EL MUNDO › MURIO AYER EL EX DICTADOR BOLIVIANO HUGO BANZER

Saga del dictador demócrata

Hugo Banzer Suárez fue dictador de Bolivia en los años ‘70 y presidente de nuevo, por las urnas, en 1997. Lo mató el cáncer que lo había obligado a renunciar en agosto del año pasado.

Yerba mala nunca muere. Con el correr del tiempo, el refrán parecía adquirir base empírica. Después de más de 30 días de estar en cama, casi todo el tiempo inconsciente, conectado a todo tipo de aparatos, medicado hasta el hartazgo, habiendo recibido dos veces la extremaunción, a cinco días de llegar con el último aliento a su cumpleaños número 76, murió ayer a las cinco y cuarto de la mañana Hugo Banzer Suárez, dos veces presidente, una como dictador y otra como demócrata, de Bolivia. El cáncer que lo llevó a renunciar a la presidencia de Bolivia en agosto del año pasado comenzó en su hígado y terminó en su cerebro. El gobierno boliviano decretó duelo oficial por 30 días y algunos partidos suspendieron sus campañas para las elecciones presidenciales de junio. El “dictador demócrata” será velado hoy en su ciudad, Santa Cruz de la Sierra.
Sacha Llorenti, de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (APDHB), aseguró ayer que los procesos abiertos en Argentina y España por los crímenes cometidos por la dictadura de Banzer se ampliarán a sus colaboradores. El vicepresidente, Jorge “Tuto” Quiroga, prefirió iluminar el otro costado, aunque con un dudoso uso de las metáforas: “Banzer sembró concertación y los bolivianos cosechamos democracia. Sembró lucha contra el narcotráfico y Bolivia está cosechando dignidad. Y sembró un sueño de hidrocarburos y Bolivia va a cosechar un futuro de gas”, en referencia a la construcción de un gasoducto hacia Brasil.
La presencia de Banzer en la historia de su país fue tan metastásica como la de la enfermedad que terminó con sus días: dictador desde 1971, comenzó a transformarse desde 1979 en el personaje central de un sistema democrático en el que hizo y deshizo alianzas a su antojo. Se presentó como candidato presidencial en 1979, 1985, 1989 y 1993, hasta que se le dio en 1997. Banzer fue en Bolivia lo que Pinochet en Chile: un dictador que superó sus crisis internas limpiando a sus adversarios y que construyó un proyecto político para el día después de su régimen.
Como ocurriera en Chile dos años después, el 21 de agosto de 1971 Hugo Banzer y las Fuerzas Armadas se alzaron contra un gobierno de izquierda, como el del general Juan José Torres, cuya principal base de apoyo era la Central Obrera Boliviana (COB). Con el apoyo del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) de Víctor Paz Estenssoro, el entonces coronel, que había estudiado en el Colegio Militar argentino (donde le dio órdenes a Antonio Domingo Bussi y recibió el sable de honor de manos de Juan Domingo Perón) y luego en la norteamericana Escuela de las Américas, tuvo como primer plan de la primera dictadura del Cono Sur instalada en los años ‘70 (las de Paraguay y Brasil ya estaban establecidas) la muerte, secuestro y exilio de cientos de sindicalistas y miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), más otros tantos “sospechosos”. Aún con la ayuda de créditos que fluían de Estados Unidos gracias a los buenos trabajos realizados, en medio de un auge económico semejante al de la “plata dulce”, Banzer se las arregló para armar un descalabro social: tras una maxidevaluación en 1972 que empobreció a la población, en enero de 1974 anunció aumentos de precios que en algunos casos fueron de más del 100 por ciento en productos básicos.
En ese momento estalló la rebelión. Con foco en Cochabamba, comenzaron los bloqueos de caminos, las huelgas y las protestas. Banzer ordenó reprimir sin miramientos. “El primer agitador que vaya al campo, yo les autorizo, me responsabilizo, pueden matarlo”, declaró en aquel momento, tan afecto a la sutileza como su primo hermano chileno. La Masacre de Valle, como se conoció al episodio más sangriento de su dictadura, dejó por lo menos 80 muertos. Y todo esto ocurrió cuando su poder aparentemente tambaleaba. En noviembre de 1973, el MNR se retiró del gobierno, y en junio de 1974 hubo un intento golpista en su contra.
