EL MUNDO › OPINION

Un compromiso creíble para Medio Oriente

Por Juan Gabriel Tokatlián *

Si se quiere entender mejor la vorágine trágica en la que están hoy envueltos israelíes y palestinos y comprender los alcances de un eventual nuevo proceso de negociación entre esos pueblos, sería conveniente leer el reciente libro de la lúcida y aguda profesora de la Universidad de California, Barbara F. Walter: Committing to Peace: The Successful Settlement of Civil Wars. Con base en un minucioso análisis de 72 guerras internas (de base política, étnica, o religiosa) que se iniciaron entre 1940 y 1992, Walter arriba a conclusiones rigurosas y sugerentes.
Ante todo se propone responder a un interesante enigma de los estudios políticos e internacionales sobre la guerra y su resolución: el porqué llevar a los combatientes a una mesa y responder a sus demandas no garantiza alcanzar la paz. Sólo 51 por ciento de los 72 conflictos mencionados conocieron procesos de negociación. Llamativamente, en el mundo el 43 por ciento de los acuerdos de paz firmados luego de una negociación jamás se han implementado y los contrincantes volvieron a combatir. Así, la gran mayoría de las guerras civiles iniciadas en aquel período no han culminado de modo pacífico, sino que terminaron con el exterminio o con la capitulación de una de las partes.
Las más citadas perspectivas que buscan explicar la recurrencia a la guerra son de dos tipos: por un lado, el enfoque racionalista que postula que los cálculos costo-beneficio de los actores armados son los que dificultan un acuerdo positivo a un conflicto, y por otro lado, el enfoque idealista que señala que las emociones y los valores envueltos en una guerra interna son los que impiden alcanzar una salida no bélica.
A su vez, las más acreditadas teorías que intentan explanar la terminación pacífica de las guerras domésticas se pueden también agrupar en dos. Por una parte están las que analizan las salidas negociadas en función de las condiciones económicas, políticas y militares imperantes en el campo de batalla. Según ésas, si dichas condiciones empujan a las partes a negociar, el resultado previsible será un arreglo exitoso. Por otra parte, sobresalen las que hacen énfasis en la disposición de los adversarios para resolver los conflictos de interés subyacentes. Si las partes están dispuestas a hacer concesiones, el desenlace predecible será un pacto exitoso.
Mediante una combinación de metodología cuantitativa y estudios de casos comparativos, Barbara Walter muestra en detalle y con fundamentos por qué aquellas aproximaciones son incapaces de elucidar la efectiva culminación de los conflictos armados internos. En esencia, los hallazgos de su investigación le muestran que la teoría del “compromiso creíble” es mucho más adecuada para esclarecer la finalización exitosa de esas guerras.
Según ésta, el fracaso de las soluciones negociadas obedece a la ausencia de un tercero, externo a los adversarios, dotado de voluntad y capacidad para satisfacer tanto las necesidades de garantías para la desmovilización y el desarme de los combatientes, como los requerimientos para asegurar los acuerdos de co-gobierno estipulados. La sensación de enorme vulnerabilidad militar de los participantes de un enfrentamiento bélico y la desconfianza política frente al otro son los dos factores fundamentales a tener en cuenta. El meollo de una salida pacífica a una guerra interna está en las garantías reales de supervivencia de los actores armados y en la ejecución segura de lo convenido por el Estado y su oponente en materia de poder compartido.
Será un tercero, distinto a los bandos enfrentados, el que puede lograr lo anterior. De lo contrario, ni los más plausibles acuerdos concertados y ratificados se pondrán en práctica y los combatientes regresarán, más temprano que tarde, a la lucha armada. Ese tercero capaz de cumplir el compromiso creíble debe reunir tres condiciones. Primera, que la parte interviniente (un Estado o conjunto de estados) tenga intereses tangibles en el caso afectado por una guerra. Segundo, que esté dispuesta a usar la fuerza para garantizar el cumplimiento de lo acordado. Y tercera, que demuestre constante firmeza.
En ese sentido, el papel de Estados Unidos en el caso de una potencial resolución positiva y prolongada del conflicto israelí-palestino será ineludible. El denominado Mapa de Ruta para el proceso israelí-palestino es una señal de que el involucramiento de Washington crecerá aún más en el futuro. La falta de resultados alentadores no depende de la personalidad de Arafat o de Abbas. Además, el persistente apoyo de Bush a Sharon sólo malogra las posibilidades de éxito de esa iniciativa.
La única opción viable será que una alianza Estados Unidos-Unión Europea-Rusia-Liga Arabe, en el marco de Naciones Unidas, imponga un compromiso creíble en el caso israelí-palestino. Ya es evidente, lamentablemente, que israelíes y palestinos solos y de manera bilateral no podrán conquistar la paz. Del mismo modo es innegable que resulta urgente prevenir una hecatombe humanitaria en los territorios palestinos ocupados por Israel. Una internacionalización efectiva de esta guerra pasa por una paz impuesta.

* Director, Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés.

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