EL MUNDO › AL CIERRE DE LA CAMPAÑA ELECTORAL FRANCESA, HOLLANDE SIGUE ADELANTE, PERO SARKOZY SE ACERCA

La elección se juega al filo de la navaja

Cuarenta y seis millones de franceses elegirán este domingo y por novena vez en la historia de la Quinta República a su próximo jefe de Estado, con un telón de fondo de crisis. El centrista Bayrou apoyó al socialista Hollande.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

La esperanza contra las cifras. Nicolas Sarkozy y François Hollande. El presidente francés espera un “sobresalto” de último momento para desmentir la constancia de las encuestas de opinión que, al cierre de la campaña oficial para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de este 6 de mayo, seguían pronosticando la victoria de su rival, el socialista François Hollande. En los últimos tres días, Sarkozy achicó la distancia de diez puntos que lo separaban de Hollande, para situarse a una distancia que oscila entre los cuatro y los seis puntos.

La final será tal vez un poco más incierta de lo previsto al cabo de una semana en la que la violencia verbal llevó la campaña a un extraño punto de incandescencia y a dar un vuelco inesperado: por primera vez en la historia, el candidato centrista François Bayrou dijo que votaría personalmente por François Hollande.

Este dirigente político prestigioso, que había sacado poco más de 9 por ciento de los votos en la primera vuelta del pasado 22 de abril, siempre fue un aliado de la derecha. Sin embargo, explicó su elección por el hecho de que el perfil de ultraderecha que Nicolas Sarkozy imprimió a su campaña durante la primera y la segunda vueltas le parecía incompatible con los valores republicanos. Entre la decisión de Bayrou de votar a favor de Hollande y las urnas, hay todavía un 16 por ciento de indecisos. La influencia de ambos datos es difícil de medir en la decisión final.

Cuarenta y seis millones de franceses elegirán este domingo, y por novena vez en la historia de la Quinta República, a su próximo jefe de Estado, con un telón de fondo de crisis y un candidato-presidente que lanzó todas sus fuerzas en la batalla poniendo el timón a la derecha de su derecha, sin dudar en evocar los temas predilectos del ultraderechista Frente Nacional, ni tampoco en presentarse como una víctima de los medios. Hollande prometió un cambio con justicia, mientras que Nicolas Sarkozy, hasta último momento, siguió advirtiendo que, si ganaba el socialismo, a Francia le esperaba un destino similar al de España. En sus últimas declaraciones, el aspirante socialista se presentó como un “continuador” y un “renovador”. Sarkozy, a su vez, reiteró su credo de miedo, atacando a la prensa, a los sindicatos, a los extranjeros, a Europa y al centrista Bayrou, que se mudó de campo.

La duda quedó flotando a las doce de la noche, después de meses y meses durante los cuales acumuló distancias abismales en las encuestas de opinión: ¿dónde se hará la fiesta? En la Plaza de la Bastilla –la izquierda– o en la explanada de la Concorde –la derecha–. Las amplias certezas de una victoria socialista volaron como pájaros a la lectura de los últimos sondeos de opinión. Cuatro puntos, más los indecisos, más el margen de error propio de las encuestas no garantizan la victoria de la izquierda tantas veces confirmada en la lotería de la “sondeología”. A lo largo de estos duros meses de campaña electoral, dos palabras sirven para retratar a los candidatos: las fronteras para Sarkozy, lo normal para Hollande.

Gracias a una hábil recuperación de una idea muy arraigada en la extrema derecha, el presidente candidato hizo del concepto de frontera su motor político: “Sin fronteras no hay Estado, no hay República, no hay civilización”. François Hollande, en cambio, buscó encarnar el antimodelo de Sarkozy: apaciguado, pacífico, consensual, el candidato socialista repitió hasta el cansancio que era un “candidato normal” y que asumiría una “presidencia normal”. Ante un presidente héroe de su propia historia y de su misma presidencia, Hollande antepuso al antihéroe la normalidad como argumento.

Sarkozy dijo anoche que la elección se jugaría “al filo de la navaja”. Los últimos cálculos parecen darle la razón. El cambio, si hay cambio, será más arduo. La derecha, sin embargo, salió golpeada. Sarkozy tuvo que enfrentar un motín dentro de su mismo campo, es decir, una ola de críticas contra la derechización de sus ofertas electorales y, en la casi línea final, el apoyo a Hollande por parte del centroderechista Bayrou.

Sin embargo, el efecto conjugado de ambos terremotos no pareció debilitar al candidato conservador, al contrario. Los socialistas explican el acercamiento de las curvas de los últimos dos días por un fenómeno natural de equilibrio entre la izquierda y la derecha que se plasma justo antes de la segunda vuelta. De hecho, la victoria de uno u otro campo depende de la opción de los electores de la extrema derecha y de la opción de los del centro: 45 por ciento de los votantes de la ultraderecha lo harán por Sarkozy, y entre 15 por ciento y 22 por Hollande. Los del centro están más divididos: 38 por ciento optarían por Sarkozy, 30 por Hollande y el resto se abstendría.

Pero estas proyecciones no toman en cuenta el apoyo que François Bayrou le dio a Hollande, un gesto inédito en los rangos de la derecha. Nicolas Sarkozy llamó a sus electores a un “sobresalto” para forzar el destino de las urnas. François Hollande convocó a la “unión”. Nada distingue más a los dos candidatos que las palabras empleadas en las horas finales de la campaña electoral: la unión contra el sobresalto.

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El candidato socialista François Hollande en un acto de campaña, ayer, en Hombourg-Haut.
Imagen: EFE
 
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