EL MUNDO › HAY MIEDO EN FRANCIA POR EL SILENCIO DE LOS TERRORISTAS DE AZF

Enigma en las vías del ferrocarril

AZF, el grupo que amenazó con volar los ferrocarriles franceses, no da señales de vida, y el gobierno teme que pase a la acción.

 Por Eduardo Febbro

¿Broma? ¿Profesionales del crimen organizado? Las motivaciones y la identidad de los miembros del grupo AZF que amenazó al gobierno con hacer volar las vías de los ferrocarriles si no se les pagaba una millonaria suma de dinero siguen siendo un total misterio. Desde que la prensa reveló a mediados de semana la existencia del soborno y las extrañas condiciones en que el gobierno se comunica con el grupo –a través de anuncios en el matutino Liberation–, AZF no volvió a dar señales de vida. Los investigadores intentan desde hace varios días reanudar el contacto. La policía teme que, luego de que fracasara un operativo durante el cual el gobierno tenía que entregar la suma exigida, AZF pase literalmente al acto. Claude Guéant, el jefe del gabinete del ministro de Interior, Nicolas Sarkozy, explicó que la divulgación pública de las tratativas había “roto la esperanza de que se llegara a algo concreto en los términos acordados”.
Desde hace varios días, los responsables de la policía se suceden en los medios de comunicación para lanzar mensajes explícitos a los miembros del grupo sin que hasta el momento haya habido una respuesta. Las cartas intercambiadas entre AZF y el gobierno fueron publicadas ayer y lo menos que se puede constatar es que, como lo adelantó un especialista de la policía francesa que estudió el discurso de los textos, “estamos en presencia de personas muy bien organizadas, metódicas, que constituyen una amenaza real. Son personas convencidas de sus cualidades, que tienen algunas cuentas que arreglar”. En una de las cuatro cartas, fechada el 20 de febrero, AZF anuncia que, en caso “de engaño o de cualquier acción de las autoridades francesas”, permanecerá silencioso durante 15 días, plazo durante el cual hará explotar una o dos bombas. En otra carta fechada el 13 de febrero, el grupo invisible amenazaba con “hacer explotar de dos a cuatro bombas por semana a partir del 18 de febrero” si no se le pagaban cuatro millones de dólares y un millón de euros. AZF precisa además que sus objetivos no eran únicamente los ferrocarriles, sino también “los depósitos de carburante, los lugares públicos y las obras de arte”. La primera bomba desactivada por la policía gracias a las indicaciones reveladas por AZF como una forma de “probar” su buena fe llevaba el número 18. Los investigadores piensan que esa bomba era la que debía comenzar la campaña de atentados.
Los correos enviados por el grupo al ministro de Interior y a la Presidencia de la República tienen a menudo un carácter esotérico y un tono muy determinado. “Nuestro especialista realizó una serie de bombas”, “somos un grupo de presión con carácter terrorista”, dicen las cartas. Una de ellas advierte que AZF es capaz del “chantaje más maquiavélico que exista” y otra aclara que “el nuevo método terrorista que hemos puesto a punto es, según los casos, inofensivo o terriblemente asesino. Ese método hará que, en caso de hecatombe, los responsables gubernamentales sean verdaderos culpables y auténticos criminales ante los ojos de todo el mundo”. Ciertas partes de los correos intercambiados están marcadas por un amenazante tono apocalíptico. “¿Qué representan cientos de vidas amenazadas en relación con los millones de muertos, enfermos e idiotas provocados anualmente por los comportamientos políticos, económicos y culturales de nuestra época? ¿Qué se dirá de Bin Laden dentro de algunas décadas?” Las frases de las cartas son largas, ampulosas, muy trabajadas. El estilo de los textos despertó la curiosidad de los investigadores. Estos se preguntan si acaso las cartas no fueron escritas antes en otro idioma. Otro detalle sorprendente concierne a la estructura del discurso y el hecho de que el grupo se adelanta a los interrogantes legítimos que pueden plantearse los investigadores advirtiendo que “todo ha sido previsto”, que su “obra” es producto de una extensa reflexión colectiva. “Contando con la ventaja de un extenso tiempo de reflexión con una contribución común de las competencias profesionales y relaciones probablemente inesperadas, pensamos que hemos contemplado la casi totalidad de las respuestas o contraataques posibles y, para cada una de las medidas, disponemos de la protección adecuada.”
AZF parece saber mucho de helicópteros, electrónica, informática y códigos secretos. Fue el mismo grupo el que le facilitó al gobierno el código para codificar el número de teléfono que debía aparecer al final de los anuncios publicados en la sección Mensajes Personales del diario Liberation. Los investigadores están igualmente convencidos de que “el” miembro o “los” miembros del grupo conocen perfectamente la cartografía. A fin de que las autoridades encuentren la bomba número 18, AZF facilitó las consignas por medio de coordenadas como “latitud 016. 16. 11 N y longitud 26. 01. 29 E”. Auténticos terroristas o bromistas de lujo, la partida de ajedrez entre los integrantes de AZF y las autoridades prosigue sin que nadie sepa realmente qué quiere exactamente el enemigo invisible. Un total de 600 personas trabajan actualmente en torno a este intento de chantaje inédito en la historia del crimen. Según trascendió en medios policiales, hasta se utilizó un avión Awacs para seguirle la pista a AZF. Ni la más mínima huella. El grupo dice haberlo previsto todo, incluida la polifonía de las investigaciones. Por esa razón reveló que los encargados de hacer explotar las bombas “se fueron de Europa” y que “pueden desactivarlas a distancia” cuando se les dé la gana.

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Firmado por Suzy, el segundo de estos mensajes personales es una carta en código de AZF.
 
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