 1200 toneladas, que incluye 560 toneladas de cemento, así como equipo médico y unas 200 sillas de ruedas eléctricas y comunes, papel, equipamiento deportivo y juguetes. La carga es escoltada por once activistas, cinco irlandeses y seis malasios. El cemento es uno de los bienes que lideran la lista del bloqueo israelí ya que, según las fuerzas ocupantes, Hamas podría utilizarlo para construir y reconstruir su infraestructura militar.

Antes de caer el velo oscuro de la noche, Graham hizo un último intento por evitar un nuevo baño de sangre, como el que dejó el ataque militar al barco turco el lunes pasado. “Tememos una reacción del gobierno israelí. Pero no podemos detener nuestro viaje sólo porque pueda haber una confrontación. Nosotros somos pacíficos y queremos llegar a destino con dignidad. No queremos ninguna violencia, ningún enfrentamiento”, repitió la activista irlandesa, con la esperanza de que su mensaje tuviera eco dentro del gobierno de Netanyahu.

Pero la coalición de derecha se mantiene firme en su postura desde el ataque del lunes pasado. Ayer el canciller Lieberman redobló sus denuncias contra los activistas que fueron detenidos y algunos heridos a bordo del barco turco Mavi Marmara. “La cantidad de dinero que fue encontrada en el barco confirma que, sin lugar a dudas, en el barco turco se encontraban mercenarios que cometieron una provocación por dinero”, aseguró el líder ultraconservador, sin presentar pruebas. También acusó a la ONG turca IHH, una de las organizadoras de la flotilla, de tener vínculos con la guerrilla chechena y movimientos islámicos armados en Líbano, Siria y Sudán. Otra vez, sin presentar pruebas.

El mismo día del ataque contra el Mavi Marmara, Lieberman y el resto del gobierno israelí acusaron a los activistas pro-palestinos de haber iniciado el enfrentamiento al amenazar con armas a los soldados israelíes. Sin embargo, cuatro días pasaron y ningún arma apareció, excepto cuchillos y tubos metálicos. En cambio, todos los miembros de la tripulación coincidieron en que vieron hasta nueve cadáveres, uno de ellos con un agujero de bala entre los ojos.

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El silencio y la oscuridad de la noche alimentaron el clima de tensión en el Rachel Corrie.
Imagen: EFE
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