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La lucha del norte por conquistar el sur de manos de uno de sus hijos

El senador John Edwards aventajaba ligeramente ayer a su colega John Kerry, del nordeste del país, en una lucha por Carolina del Sur, el estado en que nació Edwards y el primero del sur que votará en las primarias del próximo martes. Es, como cuenta esta nota, una puja tanto política como cultural.

Por Andrew Buncombe*
Desde Columbia, Carolina del Sur

La batalla por Carolina del Sur se ha vuelto una competencia entre el norte y el sur, entre un yanqui de cabello gris del establishment y un rival más juvenil y enérgico. Por el momento, el juvenil sureño lleva la ventaja por poco. Apenas tres días antes de la crucial primaria demócrata el martes, las encuestas sugieren que la carrera por la nominación del Partido para la Casa Blanca es un combate a dos bandas entre John Kerry, el senador de Massachusetts, y el senador de la vecina Carolina del Norte, pero nació aquí. Una encuesta divulgada ayer sitúa a Kerry en los 25 puntos, uno más que Kerry –un empate estadístico–, con Howard Dean en un distante tercer puesto.
Para Edwards, la competencia no podría ser más importante. Habiendo apostado a ser capaz de derrotar a Bush por ser capaz de ganar el sur, necesita ganar aquí de manera convincente si quiere que su campaña tenga alguna esperanza de sobreponerse a la aplanadora de Kerry. En los últimos días, Edwards, cuya vitalidad sugiere un hombre mucho más joven de los 50 años que tiene, ha estado jugando en su propio contexto sureño, contándole a la gente en su amable acento sureño cómo entiende los temas que la afectan, particularmente la pérdida de trabajos. “Yo crecí donde ustedes crecieron –dijo ayer en un foro público en Columbia–. Nunca voy a olvidar de dónde vine cuando sea presidente, y pueden tomarme la palabra.”
Carolina del Sur no es el trofeo que fue alguna vez. Desde el retiro de la carrera de Dick Gephardt, su estado nativo de Missouri –que aporta más delegados que cualquiera de los siete estados que celebran primarias el martes– se ha vuelto un eje creciente de las campañas de los candidatos. Pero Carolina del Sur es la primera prueba del modo en que un candidato se desempeñará con los votantes negros. En Carolina del Sur, alrededor del 30 por ciento de la población es negra, y hasta la mitad de los que votarán el martes probablemente son afroamericanos. Jim Clyburn, el congresista negro del estado, que ha dado su respaldo a Kerry, declaró: “Es la primera vez que estos candidatos tendrán la oportunidad de hacer campaña como tendrán que hacerla en la campaña general. A los candidatos que les vaya bien aquí con los votantes afroamericanos saldrán de aquí con mayor credibilidad”. Al tanto de esto, los candidatos han hecho un esfuerzo por cortejar el voto negro, hablando en iglesias y en escuelas negras. Joe Lieberman, que actualmente está en los cinco puntos en encuestas, ha estado poniendo avisos en radios de música Gospel, mientras la campaña de Kerry ha enfatizado el legajo de votaciones de Kerry en temas tales como el apoyo a las minorías. Pero el voto negro, por supuesto, no es uniforme, como pareció confirmarlo una encuesta informal de demócratas negros cerca del edificio del Capitolio estatal.
Ossie Hutto, de 55 años, un trabajador de control de calidad, declaró: “Me gusta Kerry, me gusta su manera de hablar. También me gusta Lieberman, pero creo que no tiene chance. Y me gusta Edwards. Me gusta lo que dice sobre la igualdad”. William Elms, de 34 años, que tiene cuatro hijos, dijo que probablemente respaldaría a Edwards. Sostuvo: “Edwards es un buen tipo. Sabe lo que se necesita. Sabe que necesitamos traer trabajos de vuelta al estado. Creo que hemos perdido 80.000 trabajos desde George Bush”. En lo que todos parecían estar de acuerdo es que el público “no estaba listo” para el reverendo Al Sharpton, el único candidato negro que queda, que actualmente está en cinco puntos como Lieberman.
Si un tema ha emergido con potencia en estas primarias, es el de la “elegibilidad”. Los votantes pueden gustar de un candidato y pueden encontrar sus puntos de vista en mayor sintonía con los suyos, pero en última instancia se decantarán en favor de la persona que piensen que tiene la mejor oportunidad de derrotar a Bush. Crecientemente esecandidato parece ser Kerry. Si Edwards tiene alguna chance de ganar, es jugando sus puntos fuertes. En escena, es probablemente el que mejor se desempeña, y su tema de campaña de “Dos Américas” suena bien en un estado que sigue sufriendo prejuicios raciales y desigualdad económica, y donde ningún demócrata ha ganado en elecciones presidenciales desde Jimmy Carter en 1976. Pese a todo lo que se dice sobre el “nuevo Sur”, a los bares de moda en el distrito Vista de Columbia con sus mesas de pino y sus martinis de arándanos y el corredor de negocios a lo largo de la Interestatal 85, donde compañías como BMW e Hitachi tienen fábricas, hay mucho del viejo Sur en Carolina del Sur. Como recientemente dijo el Atlanta Journal Constitution: “La otra Carolina del Sur (es) incapaz de escapar a una mentalidad de plantación que tiene siglos y a un ciclo de pobreza que a muchos les parece eterno. Esta Carolina del Sur es abrumadoramente negra, con altas tasas de desempleo y pobres calificaciones escolares”.
A poca distancia de los bares de moda, una bandera de la Confederación -para muchos negros una representación de racismo y división desde que el Ku Klux Klan la asumió como símbolo–, flamea desde terrenos del Capitolio. Del otro lado del edificio del gobierno estatal se yergue una estatua del difunto senador por Carolina del Sur Strom Thurmond, que una vez se postuló para presidente defendiendo la segregación. La estatua lleva las palabras: “Un siglo de servicio”.
Quienquiera sea el candidato que tenga éxito aquí, tendrá que persuadir a la gente de que tiene lo que hace falta para ganar no sólo en Carolina del Sur sino en todo Estados Unidos. Tendrá que apelar a lo viejo y a lo nuevo, a los negros y a los blancos, al Norte y al Sur. Es pedir mucho para cualquiera.

*De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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John Edwards juega bien en su propio terreno sureño.
 
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