EL MUNDO › OPINION

Parecido y especial

 Por Mario Wainfeld

Las comparaciones orientan, a condición de asumir que siempre son parciales.

- Ecuador se parece a los países de Centroamérica por la importancia que tienen las remesas en su PBI (segunda fuente de ingresos, detrás del petróleo) y por la circulación del dólar. La dolarización de la economía ecuatoriana es total, un régimen que ata mucho más al Estado que la infausta convertibilidad argentina.

- Rafael Correa llegó a la presidencia confrontando con los partidos políticos tradicionales, desgastados por sus errores y tropelías de gestión. Consolidó su limitado poder parlamentario original y su ajustada legitimidad exponiéndose a sucesivas revalidaciones, jugadas a todo o nada: una Constituyente (que produjo un texto abigarrado progresista e inclusivo por demás), reelección de ayer. En eso, es similar a Evo Morales o Hugo Chávez.

- La gran prensa es un relevante ariete de la oposición, circunstancia que (con matices de color local) repite lo que ocurre en Venezuela, Bolivia, Chile, Argentina o Brasil.

- Le gusta hablar por radio, tiene programas propios como el Aló Presidente de Chávez. Le pinta cantar en público, como al bolivariano. En ese arte tiene tanta garra como él, es bastante más desafinado.

- Funcionarios de primer nivel de la Cancillería dicen que Correa tiene un formato muy similar a buena parte de la militancia setentista de la JP: se volcó al populismo antiimperialista, emergido de clases medias-altas, con formación universitaria y militancia en el socialcristianismo. En este caso puede señalarse que hay algunas diferencias. La formación cultural de Correa es muy superior a la de la inmensa mayoría de los dirigentes políticos argentinos. Tiene una buena trayectoria académica, postgrados de calidad en Europa y Estados Unidos. Habla cuatro idiomas, incluyendo una lengua originaria, que aprendió siendo adulto. Parte de su “desclasamiento” consistió en vivir un tiempo en una comunidad aborigen.

Los ejemplos podrían multiplicarse, la enumeración de las peculiaridades también.

Correa, economista de formación, es un orador que maneja una gama poco habitual de registros: sabe hablar en un cónclave universitario y dirigirse a los sectores populares de su patria en su idioma, que no suele ser el español. Hizo campaña montando a caballo, atravesando multitudes. Y también tiene oficinas de gobierno dotadas de una parafernalia informática infrecuente para sus colegas regionales. Sus reuniones de gabinete incluyen teleconferencias permanentes.

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La dolarización es un karma, Correa la criticó desde el llano pero no pudo desbaratarla ya en el mando. El riesgo de una salida “Puerta 12” como la Argentina lo refrena. La dependencia del petróleo y las remesas es un pésimo sustento para la economía, el colapso capitalista mundial ha disminuido cruelmente los ingresos.

La emigración ecuatoriana tiene niveles record para América del Sur. Es el precio de políticas expulsivas. La colectividad ecuatoriana es la más importante colonia extranjera en España, donde coexisten ligas de fútbol amateur para ecuatorianos y ecuatorianas. La plata que envían los que se fueron no repara esa herida en la autoestima y la coherencia social. Correa explica que, además de un fracaso nacional, la alquimia entre emigración por necesidad económica y remesas produce disfunciones sociales. Muchas familias tienen como jefa de hogar a la madre. Las mamás emigran, envían euros o dólares a sus hijos, que se topan con más plata que jóvenes de clase de su edad o que muchos trabajadores adultos. En algunos grupos familiares hay contención para encaminar esa riqueza llegada de repente. En otros, los pibes se desmadran en el gasto, un tren de vida asombroso para su procedencia, el desdén por trabajos que les reportarían menos dólares.

Correa, que tiene 46 años, formó su elenco de gobierno con personas de su generación y su palo. También cooptó dirigentes de partidos tradicionales. Sus allegados y argentinos que conocen bien su país dicen que la primera línea de su gabinete es compatible con su nivel. Por debajo, describen, la coherencia merma. Un Estado diezmado por los partidos convencionales y por la praxis neoliberal le juega en contra, a veces adrede, a veces por pura inercia.

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Correa es un caso particular en la pléyade de gobernantes de perfil novedoso, críticos del Consenso de Washington y de la tutela de los organismos internacionales de crédito. Tiene por delante más desafíos y problemas que recursos para resolverlos. Su país es hermoso, sus organizaciones sociales aguerridas, su cultura mestiza, su viabilidad siempre está en jaque. Su pueblo se aferró a él. Políticas sociales sin precedentes, un discurso reparador, una oreja atenta y un cuerpo siempre en movimiento yendo donde está la gente han de explicar en buena medida su arraigo masivo. Defendió con altura y con firmeza la soberanía de su país violada por la prepotencia del presidente de Colombia, Alvaro Uribe.

Al cierre de esta nota las encuestas a boca de urna le asignan a Correa una reelección amplia en primera vuelta, su quinto triunfo consecutivo en elecciones libres, con apoyo masivo de los humildes de su tierra. Sólo resta la confirmación oficial de ese resultado, un hecho digno de celebrar.

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