Como ocurriera con Pinochet en 1978, Banzer consideró que ese proceso de debilitamiento sólo se revertía haciendo sonar sus botas. En 1974, sacó alos pocos civiles que había en el gobierno y llamó en su lugar a militares leales y tecnócratas neoliberales. Suspendió a todos los partidos políticos y sindicatos y prolongó la dictadura, formalmente, hasta 1980. En 1973, había mandado a matar a Andrés Selich, que había lanzado su candidatura dentro de las Fuerzas Armadas para reemplazar a Banzer. Después de la crisis de 1974, como Pinochet, Banzer creyó que había que perseguir a los enemigos fuera del país. En 1976, cuando el ex canciller socialista Orlando Letelier era asesinado en Washington, Joaquín Zenteno Anaya, otro rival militar de Banzer, fue muerto en París. Ese mismo año, en la misma Buenos Aires en la que dos años antes había sido asesinado el general chileno Carlos Prats, cae el ex presidente Juan José Torres, derrocado por Banzer y figura que podía complicarle la vida.
El proyecto político de Banzer, hay que decirlo, fue más desprolijo en su realización que el de Pinochet. El chileno diseñó, con la ayuda de algunos ideólogos, un partido político (la Unión Demócrata Independiente) que con el tiempo armaría la derecha “civil” para cuando llegara la democracia. El boliviano pasó por fraudes electorales, “narcodictaduras” como las de García Meza (que le sirvió para que mataran a Marcelo Quiroga Santa Cruz, el dirigente socialista que había iniciado un juicio en su contra) y una construcción política, la Acción Democrática Nacionalista (ADN), que era tan sólo el mapa genético de Banzer.
Y en 1985, el dictador, el represor y el golpista resurgieron todos juntos en un Ave Fénix “demócrata”. La prueba piloto había sido el comicio de 1979, pero no había ganado ninguno de los que tenían que ganar. Ahora, Banzer, con su fuerza política, era “el viabilizador de la democracia”. Sin pasar por una derrota ostensible como la de Pinochet en 1988 con su decisión fallida de plebiscitar su dictadura, pero sin armar una fuerza que defendiera tan orgánicamente la “obra” del régimen militar como ocurrió en Chile, Banzer se puso el traje civil y se transformó en un viejo bueno que podía pactar con todos y sopesar cuándo le convenía retirarse y cuando entrar, manejando los hilos del ADN. Con el apoyo de Banzer, el presidente Víctor Paz Estenssoro marcó el giro de Bolivia hacia el modelo neoliberal. Fue en la misma época en que lo hizo Pinochet.
En 1989, Banzer salió segundo, y el MIR, el mismo MIR de los ‘70, se alió con el ADN para que Jaime Paz Zamora fuera el presidente. El demócrata hizo que el dictador se aliara con el enemigo, pero recibió una paliza, la primera paliza realmente seria de su historia política: Gonzalo Sánchez de Lozada, del MNR, le sacó 13 puntos. En 1997, la quinta fue la vencida. Y tanta muñeca, tanto liderazgo dentro del ADN, tanta vocación para construir la figura del político en lugar del dictador, para relativamente nada, pues su gobierno fue un descalabro. A pesar de lograr la inclusión en Bolivia en el programa de reducción de la deuda externa para los países muy pobres, encaró una lucha antidrogas encargada por Washington que desató todo tipo de rebeliones civiles. Libró al ADN a su suerte, se refugió en su esposa y su hija (secretaria privada de la Presidencia) y protegió a su yerno corrupto, Luis “Chito” Valle. Con vistas a las elecciones de junio, el candidato del ADN, Ronald Mac Lean, tuvo que recurrir a gestos demagógicos como el de proponer la pena de muerte para los asesinos y violadores ante la paliza que, en las encuestas, estaría dándole quien fue el dolor de cabeza de Banzer: Sánchez de Losada.
La saga de Pinochet en Londres se lo enseñó: mejor no seguir tratando el cáncer en Washington, a ver si cae preso. El dictador y el demócrata, se esfumaron ayer en el enfermo interminable.

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Banzer, destruido, en uno de los actos públicos de agosto de 2001, cuando renunció a la presidencia.
 
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