EL MUNDO › OPINION

Las claves de un día humalista

 Por Martín Granovsky

Desde Lima

Con un sol infrecuente (¿un día humalista?) y una sonrisa que no entraba en su cara, Ollanta Humala empezó muy suelto la ceremonia de asunción. En la dedicatoria, mencionó a su familia y especialmente a dos personas. “A mi padre, que me formó”, fue su reconocimiento a Isaac Humala, un indigenista radicalizado de cuyas ideas etnocaceristas, sin embargo, el nuevo presidente peruano declaró varias veces no compartir. “Y a mi hijo Sammy, que ahí está descasando, si es que el ruido no lo despierta.” El bebé, su hijo menor, dormía. Algún día, un tío le contará que el 28 de julio de 2011 fue, también, un símbolo: el discurso social de asunción de Humala estuvo teñido de promesas de cuidado de los chicos en el Perú, especialmente de los pobres, de desayunos en la escuela y de condenas al maltrato y al femicidio.

Aquí, diez claves del proceso político que comenzó ayer, justo 190 años después de que José de San Martín declaró la independencia peruana.

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Humala refirmó su compromiso de campaña de instaurar un fondo extra formado con las superganancias mineras, de acuerdo con la situación muy favorable del mercado mundial de cobre, zinc y oro. Dijo textualmente: “Las ganancias extraordinarias de las empresas mineras deben contribuir al esfuerzo nacional en el combate contra la pobreza. Los contratos serán respetados y la negociación permitirá, no lo dudo –repito: no lo dudo–, que esas ganancias beneficien al país. En ello va mi palabra de compromiso con el pueblo peruano”. Las palabras indicarían una negociación inmediata, aprovechando el envión del que todo presidente goza en los primeros meses.

2

Le puso números al aumento del sueldo mínimo (hoy de 600 soles), una de las claves de su mayoría entre los peruanos pobres. Serán 75 soles este año (unos 30 dólares) y 75 en 2012.

3

Desechó fantasmas, sin nombrarlos. Quizás intentó despejar la fantasía de que repetirá la experiencia venezolana cuando dijo que “nuestra voluntad no es la de copiar modelos, sino el de crear un modelo peruano de crecimiento con estabilidad, democracia e inclusión social”. Y agregó en este punto: “Como decía el amauta José Carlos Mariátegui, no habrá calco, ni copia, sino creación heroica”. Amauta era la palabra maestro para los incas. Uno de los grandes intelectuales latinoamericanos, Mariátegui fue el fundador del Partido Comunista peruano. Marxista de mente abierta, en sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, de 1928, desarrolló un pensamiento destinado a cobrar fuerza en América latina: vinculó la cuestión indígena con la cuestión social y campesina. “Los campesinos del Perú y los pobres del campo serán prioridad”, dijo en un momento de los 50 minutos de mensaje.

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Al revés del presidente saliente Alan García, ausente ayer por miedo a los chiflidos o a la foto, que ideó el Arco del Pacífico junto con países de gobiernos más conservadores como México, Colombia y Chile, dijo Humala que “la integración en el marco de Unasur y la Comunidad Andina de Naciones será la línea principal de acción”. Colombia y Chile integran Unasur, pero el peso mayor lo llevan Brasil y la Argentina. El Arco, en cambio, es un modo de acercamiento mayor a los Estados Unidos. Humala dijo que cumpliría los pactos y acuerdos firmados, una probable alusión a los vigentes tratados de libre comercio, por ejemplo con Washington. Habló de una “solución pacífica” por el diferendo marítimo con Chile, hoy bajo análisis del Tribunal de La Haya, y remachó la idea sudamericana con dos frases: “Nuestra independencia siempre fue un proceso regional” y “San Martín y Bolívar fueron precursores de la unión de hoy”.

5

La orientación política de Humala y su futura orientación diplomática refuerza el tándem Brasil-Argentina que da solidez a la convivencia entre regímenes de distinto signo y otorga impulso a los cambios, cada uno con sus condimentos nacionales, en Venezuela, Uruguay, Ecuador, Bolivia y Paraguay. A Brasil, en particular, le garantiza por cinco años la presencia de un gobierno amigo en el país por el que irán cruzando cada vez más las exportaciones brasileñas hacia el Pacífico.

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Humala no solo citó a Mariátegui. En un juego de identidad o seducción, y tal vez de ambas cosas al mismo tiempo, rescató a varias figuras. Al presidente Víctor Belaúnde, que en 1914 dijo “¡Queremos patria!” como una forma de resumir su proyecto de integración social y multicultural. Al historiador americanista Jorge Basadre, que en 1931 llamó a completar la formación histórica del Perú. Y a Víctor Raúl Haya de la Torre (1875–1979), el fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana. El líder sudafricano Nelson Mandela fue otro de los citados: “Mandela afirmó en la Unesco que la igualdad, la equidad y la justicia social eran la base de toda democracia. Por eso he jurado defender la democracia”.

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Humala integró un gabinete diverso, coherente con la concertación que prometió para ganar en la segunda vuelta, donde obtuvo los votos de Alejandro Toledo y de Mario Vargas Llosa, y para gobernar sin problemas. Tendrá gran peso el presidente del consejo de ministros, Salomón Lerner, un empresario, político y dirigente de la comunidad judía que comenzó como un joven funcionario del general Juan Velazco Alvarado a fines de los ’60. En ese perfil se inscribe también el nuevo canciller, Rafael Roncagliolo, un sociólogo y periodista reconocido por su capacidad de diálogo que resultó una designación inesperada hasta para un amigo suyo de la Argentina, el embajador en Perú, Darío Alessandro.

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Ensayó una provocación light. Juró invocando la Constitución de 1979. No es la que rige. Está vigente la que promulgó Alberto Fujimori en 1993, después de un autogolpe con consenso popular. Rescatar políticamente la de 1979 (un texto humanista, con fuerte acento en los derechos sociales y las libertades individuales) fue un modo de distanciarse aún más del fujimorismo y de señalar identidad propia.

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Resumió sus ideas en estas palabras, que pronunció seguidas: “Reforma, democracia, libertades, inclusión, seguridad, paz con justicia, transparencia, soberanía y concertación”.

10

A la vez que prometió reciclar a productores hoy ilegales y afirmó que “no legalizaremos ningún tipo de droga, ni de cultivos ilícitos”; anunció que encabezaría personalmente dos consejos. Uno, sobre seguridad y combate al crimen. Otro, para el desarrollo de lo que llamó no “economía social de mercado”, sino “economía nacional de mercado”.

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