EL MUNDO › OPINION

Shoá, Teología de la Liberación y sida

Por Daniel Goldman *

¿Puede un hombre de otra fe religiosa opinar sobre la figura del nuevo papa? Habiéndose retomado un diálogo fluido en los últimos años; un diálogo que no queda limitado a un mero acto formal sino al inicio de un vínculo fraterno, quebrado por situaciones de la historia y que por el bien de la humanidad debe solidificarse, y siendo la Iglesia Católica un espacio de congregación de cientos de millones de fieles en el mundo, influyendo con sus decisiones en todos los ámbitos sociales y políticos, creo, por honestidad intelectual y espiritual, necesario expresar, con el máximo respeto y delicadeza, algunas impresiones que permitan seguir profundizando esa relación.
Era sabido que la figura del cardenal Ratzinger como referente máximo de la Iglesia Católica iría a producir diversidad de opiniones. Una de ellas está vinculada al tema de la Shoá. No me cabe la menor duda de que el entonces joven Ratzinger estuvo en contra de su voluntad en el campo de batalla, pero habiendo todavía sobrevivientes que con sus existencias dan testimonio del más nefasto acto perpetrado por el ser humano durante el siglo XX, considero que esto no puede deslizarse como un detalle menor, sabiendo cuál es carácter simbólico de ello. Quiero aclarar que no estoy cuestionando su elección. Simplemente, dada su altura espiritual y su agudeza de pensamiento, espero un gesto contundente que pueda servir de bálsamo para aquellos que todavía recuerdan en carne propia lo ocurrido, y para la humanidad toda, la cual no debe olvidar este hecho macabro.
Por otro lado, mi generación en el rabinato liberal de América latina se ha nutrido con algunos aspectos de la Teología de la Liberación, que ha tomado el paradigma del libro del Exodo como uno de sus motivos esenciales. En lo personal vería con agrado la revisión y revitalización de tópicos de esta teología que ha resultado refrescante para nuestro continente y a la cual se ha opuesto con vehemencia en su momento el cardenal Ratzinger.
Finalmente, el sida en el mundo es un tema preocupante. Negarlo o exigir la abstinencia sexual resulta un sinsentido. En todo caso puede ser un problema de conciencia para cada uno de los ciudadanos. Pero como miles y miles de seres humanos en todo el mundo mueren anualmente por este flagelo, levantar la condena al uso del preservativo removería un obstáculo que hoy dificulta a muchos Estados la formulación de planes concretos para jerarquizar la vida.
Elevo mis oraciones para que el papa Benedicto XVI pueda ser iluminado con decisiones sabias y sensibles, que hagan de este mundo un lugar más vivible para todos.

* Rabino.

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