EL MUNDO

Una arenga para levantar ampollas en Bushlandia

Fidel Castro acusó al gobierno de George W. Bush de planear asesinarlo en complot con los exiliados de Miami.

Fidel Castro volvió con todo. El presidente cubano acusó ayer al mandatario estadounidense George W. Bush de haber planeado su asesinato para derrocar al régimen socialista vigente y advirtió que está dispuesto a “morir combatiendo” si Estados Unidos concreta sus amenazas militares de invadir la isla. “Sabíamos que el señor Bush se había comprometido con la mafia de la Fundación Cubano Americana con asesinarme. Lo digo y lo acuso”, dijo Castro durante el discurso de clausura del III Encuentro Hemisférico de Lucha Contra el ALCA, que reunió en La Habana a un millar de delegados de 32 países de la región.
En un discurso improvisado de más de cinco horas y media de extensión, el líder cubano dedicó la mayor parte de su tiempo a denunciar la “actitud beligerante” de Estados Unidos. Mientras las tensiones entre Cuba y Estados Unidos, sin relaciones diplomáticas desde hace más de 40 años, no dejan de aumentar, Castro denunció el “compromiso” de Bush con sectores anticastristas de Miami para asesinarlo. El exilio anticastrista de Miami calificó estas declaraciones de “bufonería” que “demuestran un grado de enajenación mental”.
Castro también acusó a George W. Bush de proyectar una invasión para poner fin al régimen comunista isleño. El dirigente cubano, de 77 años de edad y 45 años en el poder, destacó que su país no desea “bajo ningún concepto el costo de una guerra” contra “el imperialismo yanqui”, pero advirtió que, pese a las presiones que recibe en forma constante desde Washington, “no cederemos ni un ápice de nuestros principios”. Agregó que Cuba podría ser blanco de una lluvia de bombas nucleares, pero afirmó que “no se rendirá jamás, convertiremos al país en un infierno para cualquier invasor”.
Luciendo un impecable traje sastre, en lugar de su habitual uniforme de combate, el líder cubano empleó 50 minutos de su discurso para leer declaraciones hostiles a su gobierno por parte de diversos funcionarios de la administración estadounidense. “Están deseando que me muera pronto. Muerto el perro se acabó la rabia; ésa es su teoría”, indicó el mandatario a los dirigentes campesinos, líderes sindicales, delegados de organizaciones indígenas, estudiantes y militantes antiglobalización que asistieron al cónclave contra el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Pero de inmediato, y en tono jocoso, precisó que lleva una vida “muy disciplinada” y que su “pulso y presión son óptimos”, para aventar cualquier especulación sobre su estado de salud que pudiera precipitar la caída de su gobierno.
Criticó además la estrategia de Washington hacia Cuba por haber creado una comisión encargada de “acelerar un proceso de transición” en la isla y de dar apoyo a la disidencia interna, a cuyos integrantes calificó de “simples mercenarios”. “En la Casa Blanca hablan como si supieran el día que voy a morir”, aseguró. El gobierno cubano multiplicó estas últimas semanas los ejercicios de preparación de la población ante la eventualidad de un ataque. Los cerca de 130.000 Comités de Defensa de la Revolución y las organizaciones barriales fueron movilizados para aumentar la “vigilancia revolucionaria”, mientras que el ejército intensificó su preparación. Para hacer frente a la “creciente agresividad del gobierno norteamericano y sus amenazas contra Cuba”, el Parlamento cubano aprobó en diciembre un aumento del presupuesto de defensa para 2004.

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Fidel Castro con los colores de la bandera colombiana.
 
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