EL MUNDO › OPINION

La incógnita Humala

 Por Modesto Emilio Guerrero *

La pequeña diferencia de votos entre uno y otra no logra ocultar el tamaño de los impactos políticos, sociales y diplomáticos del triunfo de Ollanta Humala en Perú. Esto vale tanto para las profundidades anónimas de la sociedad peruana, como para la removida geopolítica latinoamericana.

El tipo de gobierno y régimen que conforme será decisivo para definir el curso de su conducta política y despejar la incógnita del nuevo líder emergente.

Humala no estaba en los planes ni en los cálculos de Washington, como no lo estuvieron sus predecesores en este nuevo mapa de regímenes brotados entre las fisuras internas de sus países y las grietas abiertas en el sistema de dominación hemisférica. Como pocas veces, la crisis político-social latinoamericana se combina con la peligrosa caduquez imperial, para producir gobernantes imprevistos, díscolos, indisciplinados y en algunos casos hasta desafiantes de su hegemonía capitalista.

Humala sería el noveno en esta línea sucesoria que comenzó con Chávez en 1999, un militar formado en libros de izquierda, y ha deparado las más sorpresivas variantes presidenciales. Un luchador aymara, un cura de barrio, un ex economista del Banco Mundial, un joven reportero de la CNN ligado a una organización insurgente de los ’80, un ex guerrillero famoso, dos neodesarrollistas con simpatías populares en Brasil y Argentina, y Lula, el líder sindical que desafió a la dictadura más sólida de los años ’70. Todo en una década.

Demasiado para la embarullada digestión de un imperio en crisis. Aunque el nuevo presidente de Perú no se ha definido sobre el ALBA, la Unasur y la próxima Comunidad de Estados de América Latina y del Caribe (Cealc), la cuenta es más o menos simple: no tiene mucha opción frente al TLC genuflexo con EE.UU., que condujo al país a un PBI sorprendente del ocho por ciento arriba, con una miseria ampliada del 60 por ciento en la población y una pobreza crítica de casi el 30 por ciento, según el informe de la Cepal.

¿Mantendrá a la nación peruana amarrada al proyanqui “Cordón del Pacífico” recién formado con Chile, Panamá, Costa Rica y México?

Esta es una incógnita estratégica para el nuevo mandatario. De ella dependerá lo que haga o deje de hacer el Pentágono y el Comando Sur, sus enemigos internos y sus aliados derechistas en el gobierno que forme. Esa es la lección que obliga a prevenir. El resto dependerá de él y de hasta dónde se atreva a correr el nudo.

Humala no es un hombre de izquierda y su nacionalismo militar de origen está lejos del invocado por el líder venezolano desde que fundara el Movimiento Bolivariano 2000 en 1982. Pero si avanzara en apenas la mitad de lo que anuncia, él y su régimen podrían convertirse en lo que andan buscando los explotados y oprimidos peruanos para revertir las dolorosas derrotas de las décadas del ’80 y el ’90, y desatar un proceso social y político de impredecible transformaciones políticas. Perú no es Honduras. Ese solo hecho ayudaría a contrapesar la tendencia a la reversibilidad que ha comenzado en los gobiernos progresistas de la última década, atrapados en las babosas relaciones del sistema regional de Estados y sus marañas institucionales conservadoras. Humala sería un pretexto de la historia en marcha, como lo fueron otros.

Ese es el temor de Estados Unidos y sus socios en la región andina y en el continente. Ya lo advirtieron los republicanos de la Cámara baja en Washington los días 19 y 20 de noviembre de 2010, cuando reunieron a derechistas de la Comunidad Andina y de Venezuela en un seminario titulado “¿Cuál es la sustentabilidad de los gobiernos andinos frente al ALBA?”.

Como ocurre en la historia de vez en cuando, los pueblos en situaciones críticas se apoderan de personajes ajenos para llevar adelante sus demandas, búsquedas e ilusiones. Este es un caso.

Según el registro territorial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Humala fue votado en más del 80 por ciento por trabajadores urbanos, campesinos del norte, mineros e indios y profesionales de baja clase media. Pero anuncia un gobierno de concertación con desprendimientos de la burguesía menos lumpen del país y con una parte de la inteligencia académica.

Esa fusión tendrá corto vuelo porque es contradictoria en sí misma. Sus votantes querrán ir más allá, mucho más allá, del programa, el discurso y el propio presidente. Allí, exactamente en ese punto crucial, nace la incógnita llamada Ollanta Humala.

* Escritor y periodista venezolano.

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