EL MUNDO › RUSIA Y CHINA SE ACERCAN POR DISPUTAS CON EE.UU.

Putin y Xi contra Obama

Putin recibió una cálida bienvenida en Shanghai y firmó convenios de seguridad con Xi, en el mismo momento en que las relaciones de Rusia y China con la mayor potencia del Globo, Estados Unidos, alcanzó su punto más bajo.

 Por Rupert Cornwell *

El enemigo de mi enemigo es mi amigo. Ese viejo dicho de las relaciones internacionales ayuda a explicar la calidez de la bienvenida que recibió ayer Vladimir Putin, cuando el presidente ruso comenzó su visita a China en el mismo momento en que las relaciones de ambos países con la mayor potencia del Globo, Estados Unidos, alcanzaba su punto más bajo.

En el léxico de la diplomacia, “enemigo” es quizás una palabra demasiado fuerte. “Competidor o rival” son términos más aceptables (incluso “socios” cuando las cosas van bien). Pero sobre la creciente amistad entre Moscú y Beijing no hay duda –o del país que tienen en mente cuando expresan que su acercamiento es parte de un proceso para crear un “mundo multipolar”–.

China es “nuestro amigo confiable”, dijo Putin en la víspera de su reunión con el presidente Xi Jinping. Los lazos entre los dos países son más fuertes que nunca, dijo, lo que sugiere que un acuerdo de exportación de energía por 400 mil millones de dólares para enviar gas ruso a China –a través de un nuevo oleoducto de 24.000 kilómetros con un costo estimado de 30 mil millones de dólares– se podría finalizar durante su estadía.

Anoche, las dos partes todavía estaban regateando el precio del gas, pero un acuerdo aún parecía probable, o bien antes de que el líder ruso deje Shanghai o durante un foro económico de alto nivel en San Petersburgo, a fines de esta semana.

Las relaciones bilaterales de ambos países con Washington, sin embargo, van en la dirección opuesta. La cumbre entre China y Rusia se produjo un día después de que la administración Obama anunciara una acusación penal sin precedentes contra los funcionarios militares chinos, por dirigir una masiva operación de ciberespionaje para robar secretos comerciales de las grandes empresas de Estados Unidos –la primera de esas acusaciones criminales contra los agentes de un gobierno extranjero–. La medida se sumó a las tensiones de larga data entre los Estados Unidos y China sobre las políticas supuestamente mercantilistas de este último y las más nuevas sobre el expansionismo de Beijing en el sudeste de Asia en medio de disputas territoriales con Japón y Filipinas, ambos aliados cercanos de Estados Unidos, así como Vietnam.

El objetivo sutilmente encubierto de China es para asegurar el control de los recursos energéticos marinos en la región y, a largo plazo, reemplazar un protectorado efectivo de Estados Unidos sobre la región con uno suyo.

En Washington, el auto de procesamiento de los cinco funcionarios fue ampliamente aclamado como un paso muy necesario y adeudado para mostrar que Estados Unidos era serio acerca de poner coto a la piratería y el espionaje electrónico contra objetivos comerciales estadounidenses (un área en la que Rusia, también, según la evidencia, no se queda atrás).

China respondió con un espectáculo predecible de indignación, negando cualquiera de esas actividades, convocando al embajador de Estados Unidos en Beijing para amonestarlo y acusando a Washington de “hipocresía y doble moral”, dado el espionaje a escala mundial de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), descripto por su antiguo empleado Edward Snowden.

La decisión de la administración Obama había “dañado severamente la confianza mutua”, dijo el Ministerio de Defensa de Beijing. Después de la crisis de Ucrania, las relaciones de Rusia con Estados Unidos y Occidente están, en todo caso, en una situación aún peor que en cualquier momento desde la Guerra Fría.

A pesar de su tradicional insistencia en la no injerencia y la inviolabilidad de las fronteras internacionales existentes, China fue especialmente reticente para criticar la anexión de Crimea de Putin.

El líder ruso fue más allá para disipar esas preocupaciones, anunciando un retiro de las tropas rusas cerca de la frontera con Ucrania.

China, a cambio, respaldó ayer la postura de Moscú en la crisis, mientras una declaración emitida después de las conversaciones subrayaron la necesidad de “caminos pacíficos y políticos para resolver el problema” y se refirieron a la crisis como un tema “interno”.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Putin y Xi firmaron un acuerdo sobre energía.
Imagen: AFP
 
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